
Un cambio de decoración o el puro y simple aborrecimiento son los principales enemigos de las flores artificiales. Bonitas y conjuntadas un día, cualquier otro pueden parecernos fuera de lugar y acabar muy fácilmente en el cubo de la basura. Pues bien, llegó el momento de desviar su camino hacia la verde senda del reciclaje, mucho más interesante, entretenida y respetuosa con el medio ambiente.
¿Cómo puedo reutilizar o reciclar flores falsas? Ésta es una pregunta con muchas respuestas, tantas como ideas fabrique nuestra imaginación. Pero tranquilo, a falta de ideas, en EcologíaBlog te echamos un cable con unas cuantas propuestas para dar nuevos usos a las flores de pega.
Una solución es cambiarlas de sitio. Parece una obviedad, pero no hablamos tanto de pasarlas del salón al dormitorio, o del porche a la entrada, sino de algo más creativo, como colocarlas en un espacio reducido rociadas con aceites esenciales. Tanto dentro de los armarios, como en el garaje, el coche (con los tallos cortados) o el cuarto de baño serán un ambientador decorativo, natural y eficaz.
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Algunos se sorprenderán de las posibilidades que tienen estos molestosos objetos plásticos que tenemos en el hogar. Ya vimos los camiones de plástico para niños de Martine Camillieri, pero me atrevería a sumar varias opciones algunas que se pueden fabricar en casa, otras que nos sorprenderán en más de una tienda.
Botellas de plástico. Sarah Turner fabrica unas preciosas lámparas a base de botellas usadas. Este producto ganó el año pasado uno de los premios de Keeseh Studio’s como mejor diseño ecológico. El proceso de fabricación es totalmente manual, son recogidas, lavadas con arena y agua, y luego esculpidas en preciosas formas decorativas. Están a la venta, la única pega es el precio: el modelo hecho con botellas de Coca Cola de 500ml cuesta 850 euros. Y yo que pensaba que los materiales influían de manera determinante en el precio de un producto.
Bolsas de plástico. Es probablemente uno de los más fáciles de reutilizar. La típica bolsa de plástico pesa aproximadamente de 4 a 5 gramos y puede resistir hasta 6 kilos (cerca de 2.000 veces su propio peso). Es decir que ya ella sola puede reutilizarse varias veces. ¿Pero qué ocurre cuando su ciclo de vida terminó?. Pues esta resistencia natural del plástico puede aprovecharse para crear hilos de plástico y luego hacer unos bordados increíbles. Las posibilidades son infinitas. Podéis echar un vistazo al tutorial de Helle Jorgensen que, además, tiene un trabajo artístico excepcional hecho a partir de esta materia básica.

Poco podían imaginar sus vecinos que la joven Geke se acercaba a la frutería no en busca de alimentos sino de materiales para sus obras. Se trata, claro, de piezas mucho más complejas que el vaciado de una calabaza cuando se acerca Halloween. Son cuencos de formas caprichosas, estilizados jarrones, delicados vasos, bandejas y platos,… Todo ellos y muchos más creados a partir de vegetales. Casi cualquiera sirve: zanahoria, pimiento, remolacha, puerro, tomate, achicoria, calabacín o repollo. De esta artista holandesa sí que se puede decir que es Arte Sana.
Juegos de palabras aparte, todas las piezas creadas por Geke Wouters son comestibles y biodegradables. La idea surge en la cabeza de Gene incluso antes de comenzar su formación en la Escuela Superior de Bellas Artes de Utrecht. Su fascinación por los materiales naturales (como la madera) fue creciendo con los años. Cuando dispuso de un taller propio y decidió dedicarse al arte como medio de vida –lo cual ya de por sí tiene mérito- comenzó a investigar con materias primas inéditas y “rediseñar los productos que la naturaleza nos regala”.
De ese planteamiento surgieron sus obras de arte. Pero antes hubo de recorrer un proceso en el que las verduras iban transformándose en un material completamente nuevo que permitía ser esculpido. Y hasta aquí podemos leer, que decían los presentadores del mítico Un, dos, tres cuando no querían dar más pistas acerca de un regalo misterioso. Como la receta de cierto refresco de color negro y abundantes burbujas, el proceso al que Wouters somete a los vegetales para lograr que se transforme en un material maleable y moldeable es un secreto que guarda celosamente.
Combinando papel con semillas de plantas obtenemos un material con el que hacer objetos muy especiales, con un uso final simbólico: enterrarlos en una maceta y convertirse en flores o plantas de nuevo. Podemos reciclar el papel en casa de esta manera tan sencilla mientras añadimos el toque de vida de las plantas en nuestro entorno.
La materia prima parece sencilla. Papel con semillas mezcladas con la fibra durante su fabricación. Las combinaciones son muchas, pueden usarse semillas mayores, que le darán un aspecto estucado al papel, o semillas más pequeñas, que aparecerán como pintas oscuras. También podemos usar diferentes texturas de fibra y diferentes colores. Para haceros una idea podéis visitar la web de Porridge Papers, un fabricante en USA que ofrece una amplia gama de este tipo de papeles, tienen incluso un muestrario virtual de lo más inspirador. Tienen incluso un blog donde cuentan sobre su día a día.
¿Qué hacer con tan mágico material? Sigue leyendo para ver algunos ejemplos y en una galería de poéticas imágenes e útiles objetos.
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La última vez que pinté mi piso, todos sus habitantes –incluido el perro- tuvimos el sentido del olfato inhabilitado durante dos días. Vamos, que no olíamos ni una cebolla incrustada en nuestras narices de tanto químico al que habíamos estado expuestos. Aprendí la lección: investigué qué marcas de pinturas ecológicas están disponibles en España y la descripción de sus características, según los fabricantes.
La característica común a todas es que no tienen disolventes. Por lo que he podido entender de las descripciones, los disolventes orgánicos al evaporarse pueden liberar compuestos orgánicos volátiles (COV), los cuales son altamente contaminantes y afectan a la capa de ozono. De allí que sea clave la ausencia de este componente en las pinturas ecológicas.
Vía | www.terra.org
Vía | www.eco-label.com
Fotografía | Thingermejig
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Cuando vi la bolsa llena de ropa para regalar en casa de unos amigos, les pedí que me la regalasen. No sabía exactamente qué haría con aquello, pero me parecía tan útil. Poco tiempo pasó hasta que di con su fin: una alfombra. Una alfombra hecha enteramente con ropa reciclada.
Tenía una idea general de cómo podría hacer la alfombra, pero no quería desperdiciar toda aquella ropa en experimentos así que me fui por lo seguro: busqué instrucciones en Internet. Averigüé que la técnica del croché o ganchillo es la más común para hacer rag rugs (alfombras de trapo). El resultado es muy bonito pero el proceso de tejido me pareció un poco complicado para un primer intento.
Finalmente, encontré un vídeo en el que explican la técnica del trenzado (podéis verlo más abajo). Aparentemente, en 1800 las amas de casa comenzaron a hacer este tipo de alfombras echando mano de todo resto de tela disponible y, aunque actualmente existen máquinas que realizan el proceso, hacerlo a mano no sólo es barato y está al alcance de cualquiera: también se me antoja tremendamente relajante.
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