
La Convención sobre Cambio Climático, que entró en vigor en 1994, establece un marco general para abordar el problema del cambio climático y ha sido ratificado por 192 países. El Protocolo de Kyoto es un tratado internacional vinculado a esta Convención y establece objetivos vinculantes para 37 países industrializados y la Comunidad Europea para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. El cuerpo supremo de la Convención es la Conferencia de las Partes, o Conference of the Parties (COP).
La primera COP se resalió en Berlín en 1995 y estuvo marcada por la incertidumbre acerca de con cuáles medios contaba cada país para combatir las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto dio lugar al Mandato de Berlín, que estableció un análisis de dos años y una fase de evaluación tras la cual debía surgir un catálogo de instrumentos entre los que los países miembros pudieran elegir.
Durante la COP3 de 1997 se adoptó el Protocolo de Kyoto. Por primera vez, el protocolo introdujo objetivos vinculantes para las emisiones de gases de efecto invernadero a 37 países industrializados, a respetar desde 2008 hasta 2012. Varios de los países miembros de la UNFCCC no han ratificado el Protocolo y no reconocen sus requerimientos en materia de emisiones.
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Con el progresivo deshielo de los glaciares de los Alpes debido al calentamiento global, están liberándose sustancias tóxicas altamente contaminantes y peligrosas que permanecieron por décadas atrapadas en el hielo. Es la conclusión a la que han llegado investigadores de tres institutos científicos suizos, en un trabajo publicado en el periódico Environmental Science and Technology.
Según el estudio, estas sustancias, depositadas por corrientes atmosféricas a altas alturas, podrían tener un grave impacto ambiental en zonas montañosas prácticamente vírgenes. ¿De qué sustancias estamos hablando? De dioxinas como los POP o COP (Persistant Organic Pollutants o, en catellano, Compuestos Orgánicos Persistentes) y pesticidas como el DDT, procedentes de la industria y la agricultura, cuyo uso está prohibido desde hace años. Así lo explicó Christian Bogdal, del Laboratorio Suizo Federal para Testeo e Investigación de Materiales:
Podemos confirmar gracias a la ayuda de estas capas de hielo que, en los años 60 y 70, los POP (Persistant Organic Pollutants) fueron producidos en grandes cantidades y fueron también depositados en estos lagos alpinos. (Traducción libre)
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El Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña ha realizado un informe por el que ha analizado los niveles en sangre de 19 compuestos orgánicos persistentes (COP), que son sustancias químicas tóxicas que se acumulan en el organismo y que se transmiten de madres a hijos, en una muestra realizada a 919 personas. Resultado: todas están contaminadas por al menos 3 de esos 19 compuestos analizados.
Este estudio es especialmente relevante porque se trata del primero de este tipo realizado en España. Se sospecha que casi toda la población mundial están contaminadas por sustancias como el DDT o las dioxinas, pero muy pocos países han realizado estudios en profundidad para conocer su incidencia real en la salud de sus ciudadanos.
Los 19 compuestos analizados fueron elegidos por su uso continuado a lo largo de décadas en la agricultura y la industria. Entre ellos, el plaguicida DDT y su compuesto de degradación DDE, el pesticida HCB o hexaclorobenceno, y cuatro policlorobifenilos (PCB 118, 138, 153 y 180), que se usan como aislantes eléctricos. Las sustancias presentes en todas las muestras de sangre son el DDE y el PCB 180. Por otro lado, ocho compuestos se detectaron en el 85% de las muestras.