
Ya es casi tan imprescindible en la noche más terrorífica como las calabazas, los disfraces y el Truco o Trato. Y es que Halloween (que marcaba el comienzo del invierno para los pueblos celtas) es, en Estados Unidos, una de las fiestas más importantes no sólo a nivel de celebración popular sino también en el negocio del espectáculo. Así que, además, a las consabidas películas de terror que se estrenan en estas fechas se suman los especiales televisivos, si bien estos son más abundantes en el -incomprensible para el resto del planeta- Día de Acción de Gracias o en las almibaradas fechas navideñas.
Aún así, no hay serie que no cuente con su especial de Halloween, tanto del pasado (MASH, Friends, El Príncipe de Bel Air, Mac Gyver y, claro, Scoody Doo) como del presente catódico (CSI, Hannah Montana, Mi nombre es Earl o The Office). Pero la más gamberra, para mi gusto, fue Roseanne, allá a principios de los noventa… hasta que llegó la familia de piel amarilla y cuatro dedos, claro. Los Simpsons son los reyes de esta noche en la pequeña pantalla estadounidense con su tradicional y esperada Casa del Árbol del Terror. Desde su primera temporada, en el lejano año 1990, el universo creado por Matt Groening se hace aún más surrealista con motivo de Halloween y su vigésima edición no iba a ser menos.
Vale, pero esto, ¿qué relación tiene con la temática de este blog? Todo tiene un porqué, la edición 2009 de TreeHouse of Horror, que fue emitida hace unos días por la Fox con una audiencia de ocho millones y medio de telespectadores, dedicó uno de sus tres relatos a la carne adulterada. La cadena de comida rápida Krusty Burger lanza una nueva hamburguesa cuadrada elaborada mediante aberrantes técnicas que, al ser devorada, convierte a las personas en zombies sedientos de sangre humana (denominados Mascadores). No contaré mucho más, pero sí que, de nuevo, los vegetarianos son protagonistas en la serie. En este caso, porque son los únicos que no se transforman en muertos vivientes, fundando una Zona Segura que es la última esperanza para la Humanidad.
Continúa la lectura: Guiño vegetariano en el tradicional especial de Halloween de Los Simpsons

Si la fachada de Harrods –en la foto- hace de ejemplo, no me extraña que los niños británicos sean los que menos cumplen con la sana costumbre de apagar las luces y la televisión. Esto, de acuerdo con un estudio del Energy Saving Trust, en Inglaterra, para el que se ha entrevistado a tres mil niños del Reino Unido, España, Alemania y Francia, sobre sus hábitos energéticos en casa. El resultado de este estudio es muy curioso porque, aunque los niños británicos resultaron ser los que más saben sobre la ciencia detrás del cambio climático, son los que menos aplican estos conocimientos al ahorro de energía.
Alrededor de 40% de los niños británicos admitieron utilizar la mayoría de los artefactos de alto consumo de energía, como consolas de juego y iPods, dejar las luces encendidas y el desperdiciar energía en general, en comparación con tan sólo una cuarta parte en los otros países europeos incluidos en el estudio.
El cambio climático está dentro del currículo de estudios en Inglaterra. Por ello, el Energy Saving Trust ha dado a 50 niños cámaras de vídeo para que graben el día a día del consumo eléctrico en sus casas y actúen así como reporteros encubiertos. Al final de esta semana, en la que se celebra la Energy Saving Week, se podrán ver algunos de los resultados de estas investigaciones infantiles.
Continúa la lectura: Los niños británicos son los que menos apagan las luces y la televisión

Dos madrileñas, dos valencianas, una barcelonesa y una mexicana, ese es el origen de las seis piezas que resultaron ganadoras en la edición del pasado año de este certamen nacido para premiar los trabajos amateur que “mejor reflejen el ecologismo social desde una perspectiva integradora que entienda que los problemas ambientales y sociales deben tratarse de forma entrelazada”. Así que si no eres profesional pero te sobran ganas e ideas tienes hasta el día 15 de noviembre para embarcar a tus colegas en la grabación de un video totalmente original y de temática ecologista. Ah, ya sabes aquello de lo bueno, si breve dos veces bueno: Cuenta lo que quieras pero en menos de una hora.
Ahí va otra frase lapidaria: el camino es la meta, es decir, el propio proceso de creación es suficiente excusa para lanzarse pero, aún así, habrá premios (de hasta quinientos euros) cuyos destinatarios se conocerán el primer día de diciembre. Pero, ¿qué mejor galardón que el hecho de que tu obra sirva para que alguno de tus conciudadanos se replantee sus hábitos o actitudes? Eso pensaron los y las autoras de las piezas ganadoras en 2008, como Paisang, un conmovedor documento que nos traslada a la mallorquina Cala Llamp, lugar descrito como un “paisaje desangrado”. A partir de ese concepto llevan a cabo una acción llena de ingenio y fuerza (arte político, lo llaman) que subraya la faceta destructiva del ser humano y que no te voy a desvelar.
Otra de las piezas –igual alguna te inspira para crear la tuya- es Desnudos ante el Tráfico, que es la sensación que sienten todos los que se mueven en bicicleta por la ciudad de Madrid, considerado un “acto cotidiano de desobediencia” ante unos coches que imponen su ley. Por eso la asociación Bici Crítica montó una manifestación nudista que recorrió las calles más emblemáticas de la ciudad en ese medio de transporte al grito de “gasolina asesina”. Un testimonio colectivo con muy buen ritmo que juega con fondos musicales de tango y jazz manouche combinados con el sonido ambiente de la propia protesta.
Continúa la lectura: Videodiversidad, un certamen que fomenta el ecologismo social

El Blog Action Day es un evento anual que, aunque sea por un día, propone aunar sus fuerzas a las y los blogueros de todo el planeta. Cada año se escoge una temática que es alrededor de la que giran todos los post publicados durante esa jornada en un intento por “provocar la discusión sobre un tema de importancia global en el evento de sensibilización social más grande que se haya hecho hasta ahora en la Red”. El lema es claro: “Un sólo día, un sólo tema. Miles de voces”. Cambiemos lo de voces por teclados (exceptuando los vídeo-blog y audio-blog) y señalemos la fecha del jueves 15 de octubre como la elegida.
El tema de esta edición es el Cambio Climático y las razones para explicar esta elección son incontables, sin duda una de las más poderosas es la cercanía de la Cumbre del Clima de Copenhague. La organización del evento virtual tira de tópicos, no por ello menos válidos, cuando asegura que “El cambio climático nos afecta a todos y es una amenaza que va más allá de lo ambiental”. Cierto, si de movilizar se trata este fenómeno que afecta a la vida del planeta adopta sobradas formas amenazantes: Hambrunas, inundaciones, epidemias, guerras, millones de refugiados y daños irreparables en fauna y flora. Ante este sombrío panorama los responsables del Blog Action Day piensan que “la blogosfera tiene una oportunidad única de generar la acción de millones de personas alrededor del mundo para expresar su apoyo en la búsqueda de soluciones sostenibles ante la crisis climática”.
El primer Día de Acción Bloguera se celebró en 2007 impulsado por la gente de Envato y Collis&Cyan. En aquella primera edición participaron veinte mil internautas escribiendo acerca temas relacionados con el medio ambiente. Su éxito sorprendió a todos pues apenas contó con promoción (la idea se desarrolló en sólo tres meses) y logró que se realizaran experimentos ecológicos a tiempo real, compartir ideas creativas para crear hábitos sostenibles y dirigir la atención hacia organizaciones y compañías que promueven programas verdes. En 2008 el tema central fue la pobreza, es decir, todas temáticas enlazadas entre sí pero con la suficiente personalidad propia para protagonizar una edición de un Blog Action Day que aún está definiendo su personalidad.
Continúa la lectura: Blog Action Day 09 moviliza a la blogosfera frente al cambio climático

Si el primer post que dedicamos al deporte en Estados Unidos y su implicación con lo medioambiental estaba dedicado a la NBA y la NHL esta entrega comienza entre bates, gorras, guantes más grande que la mano y partidos de varias horas: Es el béisbol, considerado con indisimulado orgullo como el deporte nacional. La Major League Baseball, fundada en 1903, es la competición más importante de este evento eminentemente veraniego cuya temporada, a estas alturas, ya está en el momento culminante: los playoffs, donde perder significa quedar eliminado. Algo parecido se podría decir del cambio climático, por eso en marzo de 2008 se puso en marcha un programa de asesoramiento para los treinta equipos de la MLB a cargo del Natural Resources Defense Council. Se trataba de diseñar qué iniciativas medioambientales podía llevar a cabo cada franquicia a la hora de crear un ambiente sano y agradable para jugadores y aficionados.
La idea no es otra que promover las decisiones empresariales responsables de equipos y patrocinadores. Todo esto suena muy bien, pero vamos con hechos concretos. Esta temporada el equipo de Washington ha estrenado un nuevo y flamante estadio, ¿qué mejor ocasión para poner en práctica todas esas buenas intenciones? Dicho y hecho: El Nationals Park Stadium es uno de los primeros estadios que ha logrado la certificación LEED junto al de los Yankees y el de los Mets, ambos equipos de Nueva York. El citado LEED - normativa de certificación desarrollada en EE.UU. por el Green Building Council- es una garantía de diseño respetuoso con el medio ambiente, gestión sostenible y eficiente de los recursos y seguimiento de la huella de carbono en su funcionamiento. En la capital ya cuentan con un estadio de espíritu verde para un equipo que se identifica con el azul marino, no es mala combinación.
Son los primeros frutos del desarrollo de una política ambiental que pretende involucrar al equipo a todos los niveles: directivos, personal, proveedores, patrocinadores, comunicación, aficionados y jugadores. Cada franquicia de la liga será evaluada bajo estos parámetros en 2010, momento en el que se redactarán los informes de sostenibilidad. Si quieren darle emoción de verdad e involucrar a la afición, lo mejor es que los resultados de estos informes sumen o resten victorias al casillero del equipo. Entonces sí que íbamos a ver verdadero entusiasmo por los hábitos ecológicos.

El calendario deportivo en Estados Unidos está mejor distribuido que en el resto del mundo. Me explico, en lugar de comenzar todas las ligas en otoño y terminar cuando el verano anuncia su llegada, los torneos se suceden en el calendario, de forma que no han de competir por la atención mediática. ¿Alguien duda quiénes son los reyes del marketing? Eso es lo que sucede con las llamadas cuatro grandes ligas: NBA, NHL, MLB y NFL. Para a quien este tropel de siglas no le diga nada, traduzco: baloncesto, hockey sobre hielo, béisbol y fútbol americano. Durante los últimos años las organizaciones responsables de estas competiciones se han incorporado, como el resto del mundo empresarial, a los esfuerzos por cumplir con los retos medioambientales que la sociedad demanda (cada vez más centrados en el cambio climático). Además de la responsabilidad medioambiental, la gran influencia social del deporte en EE.UU. permite que sus iniciativas se conviertan en acicate para los aficionados.
Vamos con la NBA, cuya temporada comenzará puntualmente con la llegada del mes de noviembre, y que celebró su primera Green Week en primavera en estrecha colaboración con el Natural Resources Defense Council. El momento culminante de esta semana verde llegó con la utilización, por parte de todos los equipos, de camisetas tejidas con algodón orgánico y reciclado cien por cien, una iniciativa que contó con la complicidad de todas las compañías textiles que visten a las diferentes franquicias. Además, se celebró una subasta por Internet (en la web oficial de la NBA) en la que se repartieron balones fabricados a partir de materiales reciclados y autografiados por las estrellas más rutilantes del baloncesto estadounidense. El dinero recaudado fue destinado, precisamente, a favor de la NRDC.
No es nada nuevo que los jugadores de la NBA dediquen parte de su tiempo a representar a la franquicia en actos a favor de la comunidad, la Green Week no fue menos y las plantillas plantaron árboles (valga el juego de palabras), ayudaron en labores de reciclaje, limpieza de parques y fueron protagonistas en eventos de sensibilización a favor de hábitos saludables y respetuosos con el medio ambiente. A la hora de repartir los galardones honoríficos, daría el de MGP (Most Green Player) al base de Phoenix Suns, Steve Nash que, además, ganó el de mejor jugador (MVP) en las temporadas 2004/2005 y 2005/2006. Es decir, calidad dentro y fuera de la pista. Como mejor sexto hombre, el alero Louis Amundson, que acude a los entrenamientos montado en su bicicleta a pesar de que el salario mínimo en la NBA (trescientos mil euros por temporada) le daría para hacerse con un coche en el que pasear su condición de privilegiado. Y como equipo más verde –pese a que sus colores son el negro y el rojo- me quedo con los Blazers de Portland, cuya campaña de reciclaje se promociona con el lema Make it better.

Se trata de una de las organizaciones de defensa de la naturaleza más conocidas y respetadas (cuenta, como todo bicho viviente, con detractores, claro), y parte de ese status se debe al hecho de que Greenpeace se financia exclusivamente a través de las aportaciones voluntarias de socios y simpatizantes, pero nunca mediante subvenciones o aportaciones de empresas o instituciones. Por eso fuentes de ingresos como su tienda virtual son importantes no tanto en lo económico como en otros aspectos. Sus artículos sirven también para crear hábitos respetuosos con el planeta, demostrar que es posible la fabricación de productos competitivos “con materiales y tecnologías limpias” y promocionar sus campañas como en el caso de las camisetas, uno de los clásicos.
Los motivos de las camisetas son variados: La bruja de Blancanieves ofrece una manzana transgénica, un tanque reconvertido en regadera, el planeta transformado en un huevo frito debido al cambio climático,… Todas de algodón ecológico de comercio justo y en torno a 20 euros. No falta, por supuesto, la camiseta que conmemora el veinticinco aniversario de la organización con el imprescindible arco iris. Todas forman parte del catálogo de la temporada 2009/2010 que, además del tradicional calendario para el año que viene (por doce euros) incluye juegos de madera y ceras para los peques, delantales, libros, películas, tazas y algunos artículos en los que merece la pena detenerse.
El Bolígrafo tetra-brick reciclado (dos euros la unidad) está fabricado en su totalidad con resina producida a partir de bricks reciclados. Más reciclaje ingenioso, en este caso para los pequeños amantes de los animales, a quienes les espera un oso de peluche capaz de mantener el calor o el frío (treinta euros) relleno de huesos de cereza. Ahora que llega el tiempo lluvioso, el chubasquero de patata plantable está confeccionado con bioplástico de fécula de patata cien por cien biodegradable y –valga el neologismo- compostable. Cuando te quieras deshacer del impermeable, en lugar de tirarlo a la basura, lo plantas y, como incluye semillas de plantas aromáticas y arbustos mediterráneos dentro de una pequeña bola de arcilla, éstas germinarán. Eso sí, pensando que cuesta veinte euros no creo que te desprendas de él hasta que se rompa.

A pesar de que su reino no es de este mundo ya contábamos durante el verano como una representación de musulmanes, católicos o hindúes (así hasta once credos distintos) se reunieron en favor del planeta y contra el cambio climático. Ojalá no se quedara en lo simbólico, no en vano las religiones son capaces de movilizar hasta el fanatismo a cientos de millones de personas en todo el planeta. Pocas veces lo habrán hecho con un objetivo tan tangible y plausible como puede ser la defensa del medio ambiente. Además, la naturaleza (o la Creación, o Pacha Mama,…) es una referencia común para todas. Tal y como están las cosas, pensar que los dirigente políticos tomarán medidas firmes e inmediatas para dar un giro de 180 grados a la situación es, por desgracia, una cuestión de fe.
Los hindúes ya se han puesto manos a la obra en las festividades religiosas, que son auténticos eventos multitudinarios repletos de colorido y desenfreno. Nada de unas pocas jornadas como la Semana Santa en España, hablamos de meses de celebración que ahora adoptan un cariz ecológico. Al menos esa es la intención. Alguna de las tradiciones de la India son el lanzamiento de cohetes, el uso de pinturas corporales (sobre todo en la cara) y el tallado de figuras que representan dioses. Pueden parecer tres prácticas inocentes pero los cohetes conllevan contaminación (también sonora), muchas de las pinturas utilizadas son tóxicas y los ídolos están hechos con materiales no reciclables.
A ese polvo de color que he citado se le conoce como Gulal y es el que, mezclado con aceites de sándalo, permite lucir un punto de color en la frente de los y las hinduistas. Pero, en las fiestas, el Gulal tiene otro uso: ser lanzado en las calles, de forma que tapiza a viandantes y edificios. Así sucede cada año en Mumbai –o, si se prefiere, Bombay- con motivo de la celebración del festival del dios Ghanesa, la deidad de cabeza de elefante identificada con la fortuna y la prosperidad.
Calles de Mumbai en la fiesta de Ganesh




Continúa la lectura: Las prácticas medioambientales irrumpen en las fiestas religiosas hindúes

No sólo de comer vive el hombre, y no es sólo en la cocina donde tenemos que adquirir nuevos hábitos para un día a día más ecológico y sostenible. Todo lo que hacemos en el baño (o casi) también puede hacerse de manera más respetuosa con el medioambiente.
Observemos, por ejemplo, el uso del retrete. Ya nos habló Ignacio sobre la importancia de ahorrar en el gasto de papel higiénico o sobre la posibilidad de utilizar papeles higiénicos respetuosos con el medioambiente. Tirar de la cadena indiscriminadamente es, también, algo innecesario y poco ecológico. El retrete no es la basura, por lo que no vale tirar pelos o Kleenex o lo que sea y hacer uso luego de la cadena.
Instalar un sistema para reutilizar las aguas grises es algo interesante si nos planteamos empezar nuestro baño de cero, pero puede resultar bastante aparatoso (y caro) si no se da el caso y, la verdad, hay modos más sencillos de dejar de derrochar agua. De entrada, cada vez son más las marcas que ofrecen sistemas con doble caudal (más o menos agua según se precise) pero, aún así, si no disponemos de ellos, basta con poner una botella llena de agua o arena dentro de la cisterna para reducir el vaciado cada vez que tiremos de la cadena.
Además de todo ello, como dijo el alcalde londinense Ken Livingstone, no siempre hace falta tirar de la cadena cada vez que se va al baño. Mi hija, por ejemplo, antes de hacerlo, tiene la sana costumbre de preguntar si alguien más tiene que ir al baño (y, si es así, pues ya la tirará quien vaya después de ella).
¡Sacad cuentas y ya veréis la de litros de agua que podréis llegar a ahorrar con estos simples trucos!
Fotografía | Manel
Continúa la lectura: Ecología en el baño: para un uso sostenible del retrete

No Impact Man, el experimento de vida urbana sostenible, tiene un documental que ha sido presentado en la meca del cine inpedendiente, el Sundance Festival de este año.
En un post anterior os contábamos las peripecias de una pequeña familia de urbanitas de Manhattan que se planteaban dejar de darle al pico “qué mal que está el mundo…dónde iremos a parar” y se ponían a cambiar su forma de vida hasta llegar a un impacto nulo sobre el planeta. Y ya sabéis cómo es New York, con más cineastas por metro cuadrado que diseñadores gráficos en Barcelona. Sí, tantos. Como resulta que la No Impact Family tenía entre sus amigos a directores y productores, pues ya que se ponían hicieron un documental.
Parece ser que la cinta tiene bastante del melodrama que supuso para la familia recorrer ese camino, pero también tiene bastante del día a día de la experiencia. Puede ser interesante.
¡Ah! También habrá libro. Espero que ahora no se descuelguen con la línea de juguetes - porque su ciclo de vida es un problema - o con los videojuegos, porque está bien compartir tu visión, pero de ahí al scuppismo hay un paso.
Vía | noimpactman.typepad.com
Continúa la lectura: Documental No Impact Man en Festival de Sundance 2009

Hay empresas que nacen para ganar dinero, otras que nacen para hacer ganar dinero a otras personas y, si no dinero, sí calidad de vida, sostenibilidad, y equilibrio con el medioambiente. La catalana Horturba (que vendría a ser “Huertourbano”, en catalán) es de este segundo grupo, una empresa pequeña y familiar, pero con gran amplitud de miras y el convencimiento de que los pequeños cambios en los hábitos de cada uno son tremendamente poderosos para el planeta.
No sé yo si Obama ha terminado por instalar un huerto en el jardín de la Casa Blanca o si alguien de vosotros ha probado ya el Aerogarden, pero lo cierto es que hay quien no pierde la esperanza de que los balcones se conviertan en pequeños jardines, refugios para aves y plantas.
En esta línea, Horturba propone una serie de pequeños huertos que se pueden adaptar a cualquier terraza o balcón (hay distintas medidas), para que podamos conrear nuestras propias verduras de un modo mucho más natural que con aparatos de tecnología aeropónica y también sin salir de casa (bueno, se tiene que salir un poquito, a la ventana, al menos, pero se puede ir en pantuflas tranquilamente).
El mecanismo es, en este caso, muy sencillo: una mesa con tierra, unas semillas o tubérculos y ganas de ensuciarse y hacerse cargo del tema. ¿Que te cobran más de 200 euros por ello? Sí, es verdad, pero en unos meses, y tras un par de siembras y recogidas, seguro que quedan amortizados.
Estoy por regalarle uno a mi madre para que lo pruebe y poder contároslo…
Vía | www.horturba.com
Fotografía | I’m upstairs
Vivir de una manera sostenible en una gran ciudad como New York, buscando tener un impacto nulo sobre el medio ambiente. Ése era el proyecto del escritor Colin Beavan, y No Impact Man el nombre que le dió a la experiencia.
Él, su mujer, su hija y su perro Frankie han vivido un año en su apartamento en Manhattan llevando una vida con impacto ambiental nulo. Todo empezó porque sentían que sus convicciones ecologistas y su preocupación por el futuro no tenían una consecuencia directa en la vida cotidiana. Nuestro editor Valjean diría que estaban en una fase scuppie. Decidieron que era el momento de vivir siguiendo sus ideas. Primero una semana de prueba, cambiando algunos hábitos para hacer de sus vidas algo no tan negativo para el planeta, y se dieron cuenta que ganaron calidad de vida. Seguidamente se plantearon un año para ver hasta qué punto era posible.
Paso a paso fueron cambiando sus hábitos, una cosa detrás de otra. El primer paso fue no producir residuos, nada de productos o envoltorios desechables, como se plantea nuestra amiga blogger de Life Less Plastic. El segundo paso fue reducir el impacto ambiental de su comida, consumir productos locales. En su caso se plantearon un radio de 200 millas, porque local, lo que se dice local, en Manhattan no hay mucho, aunque los huertos urbanos, o incluso huertos de apartamento, pueden iniciarse en cualquier sitio y dan mucha alegría y ricos productos. Tercer paso: replantearse qué consumimos, cuánto es realmente necesario, y cómo hacerlo de una manera sostenible. El balance de No Impact Man de la experiencia es positivo: bicicletas, caminar y escaleras sustituyen pagar gimnasio, dejar de consumir lo que no es necesario da una nueva tranquilidad mental y no tener televisión les ha dado más tiempo como familia (y según confiesan, más sexo, esperemos que con condones sostenibles).
Muchos pensamos que la vida sostenible sólo es posible lejos de las ciudades, pero No Impact Man nos enseña que eso no es así, y que todos podemos encontrar la forma de llevar una vida que apueste por el futuro, y que vida sostenible no significa hacerse un ermitaño, ni nada parecido. Por supuesto, nuestra vida siempre tendrá un impacto en el medio, la forma en que han afrontado este problema en el proyecto de Colin y familia ha sido introducir impactos positivos que compensen y lleven el balance a cero. De esa manera han donado dinero para replantar árboles, han trabajado en programas de restauración del entorno urbano o han cooperado en centros de recuperación de aves. Eso ayuda en los balances, pero lo principal son nuestros hábitos y nuestro día a día. En Ecologiablog te damos unos cuantos consejos sobre cómo hacerlo.
Vía | noimpactman.typepad.com
Continúa la lectura: Vida urbana ecológica con No Impact Man