
Una auditoria realizada por el gobierno británico en edificios públicos de Inglaterra y Gales ha concluido que los hospitales y las prisiones son los edificios menos ecológicos del territorio. Los nombre famosos no escapan de la lista: la sede de Scotland Yard, la galería de arte Tate Modern y el Palacio de Westminster están entre los edificios con peores credenciales medioambientales. En total, 28 mil edificios de propiedad pública emiten casi 14 millones de toneladas de dióxido de carbono al año.
Paul King, presidente ejecutivo del Consejo de Edificación Verde del Reino Unido (Green Building Council) ha tenido que reconocer que el Gobierno debe realizar un programa masivo de reforma de los edificios públicos. Ocho de los diez edificios públicos más contaminantes son hospitales. Si alguien desea hacer turismo ecológico en Londres, que sepa que el Royal London, en el histórico barrio de Whitechapel, encabeza la lista.
Desde octubre de 2008, los ocupantes de todos los edificios públicos de Inglaterra están obligados por ley a mostrar un certificado de sus emisiones de dióxido de carbono. Existe una clasificación de edificios según sus emisiones: la A identifica a los edificios más eficientes y la G a los menos eficientes y más contaminantes. Sólo 151 edificios públicos tienen la clasificación A, mientras que más de 5 mil tiene la clasificación G.
Edificios más contaminantes y menos ecológicos de Inglaterra





La fascinación por la estética de los camioneros que recorren las interminables rutas que cruzan tierras norteamericanas inspiró a Sabino Méndez -compositor de los éxitos de Loquillo y uno de sus Trogloditas- a la hora de componer Yo para ser Feliz quiero un Camión, canción pegadiza que aún pervive en la memoria de muchos (entre los que me cuento). Pero la vida del camionero ha cambiado desde los años ochenta o, al menos, su montura. Y uno de los responsables de ese cambio es The Clean Trucks Program, una iniciativa que apuesta de forma decidida por los camiones limpios –lo de limpios es por comparación con los antiguos- que se ha puesto en marcha en el estado de California.
El programa combina palos (en forma de impuestos a los camiones más antiguos y contaminantes) con zanahorias, es decir, subvenciones a la compra de camiones respetuosos con el medio ambiente. Estas medidas han logrado que un buen puñado de transportistas den el paso y cinco mil quinientos camiones concebidos con los nuevos planteamientos sustituyan a otros tantos en las carreteras californianas. Los primeros resultados no se han hecho esperar y los puertos –lugar de carga y descarga de mercancías por carretera- del Estado han reducido sus emisiones de CO2 en casi un setenta por ciento. Uno de los más importante, el de Los Ángeles, prevé que en el año 2012 habrá reducido sus emisiones en más de tres cuartas partes, dos años antes de lo previsto por el plan.
Cuando el programa entró en vigor en otoño de 2008, se prohibieron de inmediato los camiones fabricados antes de 1989, medida que afectó a unos dos mil camiones (aproximadamente el diez por ciento de la flota californiana). Y el círculo se sigue estrechando: Los camiones adquiridos antes de 1993 estarán prohibidos a partir de enero de 2010 y será en 2012 cuando todos los construidos antes de 1997 quedarán desterrados de las carreteras. El acoso y derribo al transporte contaminante continúa: Desde febrero de 2009 se cobra en los puertos de carga unos treinta euros por cada contenedor a los propietarios de camiones diesel construidos antes de 2007. El dinero recaudado es destinado a un fondo que premia a las compañías que logran sus objetivos medioambientales, algo así como Robin Hood pero institucionalizado.
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No imaginaban los pastores árabes que aquel río en torno al cual encontraron pastos abundantes sería maltratado siglos más tarde por los pobladores de la zona. Lo llamaron Wadi al-hiyaraque, que se significa Río de Piedras, las mismas que ahora no encuentran agua que las cubra. Podría tratarse de un año de escasez de precipitaciones en la península Ibérica, pero no es el caso. La respuesta hay que buscarla en quienes manejamos el planeta a nuestro capricho: el ser humano. El tramo del Guadalix que ha sido cortado a consecuencia del cierre de las compuertas de la presa de Pedrezuela-El Vellón es de unos quince kilómetros.
Como es fácil suponer, el cierre de las compuertas del citado embalse han ocasionado la pérdida de toda la fauna acuática del río. No sólo peces, entre las especies más emblemáticas que se han visto afectadas está la nutria. Las especies vegetales próximas a la ribera sufrirán similar destino durante lo que resta de verano. Parece mentira que pueda suceder algo así si tenemos en cuenta que el tramo afectado está doblemente protegido gracias a su calificación como LIC (Lugar de Interés Comunitario) y como espacio protegido de la Red Natura 2000. Además, se trata de una zona bien conocida por los amantes de la naturaleza de la región pues en el tramo afectado se encuentra el único cañón fluvial de la Comunidad de Madrid.
Lo peor del caso es que no es la primera vez que el río Guadalix sufre una agresión como ésta. En 2005, por ejemplo, el mismo tramo se vio privado de su caudal durante todo el verano. El refranero es sabio y cuando dice que a perro flaco todo son pulgas es por algo, y es que la falta de agua está haciendo que se intensifiquen los efectos de los numerosos vertidos que sufre habitualmente el Guadalix. La propia corriente provee al afluente del Jarama de capacidad auto-depurativa para diluir los contaminantes evacuados (por supuesto, de forma ilegal). Al igual que un gato sin lengua, un río con menos caudal pierde la capacidad de limpiarse y renovarse. La gente de la asociación Jarama Vivo aporta un ejemplo: En las inmediaciones de la urbanización Corepo (Pedrezuela) hay restos recientes de un vertido de hidrocarburos que fluye por el escaso hilo de agua que discurre por ese punto.
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Sabemos –la mayoría, gracias al cine- que toda comisaría que se precie ha de tener una de esas salas de reconocimiento en la que un gran cristal divide la zona donde se sitúa la víctima del grupo de sospechosos habituales. En la noticia que nos ocupa, la víctima que no es otra que Oceanía y los seis sujetos entre los que ha de reconocer a su asesino (asesinato en grado de tentativa, por ahora) son igualmente culpables: Son las seis amenazas principales para la fauna y flora del planeta.
Quince investigadores de Australia, Nueva Zelanda, Samoa y otros archipiélagos del Pacífico advierten –tras revisar cientos de indicadores y estadísticas- que en Oceanía se registran amenazas a la biodiversidad realmente serias. Y han escogido un sombrío Top 6:
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La exposición de una mujer a la contaminación durante el embarazo tiene un efecto negativo en el cociente intelectual del hijo que está gestando. Así de categórico se muestra un estudio promovido por el Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos. Lo cierto es que lo que hubiera sido una noticia realmente sonada es que la contaminación fuera positiva en algún aspecto para el ser humano.
El estudio en cuestión se realizó en una de las grandes metrópolis del planeta: Nueva York. Durante cinco años se hizo un seguimiento exhaustivo a 249 niños y niñas (ignoro porque ese número tan poco redondo) que nacieron y crecieron en los barrios de Harlem y el Bronx, ambos densamente poblados y de fama mundial por motivos bien distintos. Ahora a ambos distritos neoyorquinos no sólo les unen seis puentes sino también este estudio, que concluye que la exposición continuada a los contaminantes ambientales conocidos como Hidrocarburos aromáticos policíclicos (conocidos como PAHs en inglés) tuvo un efecto adverso sobre cociente de inteligencia (IQ) de los niños.
Los citados Hidrocarburos aromáticos policíclicos, por nombre que no quede, son tóxicos que se derivan de la quema de carbón, diesel o gas. Es decir, su presencia es masiva en las ciudades, al menos tal y como están planteadas en la actualidad. Los menores expuestos a elevados niveles de PAHs tienen un cociente de inteligencia (IQ) más de cuatro puntos inferior (entre 4,3 y 4,6 puntos) a la de otras muestras de población infantil de similar edad y características pero que han crecido en un entorno con menor exposición a estos contaminantes. La primera consecuencia negativa para los niños de la Gran Manzana protagonistas de este estudio ha llegado en la evaluación de su rendimiento escolar. Sin duda esta se puede convertir en una excusa muy socorrida para los estudiantes que cosechen malas notas ante sus padres. Excusa socorrida e indiscutible, pues está apoyada en un informe de carácter científico.
Continúa la lectura: Un estudio demuestra que la contaminación afecta al cociente intelectual
La cuenca del río Matanza-Riachuelo, que desemboca en la ciudad de Buenos Aires, probablemente sea la más contaminada de Suramérica. Con sus más de 2.200 km2 de superfície, transcurre a la vera de 14 municipios más la ciudad autónoma de Buenos Aires. Deficiente urbanismo, falta de cloacas, y la presencia de muchas industrias que vierten aguas contaminadas, han llevado a una situación insostenible que está afectando gravemente la salud de la población.
En términos de población, estamos hablando de que casi 5 millones de habitantes están afectados por la contaminación del río Matanza-Riachuelo. El 55% de los cuales carece de cloacas (638.000 m3 de residuos cloacales son vertidos sobre el río cada día). El 35% no dispone de agua potable.
El 10%, o lo que es lo mismo, 500.000 personas, malviven en asentamientos ilegales o villas miseria, que son el equivalente argentino a las favelas brasileñas y que albergan a la población más pobre y desfavorecida. En muchas ocasiones, estas villas se encuentran en zonas que el río inunda de vez en cuando. A menudo también, al lado de industrias muy contaminantes.
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