
Muy cerca de El Cairo, pero invisible desde la ciudad, está Mokattam, un enorme asentamiento de zaballeen o recolectores de basura. Todo lo que la capital desecha es recogido por ellos y llevado a Mokattam, donde es separado, clasificado y reciclado. Una dinámica que narra el documental Garbage Dreams.
Mai Iskander, su directora, nació y se crió en Estados Unidos, una sociedad que califica como consumidora de plástico. Comenzó a grabar la supervivencia de los 60 mil zaballeen de Mokattam en 2005, siguiendo los pasos de tres adolescentes nacidos entre aquella dinámica vital y comercial basado sobre la basura:
Lejos de cualquier iniciativa ecológica moderna, los Zaballeen sobreviven reciclando 80% de la basura que recogen. Cuando su comunidad es súbitamente enfrentada con la globalización de su comercio, cada uno de los adolescentes es forzado a tomar decisiones que tendrán impacto en su futuro y en la supervivencia de su comunidad.

En 1979, Sir David Attenborough pasó a la historia de la televisión. Millones de personas en el Reino Unido, y desde entonces millones de personas en todo el mundo, siguieron su serie Life on Earth, transmitida por la BBC. Es, sin duda, el paradigma de las series documentales de naturaleza y su música, compuesta por el compositor británico Edward Williams, quedó grabada en la memoria de los espectadores. Hoy esa banda sonora saldrá a la venta.
Tal y como señala el diario inglés The Guardian, Life On Earth anunció un nuevo género de programación sobre la naturaleza. Su análisis de la evolución de las algas a los mamíferos primitivos de la tierra alcanzó su pináculo con el encuentro entre Attenborough y una familia de gorilas de montaña en Ruanda. Es, probablemente, uno de los metrajes más recordados en la historia del documentalismo de naturaleza.
Williams compuso de forma casi artesanal la música, toma a toma, para que reflejase el sentimiento de las imágenes en la pantalla. Por ejemplo, en una secuencia que examina el vuelo de las aves, la instrumentación acompaña la salida de cada pájaro. Para los melancólicos, y para las nuevas generaciones que nunca han visto un clásico documental, os dejo después del salto un vídeo sobre la historia detrás de La Vida en la Tierra.
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Dos madrileñas, dos valencianas, una barcelonesa y una mexicana, ese es el origen de las seis piezas que resultaron ganadoras en la edición del pasado año de este certamen nacido para premiar los trabajos amateur que “mejor reflejen el ecologismo social desde una perspectiva integradora que entienda que los problemas ambientales y sociales deben tratarse de forma entrelazada”. Así que si no eres profesional pero te sobran ganas e ideas tienes hasta el día 15 de noviembre para embarcar a tus colegas en la grabación de un video totalmente original y de temática ecologista. Ah, ya sabes aquello de lo bueno, si breve dos veces bueno: Cuenta lo que quieras pero en menos de una hora.
Ahí va otra frase lapidaria: el camino es la meta, es decir, el propio proceso de creación es suficiente excusa para lanzarse pero, aún así, habrá premios (de hasta quinientos euros) cuyos destinatarios se conocerán el primer día de diciembre. Pero, ¿qué mejor galardón que el hecho de que tu obra sirva para que alguno de tus conciudadanos se replantee sus hábitos o actitudes? Eso pensaron los y las autoras de las piezas ganadoras en 2008, como Paisang, un conmovedor documento que nos traslada a la mallorquina Cala Llamp, lugar descrito como un “paisaje desangrado”. A partir de ese concepto llevan a cabo una acción llena de ingenio y fuerza (arte político, lo llaman) que subraya la faceta destructiva del ser humano y que no te voy a desvelar.
Otra de las piezas –igual alguna te inspira para crear la tuya- es Desnudos ante el Tráfico, que es la sensación que sienten todos los que se mueven en bicicleta por la ciudad de Madrid, considerado un “acto cotidiano de desobediencia” ante unos coches que imponen su ley. Por eso la asociación Bici Crítica montó una manifestación nudista que recorrió las calles más emblemáticas de la ciudad en ese medio de transporte al grito de “gasolina asesina”. Un testimonio colectivo con muy buen ritmo que juega con fondos musicales de tango y jazz manouche combinados con el sonido ambiente de la propia protesta.
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No falla, cada vez que leo o escucho algo acerca de un Jardín Botánico me pongo a canturrear la canción con la que el grupo Radio Futura alcanzó el éxito en los años ochenta. Me refiero, claro, a La Estatua del Jardín Botánico, en la que Santiago Auserón cantaba versos como “Junto al estanque me atrapó la ilusión / Escuchando el lenguaje de las plantas”. El estanque al que se refiere es el del Jardín Botánico de Madrid, creado allá por el siglo XVIII y dividido en terrazas escalonadas en la que se distribuyen las representantes de hasta cinco mil especies vegetales provenientes de todo el mundo. Las instalaciones se completan con los invernaderos (la Estufa Fría) y un edificio donde se conservan los herbarios de las expediciones científicas de siglos pasados, cuando la dominación española se extendía hasta Filipinas, Guinea o diferentes puntos de Sudamérica.
Esta referencia a la época imperial me recuerda las voces discordantes que suscita la celebración del ya próximo Día de la Hispanidad, planteado como la celebración de los vínculos que unen a los países hispanohablantes a ambos lados del Atlántico. Pero conmemorar lo que nos une lleva consigo recordar la actuación despiadada de todo gran imperio (la dominación española tuvo mucho de genocidio y sometimiento). Para subrayar lo positivo del futuro sobre los negros nubarrones que dominaron el pasado se creó en 2007 VivAmérica, un festival que celebra “la vitalidad del arte, la cultura y el pensamiento iberoamericanos”. En su edición de 2009 las celebraciones se distribuyen entre Madrid, Bogotá, Santo Domingo y Cádiz, cuatro ciudades con una presencia destacada en el devenir de la historia.
La Casa de América de Madrid, principal propulsora del festival, ha visto como con los años el abanico de sedes se ampliaba y como una de ellas el Jardín Botánico de la capital propone, del siete al once de octubre, conocer más a fondo cómo fueron y qué legado dejaron las citadas expediciones botánicas al continente americano a través de un recorrido guiado por las colecciones, invernaderos y monumentos. Un repaso que reúne el espíritu aventurero con el científico, algo muy de la época en la que desarrollaron. Lo más pequeños, además, podrán pasar de la teoría a la práctica en un taller que les convertirá en exploradores que realizan trabajo de campo “recolectando material vegetal, confeccionando un pliego de herbario o el descubriendo una nueva especie” (10 y 11 de octubre las 11:30h).
Tras un verano de trabajo enregistrando material en cuatro países suramericanos, Argentina, Chile, Bolivia y Perú, la Asociación Visual para la Libre Expresión (AVLE) nos presenta un adelanto en forma de tráiler de lo que será su serie documental sobre sobre sociedad, energía y medio ambiente sobre el panorama suramericano, “Jardineros del Mundo”.
AVLE, una pequeña asociación sin ánimo de lucro con base en las Islas Canarias y dedicada a prestar cobertura y apoyo audiovisual a otras entidades e instituciones que no tengan los medios para ello, se ha dedicado a recoger en esta ocasión algunos abusos contra la naturaleza y problemas medioambientales en Suramérica así como diferentes soluciones que se están adaptando a nivel local.
Como veréis al final del tráiler, tras el salto, AVLE está buscando apoyos y respaldo para poder completar la costosa y larga fase de edición de “Jardineros del Mundo”. Si queréis conocer otras piezas realizadas por esta entidad presidida por el realizador Enrique Padial Ramos, os emplezamos a visitar su web y a visionar “Osu on Trash”, que trata acerca del problema de la basura y la solución encontrada en una pequeña comunidad de Ghana.
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Quienes seguís este blog con cierta regularidad, sabéis que la desaparición de las abejas en Europa es un problema que se está tomando con mucha seriedad. Sólo faltaba un documental que llevara la situación al conocimiento del gran público, y ya está aquí: Vanishing of the Bees. Ha sido producida por The Co-operative Group, una empresa británica especialmente conocida por su cadena de supermercados, Coop, y se estrenará en el Reino Unido la semana que viene.
Vanishing of the Bees, cuyo trailer podéis ver después del salto, se centra en el fenómeno conocido como Colony Collapse Disorder –CCD, desorden del colapso de la colonia- en el que las abejas abandonan la colmena, desapareciendo sin que alguien sepa porqué:
miles de apicultores de todo el mundo han salido de sus centros de reproducción de abejas y admitido el mismo problema, y algunos informan de pérdidas de más de 90% de sus colonias. Y no se encuentran abejas muertas por ninguna parte. Se estima que el CCD se ha traducido en la muerte de más de una cuarta parte de los 2,4 millones de colonias de abejas en al menos 35 estados de Estados Unidos.

La gente de PETA sabe cómo mantener la atención de los medios, la opinión pública y la blogosfera sobre su causa. Raro es el mes en el que no tratamos alguna nueva campaña o acto de la organización de defensa de los derechos de los animales. Y no lo digo como una crítica sino como un halago. Una de las estrategias a la que acuden con insistencia es la de implicar en una reivindicación a un famoso o famosa del mundo del espectáculo. Estos, a su vez, aceptan pues ven la oportunidad de poner su notoriedad social al servicio de una causa en la creen (y alguno habrá que lo haga por vanidad o estar de actualidad, que de todo hay).
La actriz Kim Basinger no es precisamente una incorporación nueva en las campañas de PETA, la imagen que ilustra este post da buena fe de ello. La fotografía -acompañada del lema: “La belleza no consiste en usar el abrigo de otro”- tiene ya algunos años, pero la estadounidense sigue al pie del cañón en lo que a activismo se refiere. Lo último ha sido pedir, en nombre de PETA, a los diseñadores chinos que no usen pieles de animales en sus creaciones. Y lo ha hecho a la antigua usanza, enviando cartas (haz memoria, seguro que recuerdas que era eso de enviar cartas).
Una de ellas ha llegado hasta el estudio de Luo Zheng, una de las diseñadoras que más contacto tiene con el mundo de la occidental tras presentar sus colecciones en la Semana de la Moda de Nueva York de 2008. Otra le estará esperando en el buzón a William Tang, que desarrolla su labor en Hong Kong. La carta va acompañada por un DVD que, cuando Zheng o Tang se decidan a verlo, comprobarán que se trata de un documental que acompaña a los animales (desde zorros y mapaches hasta perros o gatos) en su andadura por una de esas atroces granjas peleteras chinas. Lo que los diseñadores van a ver no es plato de gusto: Los animales son apaleados para luego ser ahorcados, desangrados hasta la muerte, despellejados vivos y, finalmente, se les remata estrangulándolos.

Puede que no lo reconozcas, pero el paisaje de la fotografía que encabeza este post corresponde a una estación esquí de los Alpes. No es, claro, su apariencia actual sino cómo aparece en The Age of Stupid. Según la película, no hará falta irse muy lejos en el tiempo para que sea realidad, este futuro devastado y apocalíptico está fechado en 2055. Y no es la única imagen que nos impactará: Nos encontraremos con plataformas petrolíferas sin océano alrededor, Las Vegas cubierta por las dunas del desierto, Londres bajo las aguas del Atlántico, Sydney rodeada por incendios o el Taj Mahal rodeado de una espesa contaminación.
Su protagonista es Pete Postlethwaite (le recordarás por papeles dramáticos como el de En el nombre del Padre u otros más aventureros como el de Parque Jurásico), su personaje se pregunta: ¿Por qué no detuvimos el cambio climático cuando tuvimos oportunidad? Denominar a ésta la Era de la Estupidez parece plenamente justificado cuando el mayor grado de desarrollo tecnológico del ser humano coincide con el de su auto-destrucción. La película, que combina ficción y documental, ha sido financiada de forma independiente y se suma a las acciones de la campaña Tck Tck Tck que anticipa la celebración de la Cumbre del Clima de Copenhague.
El martes 22 de septiembre es la fecha del estreno mundial, que se celebrará en Nueva York, capital de la intelectualidad estadounidense frente a la industria del espectáculo que tiene como centro de operaciones Los Angeles. Al evento han confirmado su asistencia estrellas del cine, políticos y activistas medioambientales. No llegarán hasta la puerta del cine en glamourosas limusinas sino en monopatín, coches eléctricos, tablas de windsurf con ruedas, bicicletas o tandem. Allí les esperan los fotógrafos, los fans y la alfombra, que tampoco será roja sino verde. En la fiesta posterior se conectará con científicos que estudian los glaciares del Himalaya y la selva tropical de Indonesia, ambos ecosistemas en peligro. Por último, Thom Yorke, cabeza visible de Radiohead y responsable de la banda sonora de la película, pondrá música en directo a la noche.
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A los ejecutivos de Chevron seguro que no les apetece ir al cine estos días. No ahora que en cartelera está Crude, un documental dirigido por Joe Berlinger acerca de la demanda medioambiental por 27 millones de dólares que ha sido interpuesta contra su compañía a nombre de los residentes del Amazonas ecuatoriano. El trailer oficial, que podéis ver después del salto, muestra apenas una arista de la historia que tiene a la gran petrolera con los nervios de punta.
Aunque Crude muestra cómo los residentes de la selva deben sortear la contaminación petrolera que cada vez les rodea más, Chevron niega cualquier responsabilidad por esta contaminación y ha lanzado una campaña en los medios de comunicación, ofreciendo un vídeo en el que supuestamente se ve al juez ecuatoriano que lleva la demanda involucrado en un asunto de soborno. El juez se ha retirado del caso, pero sostiene que no ha hecho nada malo.
Por su parte, la organización Amazon Defense Coalition, que apoya a los demandantes ecuatorianos, dice que lo que el vídeo en cuestión muestra es al juez resistiéndose al soborno. Antes quienes han visto sospechoso que la campaña de Chevron haya comenzado justo la víspera del estreno del documental, Kent Robertson, vocero de la compañía, ha dicho que no se ha tratado de una estratagema sino de una coincidencia. Además, eso sí, ha agregado que el documental tiene mucha emoción pero pocos datos. Bueno, habrá que verlo.

Richard O’Barry es uno de los activistas más reconocidos en la defensa de los delfines pero la historia no es tan sencilla como parece pues trabajó durante una década con delfines en cautividad aunque lleve ya treinta años en el otro lado de la trinchera. ¿No fue Isaac Rabin un implacabe militar y luego Nobel de la Paz? En la década de los sesenta formaba parte del Seaquarium de Miami, donde se dedicaba a capturar delfines (crías que eran separadas de su madre) y los entrenarlos. Incluidos aquellos que protagonizaron la serie de televisión Flipper, y uso el plural porque por la serie pasaron una veintena de delfines ya que morían cada pocos meses y eran sustituidos. En 1970, tras algunas experiencias en las que vivió de cerca el dolor de estos animales, la tortilla dio la vuelta y creó una ONG que luchaba contra el cautiverio: The Original Dolphin Project.
Pero trasladémonos al presente, en concreto a Taiji, pequeño pueblo costero de Japón que organiza una caza anual de delfines. Hasta allí se ha desplazado el norteamericano con la intención de detener la matanza y evitar que el mar se tiña de rojo como ya es tradición. La bienvenida, claro, fue cualquier cosa menos calurosa. La población local está enojada con lo que consideran como una injerencia en su forma de vida. El enfrentamiento no se ha hecho esperar, O’Barry, de setenta años, vio como los cabecillas del sindicato de pescadores bloqueaban su entrada a las tiendas del pueblo con el fin de evitar que comprara alimentos. Y es que saben que con él se irán sus problemas.
O’Barry planea permanecer en localidad una semana, que está dedicando a charlar con pescadores, periodistas y autoridades con la intención de crear “un tsunami internacional de atención”. No está solo en su empeño, activistas de Greenpeace y otras organizaciones también hacen acto de presencia cada año en la matanza en la que algunos delfines son capturados para ser vendidos por unos cien mil euros y, el resto, asesinados. Es decir, quinientos euros por su carne, muy demandada en todo Japón al igual que la de ballena. El método es bastante mezquino, los animales son acorralados en la bahía de Taiji haciendo ruido y usando redes.

Ya os había hablado acerca de una iniciativa estadounidense muy original, que defiende una costumbre ecológica en la que pocas veces reparamos: tender la ropa a secar. No es que no tendamos la ropa, que seguro la mayoría lo hacemos a falta de secadora, sino que estamos muy conscientes de que, haciéndolo, ahorramos un poco de calor a nuestro ya muy acalorado planeta. El proyecto en cuestión se llamaba Project Laundry List, y es uno de los promotores de Drying For Freedom, un documental acerca de la lucha por el derecho a secar al aire libre.
De acuerdo con sus creadores, para 2010 más de 50 millones de hogares estadounidenses tendrán terminantemente prohibido tender su ropa a secar al aire libre. La razón de la prohibición es preservar el valor económico de las propiedades y los -supuestos- valores púdicos de la sociedad. En Drying For Freedom veremos que esta prohibición infringe un derecho civil y contribuye con la crisis energética mundial y al calentamiento global, al obligar a las personas a comprar secadoras.
Esto considerando que las secadoras son responsables de 6% de la factura de electricidad de un hogar medio y cuesta a Estados Unidos un estimado de cinco billones de dólares al año. Si mal no recuerdo, en España está prohibido tender ropa a secar entre las seis de la mañana y las seis de la tarde, en aquellos balcones o terrazas que den a la calle. La principal razón es estética, y he de decir que estoy de acuerdo, siempre que uno tenga el derecho a apañárselas para tender la colada sin que desluzca la fachada de la finca. Pero del otro lado del Atlántico, hay una lucha en marcha. Os dejo el trailer después del salto.
Se estrena The Meerkats. Dicho así puede parecer una película o serie de televisión que sumar a una larga lista dedicada a familias singulares: Los Soprano, Los Simpsons, Los Serrano, Los Caraconos, La familia Mata o, para los más talluditos, Los Roper, Los Porretas o Los Colby. Y no va desencaminada la suposición porque, efectivamente, The Meerkats cuenta las peripecias de un grupo singular… pero no de humanos. Un meerkat es un suricato, ese pequeño mamífero africano capaz de otear el horizonte apoyado en sus extremidades traseras.
Si aún hay alguien que no lo ha situado bastará añadir un nombre: Timón, uno de los secundarios de la película de la factoría Disney El Rey León. ¡Ahora sí! En este caso la película, producida por la BBC y dirigida por James Honeyborne, es de imagen real y acaba de ser estrenada en Gran Bretaña y Francia. Del éxito que allí obtenga dependerá si llega a las pantallas de otros países. The Meerkats cuenta –la voz del narrador es la del recientemente fallecido Paul Newman- la historia de un macho, Kolo, y cómo discurre su vida desde que es una cría. Cuando crece se convierte en un joven rebelde ansioso por descubrir mundo. Tras superar los ritos de iniciación de su especie siente el momento de sentar la cabeza, formar una familia y aceptar su papel en la comunidad a la que pertenece. Y no cuento más porque no me gusta destripar las películas.
El director del documental traza paralelismos entre el camino que ha de recorrer una persona y un suricato durante su vida y asegura que sus relaciones se parecen a las de una familia de seres humanos. Por eso ha sido sencillo dramatizar las andanzas de estos animales y crear un argumento en torno a uno de ellos. Honeyborne asegura que gran parte de la simpatía que despiertan los suricatos entre los espectadores se puede atribuir a sus rasgos de comportamiento similares a los humanos, un hecho que -según el director- nos atrae poderosamente. Veremos si ese poder de atracción lleva a los británicos y franceses hasta las salas de cine donde se proyecta.
Continúa la lectura: Los suricatos, protagonistas estelares de una película