
Alimentos selectos, aparentemente sanísimos, y que valen un pastón, pueden esconder graves riesgos. Es el caso de la leche de soja Bonsoy , ya retirada de la venta en Francia, Irlanda, Nueva Zelanda y Australia por ser demasiado rica en yodo y estar relacionada con la enfermedad de la tiroides.
Pero retirarlo de las estanterías de las tiendas no es suficiente, pues este producto japonés comercializado en toda Europa también se vende online, por lo que las autoridades sanitarias de estos países advierten que no debe consumirse, pues la enfermedad de la tiroides está asociada a su ingesta.
La alarma saltó en Australia, donde el producto se vio implicado en enfermedades de la tiroides debido a un alto nivel de yodo en esta leche de soja, que se comercializa en envase tetra de 1 litro, por unos 3′5 euros.
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La Corte Suprema de Francia ha condenado a Monsanto, el gigante estadounidense de los organismos genéticamente modificados (OMG) o transgénicos, por mentir en su publicidad acerca de la seguridad de su producto Roundup. Se trata de un artículo empleado en acabar con las malas hierbas.
Esta sentencia se suma a una anterior en el mismo sentido que también falló que calificar el herbicida Roundup de “biodegradable”, y decir que “deja la tierra limpia”, era publicidad engañosa.
Será del interés de nuestros lectores, y todavía más del de los agricultores que usen este producto, saber que el herbicida Roundup, que no es ni biodegradable ni deja limpia la tierra, es el que más se vende en el mundo. También, que el uso de transgénicos por lo general dispara el de pesticidas y herbicidas.
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Nicolas Sarkozy y Luiz Inacio Lula da Silva, presidentes respectivamente de Francia y Brasil, emitieron hoy sábado un comunicado conjunto desde París en los que presionan a Estados Unidos y a China para que realicen concesiones significativas en cuanto a reducciones de gases de efecto invernadero en la cumbre COP15 de Copenhague del mes entrante.
En concreto, Sarkozy y Lula urgieron a las naciones industrializadas a que se comprometan a recortes en las emisiones de CO2 de, por lo menos, el 80% respecto los niveles de 1990 para el horizonte de 2050. Y en cuanto a las naciones emergentes, que intenten buscar un crecimiento económico bajo en CO2 con la ayuda de los países más ricos y que tomen medidas para ralentizar el aumento de emisiones.
El anuncio, además, tuvo lugar después que Brasil diera ejemplo al mundo con su compromiso público de recortar sus emisiones de CO2 entre el 36′1 y el 38′9% gracias al control de la deforestación de la Amazonía, algo que Sarkozy, en conferencia de prensa, alabó por el siguiente motivo:

Los tiempos que corren son demasiado ruidosos. Y el ruido, como contaminación acústica que es, golpea la salud de animales y personas, provoca alteraciones en sus organismos, les roba la paz y el equilibrio vital. En Europa, por ejemplo, el tráfico terrestre, aéreo y ferroviario son el principal causante del excesivo ruido que sufren sus habitantes en las ciudades, según un nuevo informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA).
Los datos de AEMA aturden y, al mismo tiempo, abren los ojos. Esta agencia afirma que la mitad de las ciudades europeas sufren niveles de ruido excesivo como consecuencia de los aviones, el tren, el tráfico rodado y las industrias. Pero lo peor no es que más de la mitad de los ciudadanos lo sufran, sino que ello puede causar graves problemas de salud, como infartos cardíacos, hipertensión, dificultades para conciliar el sueño y para el aprendizaje.
Este negro panorama afecta, siempre según AEMA, a más de 41 millones de personas en ciudades con 250 mil habitantes o más, que están expuestos a un nivel promedio de 55 decibelios, una cifra que supera el límite estimado por este organismo europeo.
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Hace unos días comentábamos como las autoridades británicas impedían al activista Chris Kitchen viajar a Copenhague para unirse a las acciones de presión que se celebrarán en paralelo a la Cumbre del Clima de Naciones Unidas. Mike Childs, director de Friends of the Earth, aseguró al enterarse que “resultaba escandaloso que negaran el derecho a viajar a cualquier persona por el simple hecho de que pretende protestar contra el cambio climático”. En cualquier caso, Childs no va a estar solo por mucho que blinden la capital danesa como demuestra la convocatoria Climate Justice Action.
Entre las iniciativas previas a la cumbre puestas en marcha por Climate Justice Action quiero destacar La Caravana del Clima, que reunirá a movimientos populares de todo el mundo durante varias e intensas jornadas. Delegados y delegadas de pueblos indígenas, asociaciones de agricultores, sindicatos, organizaciones ecologistas, feministas o anticapitalistas se han citado el próximo tres de diciembre en Ginebra para dar inicio a la caravana que tiene Copenhague como meta. ¿Y por qué en la ciudad suiza? Allí se celebrará en esa fecha una reunión ministerial de la Organización Mundial del Comercio y, en paralelo, cinco días de acciones de protesta (incluyendo una gran manifestación el sábado 28 de noviembre) ante una de las instituciones más duramente criticadas por el movimiento alterglobalización.
En Ginebra la caravana se dividirá en dos, uno de los grupos planea realizar un trayecto con escalas en París, poblaciones del norte de Francia y Bruselas, mientras que el otro grupo pasará por Friburgo, Frankfurt y Berlín. Ambas expediciones se encontrarán en la ciudad alemana de Hamburgo y, desde allí, realizarán juntas la última etapa hasta una Copenhague que promete bullir con motivo de la Cumbre del Clima. La llegada está programada para el nueve de diciembre pero antes hay un doble periplo de cinco días a través de centro Europa en el que pretenden no pasar inadvertidos y desplegar toda una serie de actividades que capten el interés de sus ciudadanos hacia lo que sucederá pocos días después en la capital danesa:
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Según el Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW), el Reino Unido, USA, Francia, Australia, y 22 países más, han solicitado a Islandia poner fin a la caza comercial de ballenas. Toda una manifestación de defensa animal que, sin embargo, no ha dicho ni mú sobre las igualmente traumáticas capturas con fines científicos.
Aunque sólo son amigos a medias, las ballenas tienen defensores muy poderosos, que han vuelto a demostrar su interés en hacer un nuevo gesto por ellas. En una declaración conjunta, los 26 firmantes condenan la decisión del Gobierno islandés de asignar cuotas para la caza comercial de ballenas a 150 ejemplares de las especies comunes que se consideran amenazadas, este año, y 100 ballenas minke para los próximos cinco años.
IFAW pone el grito en el cielo cuando apunta que “a partir de junio, 125 rorcuales comunes y 79 ballenas minke fueron arponeadas por los cazadores de Islandia”. El director de IFAW en el Reino Unido, Robbie Marsland, califica la caza de “cruel e innecesaria”, conminando a Islandia a que deje de cazar ballenas con fines comerciales.
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Fin de semana movidito en Colmar, en el este de Francia, en el que miles de activistas anti-nucleares llegados de media Europa se han congregado para protestar y exigir el cierre de la central nuclear de Fessenheim, la más antigua del país. Todo ello, como es habitual, en medio de una enorme presencia policial. Organizaron el grupo paraguas anti-nuclear francés SDN y el movimiento alemán Bund.
Según los organizadores, más de 10.000 personas, llegadas desde las vecinas Alemania y Suiza pero también de países más lejanos como España o Italia, participaron de la pacífica protesta. Las cifras de la policía, como es habitual, son sensiblemente inferiores y hablan de unas 3.500 personas.
Los activistas entienden que la vida útil de esta central, que abrió sus puertas en 1977, ha llegado a su fin, y piden su cierre. De esta forma, una delegación hizo llegar una carta al prefecto regional, Pierre-Andre Peyvel, en la que exigen que Fessenheim, que se encuentra cerca de la frontera con Alemania y Suiza, cierre inmediatamente, a pesar del interés de las autoridades de mantenerla operativa todavía.

Por fin uno de los grandes de Europa se atreve a implantar un impuesto verde. Ha tenido que ser el correoso Nicolas Sarkozy el que hiciera ayer el anuncio por el que, a partir de 2010, en Francia se gravará con 17 euros cada tonelada de CO2 emitida por el uso de petróleo, gas o carbón.
El impuesto se aplicará a empresas y a particulares. A estos últimos, no obstante, se les compensará con una reducción en su impuesto sobre la renta (en el caso de no pagar este impuesto verde al no emitir CO2 proveniente de petróleo, gas o carbón) o con un “cheque verde” compensatorio (en el caso en que la familia en cuestión sí haga uso de estos hidrocarburos).
A nivel de dinero, ¿de cuánto estamos hablando? Partiendo del precio medio de la tonelada de CO2 en los últimos dos años, 17 euros, el nuevo gravámen representará un aumento de 4,5 céntimos por litro en el precio del litro de fuel, 4 céntimos por litro en el caso de la gasolina y 0,4 céntimos por kilovatio por hora para el gas. La electricidad está exenta porque prácticamente toda proviene del nuclear, en Francia.

Bill Guffey es un tipo un poco rarito. Al revés que la mayoría de los mortales, cuando viaja ni se desplaza ni toma fotografías de los lugares más emblemáticos. Increíblemente, él recorre el mundo sin moverse, tan sólo mirando instantáneas de lugares con encanto que luego transforma en bonitos cuadros.
Lo has adivinado, Bill Guffey es un viajero empedernido y también un pintor vocacional. Lo que seguramente ya no imaginas es que practica una curiosa versión de la pintura al natural, que utiliza como modelo las imágenes del Google Street View, una herramienta de mapeo de Goggle que permite a los internautas visitar lugares de todo el mundo.
El mundo es una ventana abierta a millones de paisajes para este estadounidense, que traiciona la romática imagen de un pintor que crea en vivo, delante del paisaje, sintiendo sus colores, sus aromas, su atmósfera. Pero no por ello su pintura es menos auténtica. Desde Burkesville, Kentucky (USA), Bill ha sido capaz de capturar sorprendentes paisajes a través de las imágenes de Google Street View, como hubiera estado allí mismo.
Los cuadros se inspiran en los lugares que él considera más bellos del planeta, que primero visita por internet y luego dibuja en su estudio. Es incansable: cuenta que ya ha hecho cientos de horas de senderismo electrónico, recorriendo miles de kilómetros por todos los estados de USA, así como por Inglaterra, Escocia, Italia, España, Francia, Suiza y Portugal.
Cuadros inspirados en los paisajes de Google Street View


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Las incógnitas sobre la gripe porcina (AH1N1) crecen como una auténtica pandemia, sobre todo desde que hemos pasado de tenerle pánico a considerarla como una gripe más, casi inofensiva. Ya nadie parece recordar a aquellos cerditos que, supuestamente, contagiaron por primera vez a los mexicanos. Ahora, la cresta de la ola informativa la ocupan inquietantes teorías conspiratorias y bioterroristas como origen del virus. ¿Se acerca el fin del mundo?
Al margen de teorías apocalípticas, que haberlas, haylas, como las meigas, lo que está claro es que a la gripe A nadie la quiere cerca, pero ni mentada. Primero fue la patata caliente que los mexicanos intentaron quitarse de encima, por eso del turismo, al igual que los granjeros cuando reclamaron otro nombre no relacionado con los cerdos, y no es necesario explicar por qué.
Entre tanto maremagnum, aprovechando que la ciencia no ha sabido dar respuestas, la gripe porcina de México ha acabado siendo el virus AH1N1 y su origen, quién sabe, quizás un rincón oscuro de algún laboratorio con inconfesables ansias de beneficio.
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Quien le iba a decir a Sadam Hussein, el que fuera dictador de Irak, que aquello de “la madre de todas las batallas” se incorporaría al lenguaje coloquial. Algunos años antes de que el irakí llevara a cabo sus tropelías un niño francés llamado Patrick se pasaba las horas muertas en su habitación experimentando con los tiestos y su pecera. Ese fue su primer jardín vertical, el primero de muchos. Cuarenta y cinco años después, Patrick Blanc es un respetado botánico francés que sigue con la misma obsesión en su cabeza… pero ésta ha aumentado en tamaño y ambición. Ah, y un cambio más, ahora sus jardines verticales están presentes en medio mundo.
Blanc igual es llamado para desarrollar sus ideas (y adaptarlas al lugar concreto) en un centro comercial portugués que una plaza de Lyon, o una embajada en Nueva Delhi, el ministerio de Cultura en París, el Europarlamento de Bruselas, una escuela en San Francisco, un aquarium en Génova o un museo de arte contemporáneo en la ciudad japonesa de Kanazawa. Y la vuelta al mundo sigue con escalas en Kuala Lumpur, Sydney, Abu Dhabi, Río de Janeiro, Estambul, Nueva York, Ibiza,… Antes te cansarías de leer que agotarse el listado de obras del francés. Ah, entre los jardines verticales -le mur vegetal, los denomina él- realizados en los últimos años está la del CaixaFórum de Madrid.
La última fachada que ha terminado ha sido la del Hotel Athenaeum de Londres que, tras su intervención, se ha convertido en una extensión del cercano Green Park. Doce mil plantas ha utilizado Blanc que se sustentan en una estructura de plástico con marco de aluminio. Puede parecer muy pesado pero no lo es. Este enrejado se fija a la pared y permite aposentarse a las raíces, que el sistema de riego alcance todas las zonas, mantener la humedad y hacer llegar un fertilizante diluido en el propio agua. El francés es listo, se inspira en la propia naturaleza tomando como referencia como el agua de lluvia se escurre a través de los bosques más frondosos. Y las ventajas son muchas, por ejemplo, con ocuparse de un jardín vertical tres o cuatro veces al año es suficiente. ¿Alguien da más?
Jardín vertical de Patrick Blanc en un hotel londinense




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Conocía la costumbre de los pueblos y ciudades de mostrar con orgullo su hermanamiento con otras localidades del mundo. Una costumbre que, a día de hoy, resulta algo anticuada y a la que nunca encontré una utilidad. Lo que no sabía es que los espacios naturales protegidos también se hermanaban. Es el caso del Parque Nacional de Camargue (Francia) y el de Doñana. La vinculación entre los dos parques –ambos son ecosistemas basados en acuíferos- se hizo realidad en mayo de 2008. Casualidad o destino, Doñana y Camargue han sufrido sendos derrames de crudo con unos pocos días de diferencia.
Nadie podía imaginar en 1971, cuando se inauguró el oleoducto de 770 kilómetros que pasa por las inmediaciones del Parque Nacional de Camargue, que una de aquellas tuberías –en concreto una de un metro de ancho enterrada a 80 centímetros bajo el suelo- derramaría, casi cuatro décadas después, cuatro mil metros cúbicos de petróleo. La tubería subterránea explotó y la fuga no fue detectada hasta que alcanzó a una distancia de veinte kilómetros. Fue entonces cuando cortaron el suministro. ¿No hay un sistema más raudo para detectar explosiones en las tuberías de un oleoducto?
Si alguien tiene la respuesta para esa pregunta son los responsables de SPSE (Societe du Pipeline Sud-Europeen), cuya red de tuberías da servicio a refinerías y plantas petroquímicas de Suiza, Alemania y la propia Francia. SPSE trabaja con grandes compañías cuyos nombres todos conocemos, en ocasiones relacionados con desastres medioambientales, como la francesa Total, la estadounidense Exxon-Mobil o la británica BP. La citada corporación pareció más preocupada en mantener su reputación empresarial que su imagen ante la ciudadanía pues se apresuró a trazar una ruta alternativa para que los suministros no se detuvieran pese al accidente.
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