
Más de 35 millones de animales fueron exportados legalmente desde el Este de Asia a lo largo de la década pasada. Casi la mitad de ellos fueron caballitos de mar, más de 17 millones fueron reptiles, un millón de aves, 400 mil mamíferos y 18 millones de especies de coral.
Otros cientos de millones de animales más podrían haber sido extraídos ilegalmente. Así lo señalan datos oficiales citados por el diario inglés The Guardian, que destaca que la gravedad de la situación ha resultado en la creación de un nuevo término: el síndrome del bosque vacío.
La medicina tradicional de China, los caprichos curiosos de japoneses y europeos, y la falta de escrúpulos, son causas de que la fauna salvaje del Este de Asia esté mermando. Causas, en algunos casos, más poderosas que la pérdida de hábitat o el calentamiento global.
Esta es una de esas noticias que aparecen una y otra vez, levantando esperanzas en conservacionistas y biólogos marinos, que luego se van al garete. Según The New York Times, funcionarios europeos están ejerciendo una presión cada vez mayor para lograr una prohibición internacional de la pesca comercial del atún rojo, una especie amenazada cuya precaria situación especialmente en el Mediterráneo ya hemos comentado aquí.
Me pregunto si entre esos funcionarios a los que hace referencia el diario estadounidense se cuentan algunos españoles, porque la última vez que la prohibición se propuso España no estuvo muy por la labor de apoyarla. Y es que hay que balancear los intereses económicos de la industria pesquera del Mar Mediterráneo, los intereses gastronómicos de Japón (principal destino del atún rojo pescado por estos lares), y el destino de una especie a la que muchos conservacionistas le auguran una pronta extinción.
A ver si el gobierno español, que recordemos preside la Unión Europea en este momento, sigue el ejemplo del Ministro de Ecología de Francia, quien declaró ayer que la especie está en problemas y una prohibición es la medida más poderosa posible. En julio del año pasado, el principado de Mónaco propuso que el atún rojo fuera incluido como especie amenazada bajo la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas de la Fauna y Flora Salvaje.
Continúa la lectura: Europa busca la prohibición del comercio de atún rojo... otra vez

Un hombre alemán fue arrestado cuando trataba de embarcar en un vuelo en Nueva Zelanda, cuando los funcionarios descubrieron que llevaba 44 lagartijas de especies poco comunes escondidos en su ropa interior. Ante la abrumadoras evidencia, el hombre admitió ser traficante de animales en peligro de extinción y se declaró culpable de los cargos de comercio de especies explotadas y caza de vida silvestre protegida.
Según el expediente judicial, el hombre en cuestión había equipado su ropa interior con ocho compartimentos cosidos a mano en los que introdujo 24 lagartijas y 20 eslizones. No puede uno dejar de preguntarse cuán pequeños son estos lagartos o cuán gordo es el señor alemán, para que aquella carga haya cabido casi completa. Casi, porque el más afortunado de los lagartos fue encontrado en la maleta.
El contrabandista, al parecer, esperaba obtener un buen precio por los lagartos. Tan bueno, que compensaba el peligro de llevar animales tan escurridizos groseramente empaquetados en una zona tan delicada del cuerpo. Por no decir que, considerando las muchas horas que debe durar el viaje entre Nueva Zelanda y Alemania, y las condiciones de viaje de los pobres animales, igual llegaban todos muertos.
Continúa la lectura: Declarado culpable de contrabando de lagartos, los escondía en sus calzoncillos

The Story of Cap & Trade es un revelador documental de animación acerca del comercio de derechos de emisión, la supuesta panacea neoliberal para atajar el cambio climático. El docu, del que en este post les ofrecemos el vídeo del tráiler, ha sido realizado por The Story of Stuff Project & Free Range Studios, con el apoyo de Climate Justice Now! y el Durban Group for Climate Justice, y la presencia de Annie Leonard como narradora.
Bajo la premisa de no arreglarás un problema con la misma forma de pensar, el documental le da un somero repaso al sistema cap and trade, que consiste en marcar un tope de emisiones de CO2 totales (para países, instituciones o empresas) y permitir el comercio de estos “derechos” a contaminar entre ellos. La idea: que la ley del mercado estimule a que todos contaminemos menos, o privatizar y comerciar con el derecho a contaminar…
Basándose en sólidos datos, The Story of Cap & Trade denuncia que entre los promotores de este sistema están los gigantes de la energía y los especuladores financieros de Wall Street. ¿El comercio de derechos de emisión beneficia al planeta? ¿Es la solución al cambio climático? ¿A quién beneficia en realidad? Vean el tráiler tras el salto o el documental entero (en inglés) en la web de The Story of Stuff Project.
Continúa la lectura: The Story of Cap and Trade, documental sobre el mercado de derechos de emisión
Según los últimos análisis de los datos sobre incautaciones de marfil recogidos por el Elephant Trade Information System (ETIS), el comercio de este material, que constituye la mayor parte de los dientes de los elefantes, aumentó considerablemente en 2009. El análisis identifica a Nigeria, la República Democrática del Congo y Tailandia como los tres países más implicados en el comercio ilícito mundial de marfil.
Estos datos indican que el crimen organizado se ha vuelto más fuerte y activo durante la última década. Sigue existiendo una correlación entre los mercados domésticos de marfil a gran escala en África y Asia, y la deficiente aplicación de la ley, lo que sugiere que el comercio ilícito se dirige a aquellos países en los que el cumplimiento de la ley es débil y los mercados funcionan con poco impedimento.
De hecho, el aumento del comercio ilícito de marfil indica que la aplicación del plan de acción para el control del comercio de marfil del elefante africano diseñado por CITES (Convention on International Trade in Endangered Species of Wild Fauna and Flora), la principal herramienta con la que cuenta esta convención para conseguir el cierre de los mercados ilegales en África y Asia, no ha conseguido ningún cambio significativo en los últimos cinco años.
Continúa la lectura: El comercio ilegal de marfil aumentó dramáticamente en el 2009

Hasta ahora el lignito había ocupado un puesto secundario entre los recursos minerales por tratarse de un tipo de carbón (de un reconocible color pardo) con un alto grado de humedad, bastante inflamable y un bajo rendimiento energético. Su papel quedaba reducido al de consumo interno en aquellas zonas donde abundaba pues sus características desalentaban a cualquiera a la hora de convertirlo en producto para la exportación. Pero la crisis energética y los adelantos técnicos como el secado o la gasificación han logrado que el hasta ahora relegado lignito se convierta en un negocio rentable por su potencial como combustible o fertilizante.
Los defensores de esta versión dos punto cero del lignito aseguran que con los nuevos tratamientos a los que es sometido su grado de humedad se reduce considerablemente así como sus emisiones de CO2 al quemarse, que disminuyen en una tercera parte. Todas estas novedades han hecho que las minas del estado de Victoria (sureste de Australia) cobren una nueva dimensión. Por lo pronto, los expertos calculan que con el lignito localizado hasta la fecha la región tiene, con su nivel de consumo actual, para cinco siglos. Y, aún así, hay trece mil millones de toneladas disponibles para otros usos. Así que lo que antes era un simple dato geológico ahora se ha convertido en una oportunidad de negocio demasiado suculenta como para dejarla pasar.
La mayor parte de estos millones de toneladas potencialmente disponibles para la exportación se concentran en valle de Latrobe, tal y como recoge el documento interno que maneja el gobernador del estado de Victoria y que los medios australianos se han encargado de hacer público calificándolo de “secreto sucio”. El documento reconoce que la apuesta por la exportación de lignito disparará las preocupaciones de la comunidad pues supone multiplicar los gases de efecto invernadero en comparación con el gas o el carbón. El gobernador Brumby ha respondido a las críticas con un argumento simplista: “No veo ninguna razón por la que no se pueda exportar lignito, Australia exporta petróleo, gas, carbón y uranio, ¿por qué este caso es distinto?”.
Continúa la lectura: El lignito de las minas del estado de Victoria (Australia) enciende la polémica

A la vejez, viruelas, asegura el refrán popular y aquí está este multimillonario húngaro nacionalizado estadounidense para ratificarlo. George Soros, que en breve cumplirá ochenta años, ha sido durante décadas un habitual de las páginas salmón de las secciones de economía de los diarios. Pero si ha merecido mi interés es por su intervención en la reunión sobre el cambio climático auspiciada por Project Syndicate que se celebró, como no, en Copenhague. Este foro, que reúne a más de cuatrocientos diarios de ciento cincuenta países, trabaja por la independencia de los medios impresos y se jacta de invitar a sus encuentros a personalidades de muy distinto signo.
Esa fue la ocasión elegida por Soros, una de las cien mayores fortunas del mundo, para anunciar que invertirá en torno a setecientos millones de euros en tecnología de energías limpias pero la declaración no pasó del titular: Nada detalló en cuanto a qué tipo de energía o de qué procedencia geográfica. El otro gran proyecto del polémico inversionista es la creación de una organización capaz de asesorar a los responsables políticos sobre cuestiones medioambientales. Pero, ¿no tiene cada gobierno sus especialistas en la materia? ¿Quién va a acudir a una institución regida por intereses privados? Parece que la garantía de independencia recae en la persona que estará al frente, Thomas Heller, profesor de Derecho en la Universidad de Stanford y con amplia experiencia es legislación medioambiental y energética.
La organización hará un seguimiento del comercio de emisiones de carbono (“un campo que ofrece oportunidades financieras”, dijo Soros hace unos meses) y velará por el interés común en las políticas y programas que se articulen para hacer frente al cambio climático centrándose en Estados Unidos, la Unión Europea y tres potencias emergentes como son China, India y Brasil. Heller asegura que “va a ofrecer servicios de asesoramiento, a desarrollar iniciativas propias y desarrollar una labor de vigilancia” y Soros –para unos especulador para otros activista liberal- remata con una reflexión interesante pero escasamente novedosa:

Se trata de una de las organizaciones de defensa de la naturaleza más conocidas y respetadas (cuenta, como todo bicho viviente, con detractores, claro), y parte de ese status se debe al hecho de que Greenpeace se financia exclusivamente a través de las aportaciones voluntarias de socios y simpatizantes, pero nunca mediante subvenciones o aportaciones de empresas o instituciones. Por eso fuentes de ingresos como su tienda virtual son importantes no tanto en lo económico como en otros aspectos. Sus artículos sirven también para crear hábitos respetuosos con el planeta, demostrar que es posible la fabricación de productos competitivos “con materiales y tecnologías limpias” y promocionar sus campañas como en el caso de las camisetas, uno de los clásicos.
Los motivos de las camisetas son variados: La bruja de Blancanieves ofrece una manzana transgénica, un tanque reconvertido en regadera, el planeta transformado en un huevo frito debido al cambio climático,… Todas de algodón ecológico de comercio justo y en torno a 20 euros. No falta, por supuesto, la camiseta que conmemora el veinticinco aniversario de la organización con el imprescindible arco iris. Todas forman parte del catálogo de la temporada 2009/2010 que, además del tradicional calendario para el año que viene (por doce euros) incluye juegos de madera y ceras para los peques, delantales, libros, películas, tazas y algunos artículos en los que merece la pena detenerse.
El Bolígrafo tetra-brick reciclado (dos euros la unidad) está fabricado en su totalidad con resina producida a partir de bricks reciclados. Más reciclaje ingenioso, en este caso para los pequeños amantes de los animales, a quienes les espera un oso de peluche capaz de mantener el calor o el frío (treinta euros) relleno de huesos de cereza. Ahora que llega el tiempo lluvioso, el chubasquero de patata plantable está confeccionado con bioplástico de fécula de patata cien por cien biodegradable y –valga el neologismo- compostable. Cuando te quieras deshacer del impermeable, en lugar de tirarlo a la basura, lo plantas y, como incluye semillas de plantas aromáticas y arbustos mediterráneos dentro de una pequeña bola de arcilla, éstas germinarán. Eso sí, pensando que cuesta veinte euros no creo que te desprendas de él hasta que se rompa.

Corre un mal año para la ya malograda población de tigres del mundo. La imagen de fortaleza que transmiten estos hermosos animales ha sido su perdición, pues sus órganos son muy valorados como remedio para dolencias varias en la medicina tradicional de muchas culturas, especialmente en Asia. Yo me pregunto: ¿se ha comprobado científicamente el resultado de alguno de los remedios chinos hechos a partir de partes del tigre? ¿Salvan la vida de personas moribundas, o tan sólo se corre el rumor de que ayudan a mejorar la potencia sexual de los hombres? Sean cuales sean las respuestas a estas preguntas, el gobierno chino ha aprobado la venta de productos extraídos del gran felino.
Esta aprobación podría disparar el comercio ilegal de sus órganos y la caza furtiva. Y no sólo del tigre, sino de muchas especies amenazadas. La Chinese State Forestry Administration, que es responsable de la vida salvaje, a través de un documento emitido en 2007 permitió el comercio de pieles de tigres y leopardos obtenidos de forma legal, pero lo hizo de forma tan silenciosa que recién ahora nos enteramos. Claro, a vísperas de las olimpiadas de Beijing esta noticia como que no quedaba muy bien.
Si esta es la institución del Estado chino que se encarga de proteger la vida salvaje, lo tenemos crudo. La alarma la ha dado la organización de protección de la vida salvaje Traffic, vinculada al WWF, la cual ha advertido que la redacción del documento es tan superficial que permite múltiples interpretaciones. Terminaremos encontrando que se vende hasta vino hecho con los huesos del animal.
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Si hay algún observatorio privilegiado desde donde tomar el pulso del bautizado por los romanos como Mare Nostrum esa es Malta, única isla mediterránea –junto a la conflictiva Chipre- que constituye por sí misma un estado independiente. Desde allí nos llega el alarmante aviso de la ONG medioambiental Nature Trust: Más de una tercera parte de las especies de tiburones del Mar Mediterráneo se enfrenta a la extinción. El responsable es el finning, una técnica que consiste en amputar las aletas de los tiburones y lanzar el resto del animal al mar.
Esta práctica habitual de la industria pesquera provoca que setenta y cinco millones de tiburones de diferentes especies sean sacrificados cada año para la amputación del cinco por ciento de su cuerpo exclusivamente. Sí, has leído bien la cifra: 75 millones de ejemplares. El destino de esta mutilación en masa no es otro que el plato de cualquier comensal de un restaurante que pida sopa de aleta de tiburón. Y no es un negocio menor sino un mercado que mueve cientos de millones de euros.
A los tiburones que son pescados se les corta la aleta y son devueltos al agua cuando con frecuencia, aún están vivos. No por mucho tiempo, los escualos sufren una lenta agonía hasta morir. Una muerte que es fiel reflejo de como el ser humano esquilma la riqueza natural sin más miramientos que su propio beneficio inmediato. Y es que se sacrifica a un animal en peligro de extinción para recolectar únicamente una pequeña parte. El resto del animal, pese a que también sería aprovechable, ni se embarca ni se aprovecha pues el beneficio que produce con su venta es menor. Es decir, en las bodegas de los barcos no se almacena todo el animal porque de esta forma se gana espacio para acumular más cantidad de aletas.
Continúa la lectura: Los tiburones del Mediterráneo, en peligro de extinción

¿Podría ser este el último año en que se cazan focas en el mundo? Tal vez peque de optimista pero, sin duda, el anuncio hoy por parte de Rusia de la prohibición de cazar focas menores de un año de edad es alentador. Se calcula que unos 35.000 ejemplares se salvarán, con esta medida, de convertirse en abrigos de piel.
El anuncio llega pocas semanas antes del inicio de la temporada de caza en Rusia. La verdad es que las palabras de Yuri Trutnev, ministro de recursos naturales, habla tan claro que casi parecen salidas de la boca de un ecologista:
La sangrienta visión de la caza de focas, la matanza de estos animales que no pueden defenderse, que no puede ni tan siquiera llamarse caza realmente, está prohibida en nuestro país, igual que en muchos países desarrollados, y es un paso serio para proteger la biodiversidad de la Federación Rusa. (Traducción libre)
Muy bonito, dirán. ¿Y las focas mayores de un año? Esperemos que no tarde en prohibirse su caza… Por otro lado, al igual que muchos países desarrollados, dice el ministro. Y cuáles son, se preguntarán. Pues resulta que es Canadá, un país con una tradición ambientalista contrastada y algunas de cuyas iniciativas han encontrado eco en este blog, el que se lleva la palma a la hora de contabilizar focas muertas para beneficio de su industria peletera. Ojo que la cifra pone los pelos de punta: Canadá cazó el año pasado la friolera de 207.000 focas, que dejan casi en ridículo a las 50.000 que cazan anualmente Noruega y Groenlandia juntas (a las que también mandamos su merecida porción de crítica).
Continúa la lectura: Rusia prohibe la caza de focas menores de un año
El gobierno chino parece haber hecho una sugerencia: aquellos países que compran los productos que se fabrican en las miles de factorías que crecen como hongos a lo largo de China deberían asumir cierta responsabilidad por el dióxido de carbono que emiten estas factorías. Vamos, que el planeta entero tendría que pagar una parte de las emisiones de CO2 que alimentan a los chinos, digo yo.
Gao Li, director del Departamento de Cambio Climático de China dice que entre el 15% y 25% de las emisiones de CO2 de China se genera en la fabricación de los productos que compra el resto del mundo, así que deberían ser los consumidores y nos los productores quienes asuman estas emisiones. .
Gao no ha dado más detalles de la propuesta que podría hacer el gobierno chino, pero esta podría ser muy controversial dado que Estados Unidos, uno de los principales socios comerciales de China, ya enfrentan problemas para controlar sus emisiones domésticas o temen que tal control conduzca a un incremento del precio de la energía y a pérdidas de empleo.
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