
Los parlamentarios canadienses que lo deseen asistirán mañana a una comida en la que el plato estrella será la carne de foca, para mostrar así su apoyo a la caza de este mamífero. Y para tocar las narices un poco también, vamos, sobre todo las de la Unión Europea, que ha prohibido la importación de los derivados de esta carne.
Celine Hervieux-Payette, senadora canadiense con ciertos antecedentes controversiales en lo que a demostrar su apoyo a la caza y consumo de focas se refiere, ha dicho que todos los partidos políticos tendrán la oportunidad de mostrar ante la comunidad internacional su solidaridad con aquellos que se ganan la vida con la caza de este animal.
La prohibición de la UE incluye productos elaborados derivados de las focas, incluyendo la piel, la carne, la grasa, los órganos y el aceite de foca, que se utiliza en algunos complementos de omega-3. Por otro lado, exime a los productos derivados de la caza tradicional llevada a cabo por los inuit en el Ártico canadiense, así como los de Groenlandia, Alaska y Rusia.

Cada vez es más frecuentes avistar osos grizzly en zonas como Manitoba o el Parque Nacional Wapusk, en Canadá, donde tradicionalmente no han vivido. El caso es que tales territorios son dominio del oso polar, una especie que ya tiene bastantes problemas con el cambio climático para que otra especie venga a pisarle terreno…
No existe evidencia de actividad del oso grizzly al norte de la bahía de Hudson antes del año 1996, afirman los biólogos del Museo Americano de Historia Natural y el City College de la City University de Nueva York. Entre 1996 y 2008, sin embargo, hubo nueve avistamientos confirmados. En 2009, tres más. De establecerse de forma estable poblaciones de osos grizzlies al norte de la bahía de Hudson, ello podría suponer una grave amenaza para las poblaciones de osos polares de la región.
Linda Gormezano es uno de los investigadores que estudian estos avistamientos de osos grizzlies. Explica de forma espléndida de qué forma la coexistencia de ambas especies de oso podría ser perjudicial para los polares:
Continúa la lectura: ¿Está el oso grizzly desplazándose a territorios del oso polar?

Si veis en un mapa el tamaño de los Grandes Lagos, en la frontera Este entre Estados Unidos y Canadá, entenderéis el porqué de que se les llame así. Estos cinco lagos -Superior, Michigan, Ontario, Erie y Huron- interconectados por arterias fluviales conforman el grupo de lagos de agua dulce más grande del mundo. Tamaño ecosistema tiene un valor incalculable para el planeta, así que es para celebrar que la Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos (Environmental Protection Agency, EPA) haya anunciado la inversión de 2,2 mil millones de dólares en su recuperación.
Cumple así Barack Obama con una de sus promesas electorales: limpiar las aguas y las playas de estos lagos, restaurar sus humedales y erradicar a molestas especies invasivas como la carpa asiática. De acuerdo con los oficiales de la Agencia, se trata de una iniciativa sin precedentes en Estados Unidos por su tamaño, presupuesto y coordinación entre diferentes agencias gubernamentales. La información más detalladas, así como la magnitud del daño actual, podéis verlo en el vídeo informativo sobre el plan que os dejo después del salto.
Uno de los objetivos específicos del plan es recoger o prevenir la liberación de 20 millones de kilogramos de desechos electrónicos, 45 millones de píldoras descartadas y 2,0 millones de kilogramos de desechos domésticos peligrosos de la cuenca de los Grandes Lagos para 2014. No sorprende pero sí alarma que desechos de ese tipo hayan ido a parar a ese ecosistema, que alimenta a muchos otros en Norteamérica. Debe ser alarmante incluso para quienes tienen poco interés en el daño medioambiental pero mucho en las arenas y aguas de las playas en las que se bañan. Y las de los Grandes Lagos son muy populares.
Continúa la lectura: Estados Unidos: 2,2 mil millones de dólares para recuperar los Grandes Lagos

Mañana 12 de febrero comienzan las olimpiadas de invierno en la ciudad canadiense de Vancouver. El comité olímpico internacional ya había anunciado que la protección del medio ambiente sería el tercer pilar de los juegos olímpicos, así que los organizadores de Vancouver se han apresurado a hacer publicidad de las características ecológicas de su evento. Sin embargo, hay críticas. La razón: el transporte aéreo de nieve hacia las pistas de esquí y snowboard.
Pero no ha llovido en la ciudad sede. Reviso rápidamente el pronóstico del tiempo y veo que hay mínimas de seis grados centígrados. No es de extrañar que los organizadores hayan decidido cargar helicópteros y camiones con nieve para llevarla a las montañas Cypress, escenario de las competiciones de snowboard y esquí libre. Linda Coady, vicepresidente de sostenibilidad del comité organizador, dice que estos viajes aumentarán la huella de carbono de los juegos en menos de 1%, incluso si los helicópteros volasen durante ocho horas diarias hasta el fin del evento, el 28 de febrero.
Según Coady, dentro de la previsión de carbono que maneja el comité hay contingencia para la variabilidad de esta naturaleza. Están dentro de las 118 mil toneladas de gases de efecto invernadero calculadas, una cifra que incluye las emisiones durante los siete años de construcción de edificios que han presidido las olimpiadas.

Un equipo internacional de científicos, liderado por la Universidad de Oxford, ha descubierto más de 70 fósiles que datan de 565 millones de años en Newfoundland, Canadá. Se cree que son la primera evidencia de vida animal en la tierra. Los detalles del descubrimiento serán publicados en un artículo en el número de este mes de la revista Geology.
Uno de los autores, Alex Liu, sostiene que el hallazgo muestra que la evolución de la vida animal tiene una historia mucho más antigua de lo que se pensaba. Más exactamente, se trata de 70 huellas fosilizadas, las cuales indican que alguna criatura antigua similar a las modernas anémonas de mar, se movió por el suelo marino del periodo Ediacárico.
Citado por Science Daily, Liu explicó que las huellas halladas indican claramente que el organismo que las dejó podía ejercer algún tipo de control muscular durante la locomoción. Ello evidencia por primera vez que las criaturas de este periodo de la historia de la Tierra tenían músculos que les permitían moverse, así que podrían cazar o escapar, es decir, que probablemente eran animales.

El gobierno federal de Canadá ha anunciado oficialmente la puesta en marcha de un estudio de factibilidad en el Estrecho de Lancaster, masa de agua que se extiende entre la Isla Baffin y la Isla Devon del Ártico canadiense, el cual costará cinco millones de dólares y podría resultar en la creación de una zona marina protegida en el extremo más oriental del Pasaje Noroccidental.
Con el derretimiento de las grandes placas de hielo en el Ártico, el tráfico de barcos a través del Pasaje Noroccidental se ha incrementado, por lo que el gobierno canadiense ha visto la necesidad de proteger la naturaleza de su territorio Norte. En particular en el Estrecho de Lancaster habitan osos polares, belugas, narvales y ballenas, y el dinero para su protección ya se había considerado en el presupuesto del país de 2007.
Durante dos años se invertirán 19 millones de dólares en la creación de seis áreas marinas protegidas y el reforzamiento de la vigilancia sobre los barcos que navegan por la zona para prevenir la contaminación. El actual gobierno de Canadá ha hecho de la soberanía sobre el Ártico un punto clave de su discurso, así que la decisión de crear una zona marina protegida obedece también a razones políticas.

A grandes males, grandes remedios, como dicen las abuelas. Ésta parece ser la filosofía que ha guiado a unos investigadores para concluir que la restauración de bosques en todo el mundo sería un modo eficaz de luchar contra el cambio climático.
Según este nuevo estudio, realizado por la Asociación Global sobre Restauración Forestal (GPFLR), existen millones de hectáreas de bosques con potencial para la restauración. A través de sofisticados mapas satelitales se ha identificado una serie de zonas en todo el mundo, con una dimensión conjunta más grande que Canadá.
Así, los científicos han producido un mapa mundial de áreas de bosques antiguos y tierras forestales actualmente degradadas, con una extensión muy superior a los 850 millones de hectáreas que estimaban mapas anteriores.

La lucha contra el exceso de velocidad y los accidentes de tráfico en las ciudades cuenta con aliados tan toscos y rústicos como los badenes –esos montículos que obligan a frenar… o cambiar los amortiguadores- y otros con un componente tecnológico como el que nos ocupa: Un dispositivo con radar que reprende a los conductores que superan la velocidad permitida. En todo caso, sigo pensando que estos recursos son válidos como recordatorios pero los esfuerzos han de ir dirigidos hacia la forja de una conciencia cívica (en la etapa de la niñez y la adolescencia) y la sensibilización en el caso de los adultos. El reto es convencer y no castigar.
Pero dejémonos, por ahora, de mundos ideales y concentrémonos en el aparato en cuestión, una invención que, además, se auto-gestiona en lo energético pues funciona gracias a paneles solares. Así que sospecho que tampoco debe ser mucha la energía que demanda, pues Canadá no es conocida precisamente por sus muchas horas de sol y cielos despejados todo el año. Calgary, junto a otras ciudades canadienses, se suma al programa piloto, en concreto el barrio de Mayland Heights. Cuando un conductor sobrepase la velocidad permitida en lugares como la Octava Avenida o el paso elevado de Deerfoot (así hasta dieciséis emplazamientos), el dispositivo activa unas luces brillantes que le recordarán que se trata de una zona en la que ha de conducir a un máximo de cincuenta kilómetros por hora.
Sólo espero que los destellos no sean de tal potencia que cieguen al conductor. Aún así más un despistado creerá que está cruzándose con un OVNI como le sucedía al personaje que interpretaba Richard Dreyfuss en Encuentros en la Tercera Fase. Parecidos fílmicos aparte, las autoridades municipales se han decidido por este dispositivo –cuyo precio por unidad es de seis mil euros aproximadamente- por su eficacia pero también porque el hecho de que funcione con energía solar reduce los costes, incluso los de instalación, pues no es necesario realizar obras de cableado bajo tierra, de modo que sólo precisa de mantenimiento periódico.
Continúa la lectura: La energía solar ayuda a evitar accidentes de tráfico en Canadá

El calendario deportivo en Estados Unidos está mejor distribuido que en el resto del mundo. Me explico, en lugar de comenzar todas las ligas en otoño y terminar cuando el verano anuncia su llegada, los torneos se suceden en el calendario, de forma que no han de competir por la atención mediática. ¿Alguien duda quiénes son los reyes del marketing? Eso es lo que sucede con las llamadas cuatro grandes ligas: NBA, NHL, MLB y NFL. Para a quien este tropel de siglas no le diga nada, traduzco: baloncesto, hockey sobre hielo, béisbol y fútbol americano. Durante los últimos años las organizaciones responsables de estas competiciones se han incorporado, como el resto del mundo empresarial, a los esfuerzos por cumplir con los retos medioambientales que la sociedad demanda (cada vez más centrados en el cambio climático). Además de la responsabilidad medioambiental, la gran influencia social del deporte en EE.UU. permite que sus iniciativas se conviertan en acicate para los aficionados.
Vamos con la NBA, cuya temporada comenzará puntualmente con la llegada del mes de noviembre, y que celebró su primera Green Week en primavera en estrecha colaboración con el Natural Resources Defense Council. El momento culminante de esta semana verde llegó con la utilización, por parte de todos los equipos, de camisetas tejidas con algodón orgánico y reciclado cien por cien, una iniciativa que contó con la complicidad de todas las compañías textiles que visten a las diferentes franquicias. Además, se celebró una subasta por Internet (en la web oficial de la NBA) en la que se repartieron balones fabricados a partir de materiales reciclados y autografiados por las estrellas más rutilantes del baloncesto estadounidense. El dinero recaudado fue destinado, precisamente, a favor de la NRDC.
No es nada nuevo que los jugadores de la NBA dediquen parte de su tiempo a representar a la franquicia en actos a favor de la comunidad, la Green Week no fue menos y las plantillas plantaron árboles (valga el juego de palabras), ayudaron en labores de reciclaje, limpieza de parques y fueron protagonistas en eventos de sensibilización a favor de hábitos saludables y respetuosos con el medio ambiente. A la hora de repartir los galardones honoríficos, daría el de MGP (Most Green Player) al base de Phoenix Suns, Steve Nash que, además, ganó el de mejor jugador (MVP) en las temporadas 2004/2005 y 2005/2006. Es decir, calidad dentro y fuera de la pista. Como mejor sexto hombre, el alero Louis Amundson, que acude a los entrenamientos montado en su bicicleta a pesar de que el salario mínimo en la NBA (trescientos mil euros por temporada) le daría para hacerse con un coche en el que pasear su condición de privilegiado. Y como equipo más verde –pese a que sus colores son el negro y el rojo- me quedo con los Blazers de Portland, cuya campaña de reciclaje se promociona con el lema Make it better.

De acuerdo con un comunicado del grupo medioambiental, 23 activistas de Greenpeace entraron ayer en la segunda explotación de arenas petrolíferas más grande de Canadá, ubicada en Alberta y gerenciada por Suncor Energy, y detuvieron durante diez horas las cintas transportadoras que llevan betún desde una mina hasta una planta de mejoramiento que procesa alquitrán de petróleo y lo transforma en petróleo ligero.
Se trata de la segunda acción en este mes, y forma parte de una campaña contra la producción de lo que Greenpeace llama arenas alquitranadas. Hace dos semanas, los manifestantes se encadenaron a los equipos de una mina de arenas petrolíferas de Shell en un intento de poner de relieve lo que consideran excesivas emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de las operaciones de producción de petróleo en la región.
Cuando los activistas se encadenaron a la mina de Shell, la compañía detuvo temporalmente la producción. No han sido levantados cargos contra ellos. La foto que ilustra este post pertenece a esa acción.
Continúa la lectura: Greenpeace bloquea la segunda explotación de arenas petrolíferas de Canadá

En EE.UU. el denominado árbol de ceniza -una variedad de fresno propia de América del Norte- es tremendamente popular. Es el elegido para dar sombra a millones de personas en las zonas residenciales y su madera sirve, entre otros usos, para construir los bates de béisbol. Y si hay algo sagrado para los estadounidenses es el béisbol, su deporte nacional. Así que si los fresnos de ceniza están en peligro, se encienden todas las alarmas.
Pero vamos a contar la historia desde el principio. Comienzo con una adivinanza: ¿Qué tienen en común Drácula y el barrenador esmeralda? Pues, además de su capacidad de destrucción, que usaron el mismo medio de transporte: La bodega de un barco. Los científicos creen que el insecto llegó a los Estados Unidos en la madera de la que están construidos los embalajes que son cargados en buques o aviones procedentes de Asia. El barrenador esmeralda del fresno fue localizado cerca de Detroit en el verano de 2002 y, desde entonces, ha ampliado su radio de acción o, más bien, habría que decir su radio de destrucción. Buena cuenta de su paso pueden dar millones de fresnos en el sureste de Michigan, en los estados de Illinois, Iowa, Minnesota, Wisconsin, Ohio,… E incluso en regiones de Canadá como Ontario o Quebec. Si has visto la película de la Marabunta te harás una idea.
Un ejemplo concluyente: Se estima que en el estado de Nueva York el número total de árboles de ceniza destruidos hasta este verano por la plaga alcanza los setenta millones. La supervivencia del fresno de ceniza no está asegurada así que, por lo que pueda pasar, las autoridades están haciéndose con semillas que servirían para la reintroducción de los fresnos allá donde la destrucción sea total. Pese a todo, los científicos siguen librando la batalla frente al devastador paso del barrenador esmeralda, que no se detiene y está acabando con bosques enteros.
Insectos esmeralda y fresnos de ceniza




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Dice el refrán que No hay mal que por bien no venga. Pero hay males que no compensan el bien que causan. Por ejemplo, puede parecer una excelente noticia que la ruta marítima entre Corea del Sur y Holanda se haya reducido en tres mil millas náuticas y diez días de travesía por lo que conlleva de ahorro de combustible. Pero si este hecho positivo está provocado porque el hielo del Océano Ártico se hace cada vez más fino y desaparece debido al calentamiento global pues la cosa cambia, ¿no?
Los datos enviados por los satélites de la NASA lo dejan claro: el hielo se retira en verano y el Ártico se calienta más y más. Un efecto que se explica por el aumento de las temperaturas -las más altas en el Polo Norte en los últimos dos mil años- ligado a la emisión de gases de efecto invernadero. Y como no se trata de la Antártida, es decir, un continente con tierra firme, pues el antes temido Océano Ártico va camino de convertirse en una ruta marítima habitual para el tránsito de mercancías. Por supuesto, los empresarios del ramo, atentos a cualquier oportunidad de negocio, se han lanzado a abrir una ruta que reduce costes y tiempo.
La compañía que ha roto el hielo –es una frase hecha pues no hay hielo que romper- ha sido la alemana Beluga Group. Dos de sus buques (el Fraternity y el Foresight) tenían que transportar varias decenas de contenedores y sendas turbinas de gas a centrales en construcción, una en la bahía de Ulsan (Corea del Sur) y la otra en Surgut (Rusia). En otras circunstancias lo habrían hecho navegando a través del Canal de Suez hasta el Mediterráneo porque el paso del Noreste era una vía impensable. Pero, llegados a este punto, los cargueros teutones (y su carga de más de tres mil toneladas) pusieron rumbo al norte escoltados por dos barcos rompehielos cuya presencia fue innecesaria: No había apenas hielo que atravesar.
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