
Daniel Nocera, investigador del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), es el hombre de la botella milagrosa. Este químico afirma que con una botella llena de agua y cuatro horas de luz solar pueden generarse 30 kilovatios de electricidad, lo suficiente como para abastecer a toda una casa durante un día.
El resultado lo consigue gracias a la fotosíntesis artificial, un proceso que imita la actividad vegetal que transforma la energía de la luz solar en energía electroquímica. En este caso, se utiliza cobalto como catalizador, con el objetivo de que la energía solar divida el agua y produzca hidrógeno en lugar de azúcares, tal y como hace la naturaleza.
Así, con el óxido de cobalto puede llevarse a cabo con eficacia la reacción fotosintética de separar los componentes de las moléculas de agua. Y se produce un hidrógeno que puede convertirse directamente en combustible líquido o, combinado con oxígeno, en una pila.
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Para algunos, gastar va unido a dejar de contaminar. Que se lo digan, si no, a la pareja británica que invirtió 4 millones de libras que ganaron en la lotería en comprar una casa casi completamente neutra en carbono.
Pero no es una casa cualquiera. Digamos, mejor, que se trata de una de las casas de lujo más ecológicas que podamos encontrar: una granja rehabilitada de tal modo que ha sido convertida en un auténtico palacio, espaciosísima, llena de ventanales, con una increíble piscina cubierta y un inconfundible aroma de genuina campiña inglesa.
Además, Nigel Page, de 43 años y Justine Laycock, de 41 años, sus propietarios, tienen de vecinos a las megaestrellas Kate Moss y Elisabeth Hurley, pero su luz no es la que alimenta la electricidad de esta casa, ecofriendly gracias a un sinfín de detalles que hacen de ella un auténtico lujo verde.

Lo de China es un caso para la ciencia: por un lado su gobierno dice que sólo se transará con un objetivo de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero si su cumplimiento es verificado de forma voluntaria, y por otro está desarrollando la industria de la energía limpia. De hecho, según The New York Times, está a la cabeza de la carrera es este campo.
De hecho, el diario asegura que el año pasado China superó a sus competidores -Dinamarca, Alemania, Estados Unidos y España- como mayor fabricante mundial de aerogeneradores o turbinas de viento, y también de paneles solares. Si occidente desea, en un futuro no muy lejano, superar su dependencia del petróleo, allí estará China para ofrecer todo lo que sea necesario comprar.
Las empresas multinacionales están respondiendo al rápido crecimiento del mercado de China a través de la construcción de grandes y avanzadas fábricas en China. Vestas, de Dinamarca, acaba de erigir el complejo de fabricación de turbinas de viento más grande del mundo en el noreste de China, y transfirió la tecnología para construir los controles electrónicos y generadores de última generación.
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Todo se andará. Si los amigos de Treehugger conocieran esta frase seguro que la habrían usado para anunciar esta noticia: investigadores de la Universidad de California Berkeley han alterado plantas de tabaco para cultivar en ellas células fotovoltaicas sintéticas que luego puedan ser extraídas y rociadas sobre cualquier sustrato para crear células solares.
Explican en Treehugger que los científicos ajustaron unos pocos genes del virus mosaico del tabaco, para construir estructuras diminutas llamadas cromóforos, estructuras que convierten la luz en electrones de alta potencia. Una vez que la planta es rociada con el virus, los nuevos cromóforos se agruparán en formaciones fuertemente enroscadas.
Estos cromóforos estarán atrapados dentro de la planta del tabaco, así que los científicos tendrán que cosechar la planta, trocearla y extraer las estructuras. Una vez disueltos en una solución líquida, los cromóforos pueden ser esparcidos sobre un substrato revestido para mantenerlos en su lugar.
Continúa la lectura: Berkeley: células fotovoltaicas cultivadas en plantas de tabaco

EADS Astrium, la empresa espacial más grande de Europa, dice que ha desarrollado un sistema de satélites que recogería la energía del Sol y la transmitiría a la Tierra a través de un láser infrarrojo, para proporcionar electricidad. El sistema no está todavía en fase operativa, según ha dicho el jefe ejecutivo de la empresa, François Auque, a la BBC. La empresa necesita un socio inversor para desarrollar la fase final y probar el satélite.
La ventaja más evidente de un satélite con la capacidad de un panel solar es que la cantidad de energía que cae sobre las células fotovoltaicas en órbita es considerablemente mayor que la que cae sobre los mismos paneles solares colocados en la superficie de la Tierra. En el espacio, la incidencia de la luz no se ve afectada por los factores que sí la afectan en la tierra, tales como las nubes, el polvo o los efectos de filtrado de los gases atmosféricos.
Las críticas al sistema señalan, no obstante, el costo del lanzamiento del satélite, el montaje de las centrales solares en órbita y las dudas relativas a la seguridad en torno a los métodos de transmisión inalámbrica que utilizan microondas. Sin embargo, la BBC cita la respuesta de Astrium a estas cuestiones: el uso de láseres infrarrojos podría reducir el riesgo con respecto a la transmisión.

La producción de tecnologías de energías renovables está en un momento histórico, a punto de convertirse en el tercer sector industrial más importante del mundo, sólo por detrás de los automóviles y la electrónica. Lo dice el informe que ha presentado WWF en Copenhagen. Y, la verdad, entre tanto drama, ya iba siendo hora de tener también alguna noticia positiva.
La investigación de WWF se titula Clean Economy Living Planet , y es importante por tratarse del primer ranking mundial realizado sobre las ventas de energía limpia. En él se constata el auge industrial de este sector, especialmente en China.
El documento avanza que para 2020 la industria de las energías renovables dará 1,6 billones de euros al año, convirtiéndose en el tercer sector industrial del mundo. Un dato: en el año 2007 las ventas de tecnología relacionada con energías limpias fueron de 630.000 millones de euros, superando a la industria farmacéutica.

La COP15, reunión internacional sobre el cambio climático que está teniendo lugar en Copenhagen, será histórica. Eso ya es algo seguro, bien por su éxito o por su fracaso, se la recordará siempre. Por lo pronto, su celebración ha puesto de moda el tema del cambio climático, disparando el número de artículos publicados en internet sobre el calentamiento global. Uno de ellos, publicado en la web Livescience, enumera diez tecnologías que podrían ayudar a conseguir los objetivos de la cita danesa.
Las tecnologías de esta lista, en la que he echado en falta la energía eólica, no son necesariamente modernas, pero si aumentara su uso, disminuiría el despilfarro energético de forma significativa. Es decir, su importancia radica en que permiten diseñar políticas de energía más acordes con los objetivos de la COP15.
Se trata, sobre todo, de acabar con una serie de problemas, sobre los que a partir de esta semana se debaten en Copenhagen: el uso excesivo de los recursos, el suministro de la escasez del agua, el cambio climático mundial, la deforestación… Grandes problemas medioambientales que podrían resolverse más fácilmente haciendo uso de las siguientes 10 tecnologías:
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Investigadores de los Laboratorios Nacionales de Sandia, en Estados Unidos, sostienen haber probado con éxito un prototipo de máquina que utiliza la energía del sol para convertir agua y dióxido de carbono en bloques moleculares que conforman combustible de transporte. El sistema se ha llamado Sunshine to Petrol (de la luz solar a la gasolina) y sus creadores dicen que puede resultar una forma práctica para reciclar el CO2 y convertirlo en gasolina, diesel y combustible para aviones.
El CR5, aún en prototipo, fue diseñado para convertir el dióxido de carbono en monóxido de carbono o el agua en hidrógeno, utilizando energía solar concentrada. El monóxido de carbono y el hidrógeno pueden ser combinados para producir gas de síntesis, la base química sobre la que se erigen la mayoría de los combustibles de transporte.
La máquina que efectúa el proceso se llama Counter-Rotating-Ring Receiver Reactor Recuperator, o CR5. Su funcionamiento se basa sobre el calor solar concentrado, para provocar una reacción termoquímica en un material compuesto rico en hierro. Este material está diseñado para producir una molécula de oxígeno cuando se expone al calor extremo, y recuperarla una vez que se enfría.

El gobierno de la India acaba de aprobar un programa por valor de 19.000 millones de dólares para estimular tanto la producción como la generación de energía solar. Se trata del primer programa nacional en energía proveniente del sol. El objetivo es alcanzar los 20 gigawatios (GW) de potencia para el año 2020. Por fin India se lanza a aprovechar su enorme potencial en este sector.
El dinero se destinará a subsidiar las empresas encargadas de la manufactura de paneles fotovoltaicos, los distintos proyectos energéticos relacionados con la energía solar, así como la investigación y el desarrollo del sector. Los 20 GW que se quieren alcanzar representan sin duda un objetivo bien ambicioso, sobre todo si se tiene en cuenta que, entre 2001 y 2008, India ha instalado solamente 143 megawatios de sistemas de energía solar.
La iniciativa es similar al proyecto Golden Sun presentado recientemente por China. El gigante asiático pretende alcanzar, para fecha tan cercana como 2010, los 10 gigawatios de generación energética solar. Para lograrlo, el gobierno chino se ha comprometido a costear, por lo menos, la mitad de los costes de instalación de las distintas granjas solares.

El actual alcalde de Nueva York se hizo inmensamente rico trabajando en Wall Street antes de suceder en el cargo al singular Rudy Giuliani, mundialmente famoso desde el 11-S, hace siete años. Ahora Michael Bloomberg (en la imagen tiene a su izquierda al ministro francés de Energía, Ecología y Desarrollo Sostenible), que va por libre desde que abandonó la disciplina republicana en 2007, ha presentado de forma pública PlaNYC, un programa de dos años de duración con metas ambiciosas como la plantación de un millón de árboles, la instalación de turbinas de viento en los rascacielos que han hecho célebre a la ciudad o la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Ésta última medida está ya tramitándose en el Congreso y supone la imposición de topes a cada zona metropolitana.
En la ciudad de Los Cazafantasmas han hecho cuentas y han descubierto que el gasto energético es de miles de millones de euros al año. Esa situación va a ser difícil que cambie, pero no así su origen: Aprovechará su indomable viento mediante la instalación de turbinas eólicas a las que se sumará un proyecto piloto de obtención de energía solar que producirá suficiente para cien hogares durante un año. Hay más, ya están avanzadas las pruebas para que las turbinas del río Hudson (más allá de la isla de Roosevelt) aprovechen las fuertes mareas. Ah, y el tema de la construcción: Nueva York posee el mayor parque de viviendas de todo Estados Unidos por lo que parece necesaria una revisión de sus códigos de construcción y el fomento entre los propietarios de inmuebles de medidas de ahorro de energía e implantación de otras tecnologías respetuosas con el medio ambiente.
Tal y como están las cosas en el mercado laboral decir trece mil nuevos puestos de trabajo es decir mucho. Pues eso es lo que prevé crecer el sector de los denominados empleos verdes en Nueva York durante la próxima década, es decir, duplicará los existentes en la actualidad. Suena bien, pero, ¿en qué consisten realmente estos empleos? Pues se trata de un concepto aún en pleno proceso de definición -incluso para las autoridades- pero lo indudable es que existe y crece. Sin duda ayudará la intención de Bloomberg de dedicar un buen puñado de millones de dólares a la creación de estos puestos de trabajo verdes, inversión no sólo dedicada al reciclaje de profesionales en paro sino también a través de la formación de nuevos valores en eficiencia energética en colaboración con la Universidad de Columbia.
Continúa la lectura: PlaNYC: Bloomberg, alcalde de Nueva York, apuesta todo al verde

La lucha contra el exceso de velocidad y los accidentes de tráfico en las ciudades cuenta con aliados tan toscos y rústicos como los badenes –esos montículos que obligan a frenar… o cambiar los amortiguadores- y otros con un componente tecnológico como el que nos ocupa: Un dispositivo con radar que reprende a los conductores que superan la velocidad permitida. En todo caso, sigo pensando que estos recursos son válidos como recordatorios pero los esfuerzos han de ir dirigidos hacia la forja de una conciencia cívica (en la etapa de la niñez y la adolescencia) y la sensibilización en el caso de los adultos. El reto es convencer y no castigar.
Pero dejémonos, por ahora, de mundos ideales y concentrémonos en el aparato en cuestión, una invención que, además, se auto-gestiona en lo energético pues funciona gracias a paneles solares. Así que sospecho que tampoco debe ser mucha la energía que demanda, pues Canadá no es conocida precisamente por sus muchas horas de sol y cielos despejados todo el año. Calgary, junto a otras ciudades canadienses, se suma al programa piloto, en concreto el barrio de Mayland Heights. Cuando un conductor sobrepase la velocidad permitida en lugares como la Octava Avenida o el paso elevado de Deerfoot (así hasta dieciséis emplazamientos), el dispositivo activa unas luces brillantes que le recordarán que se trata de una zona en la que ha de conducir a un máximo de cincuenta kilómetros por hora.
Sólo espero que los destellos no sean de tal potencia que cieguen al conductor. Aún así más un despistado creerá que está cruzándose con un OVNI como le sucedía al personaje que interpretaba Richard Dreyfuss en Encuentros en la Tercera Fase. Parecidos fílmicos aparte, las autoridades municipales se han decidido por este dispositivo –cuyo precio por unidad es de seis mil euros aproximadamente- por su eficacia pero también porque el hecho de que funcione con energía solar reduce los costes, incluso los de instalación, pues no es necesario realizar obras de cableado bajo tierra, de modo que sólo precisa de mantenimiento periódico.
Continúa la lectura: La energía solar ayuda a evitar accidentes de tráfico en Canadá

Si unimos en un mismo local los mejores emplazamientos de la red de Starbucks con el Café del Mar ibicenco o las terrazas del puerto de Valencia puede que el resultado se parezca al nuevo proyecto del arquitecto Michael Jantzen: The Solar Winds Coffee House. El estadounidense apuesta de forma invariable en sus diseños por la sostenibilidad y este local no iba a ser menos. Se trata de una instalación totalmente auto-suficiente gracias a la energía solar y eólica que produce o a la recogida y almacenamiento de agua de lluvia. Jantzen asegura que se puede construir en cualquier punto del planeta pero me da a mí que su amplia terraza al aire libre aconsejan una situación meridional.
La estructura central, de forma cilíndrica y coronada por un platillo volante digno de una peli de los cincuenta, reúne los tragaluces, un sistema de ventilación natural, los paneles solares y las turbinas de viento, que se montarán en la parte superior de la estructura y proporcionará la energía necesaria para la calefacción, la refrigeración,… También es la zona donde se administra el agua. Ni una gota se desperdiciará, toda será reciclada y se sumará a la de lluvia para su uso en los aseos.
La terraza del local es una cubierta de grandes dimensiones que, tal y como precisa Jantzen, ha de situarse con las siete grandes cintas ondulantes (al estilo Frank Gehry) marcando el sur. Todos los diseños de este visionario arquitecto persiguen que sus usuarios los disfruten con los menos artificios posibles, ya sea a través del filtrado u optimización de la luz natural o de la regulación natural de la temperatura a partir de sombras. Y es que Michael Jantzen se parece a Leonardo Da Vinci en que sus visiones se adelantaron a su época y sus diseños parecían irrealizables en el momento en el que fueron engendrados.
Continúa la lectura: El Café de los Vientos Solares, ¿próximo local de moda?