
En ocasiones, salir a pasear por el barrio puede ser más peligroso que adentrarse en la más inhóspita selva. Si no, que se lo digan a los consternados dueños del malogrado Wilbur, un gato que acabó devorado por las fauces de una pitón birmana en la ciudad inglesa de Bristol.
La curiosidad cuesta la vida a muchos gatos, ya lo dice el saber popular, aunque la víctima podría haber sido casi cualquier otro ser vivo. Esta vez, la mala suerte señaló a Wilbur, un minino atigrado de 4 años de edad que no imaginaba que perderse en un jardín cercano al suyo le costaría tan caro. Así fue, la muerte acechaba a pocos metros de su hogar en forma de una serpiente que, para más señas, era la mascota de una casa vecina. En escasos minutos, el gato quedó encerrado para siempre dentro de la letal depredadora.
Pero, ¿cómo se supo que el animal fue tragado si las serpientes tienen la mala costumbre de engullir completamente a sus presas? Porque el gatito atesoraba algo que la fiera no pudo tragar: su voz desesperada. Los dueños del Wilbur, Helen y Martin Wadey, cuentan que escucharon “gritos escalofriantes”, pero cuando se apresuraron a salvarlo nadie respondió en la casa vecina …y ya fue demasiado tarde.
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