El gobierno de Holanda anunció hoy viernes que quiere introducir un impuesto verde de circulación en el que se pagará por kilómetro recorrido a partir de 2012. El objetivo, reducir las emisiones de dióxido de carbono en un 10 por ciento, además de reducir notablemente la congestión del tráfico. El sistema, además, será bien moderno, basándose en la tecnología GPS tal y como se puede leer en el comunicado emitido por el ministerio de Transporte neerlandés:
Cada vehículo estará equipado con un dispositivo GPS que registra cuántos kilómetros recorre, cuándo y dónde. Estos datos serán luego enviados a una agencia de cobro que será quien luego mandará la factura correspondiente. (Traducción libre)
Cada tipo de vehículo tendrá una tasa de base, que dependerá de su tamaño, peso y de sus emisiones de dióxido de carbono. Pero para que se hagan una idea: el propietario de un coche familiar normal pagará 3 céntimos de euro por kilómetro. Taxis, vehículos para minusválidos, autobuses, motocicletas y coches clásicos todos estarán exentos.
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La fascinación por la estética de los camioneros que recorren las interminables rutas que cruzan tierras norteamericanas inspiró a Sabino Méndez -compositor de los éxitos de Loquillo y uno de sus Trogloditas- a la hora de componer Yo para ser Feliz quiero un Camión, canción pegadiza que aún pervive en la memoria de muchos (entre los que me cuento). Pero la vida del camionero ha cambiado desde los años ochenta o, al menos, su montura. Y uno de los responsables de ese cambio es The Clean Trucks Program, una iniciativa que apuesta de forma decidida por los camiones limpios –lo de limpios es por comparación con los antiguos- que se ha puesto en marcha en el estado de California.
El programa combina palos (en forma de impuestos a los camiones más antiguos y contaminantes) con zanahorias, es decir, subvenciones a la compra de camiones respetuosos con el medio ambiente. Estas medidas han logrado que un buen puñado de transportistas den el paso y cinco mil quinientos camiones concebidos con los nuevos planteamientos sustituyan a otros tantos en las carreteras californianas. Los primeros resultados no se han hecho esperar y los puertos –lugar de carga y descarga de mercancías por carretera- del Estado han reducido sus emisiones de CO2 en casi un setenta por ciento. Uno de los más importante, el de Los Ángeles, prevé que en el año 2012 habrá reducido sus emisiones en más de tres cuartas partes, dos años antes de lo previsto por el plan.
Cuando el programa entró en vigor en otoño de 2008, se prohibieron de inmediato los camiones fabricados antes de 1989, medida que afectó a unos dos mil camiones (aproximadamente el diez por ciento de la flota californiana). Y el círculo se sigue estrechando: Los camiones adquiridos antes de 1993 estarán prohibidos a partir de enero de 2010 y será en 2012 cuando todos los construidos antes de 1997 quedarán desterrados de las carreteras. El acoso y derribo al transporte contaminante continúa: Desde febrero de 2009 se cobra en los puertos de carga unos treinta euros por cada contenedor a los propietarios de camiones diesel construidos antes de 2007. El dinero recaudado es destinado a un fondo que premia a las compañías que logran sus objetivos medioambientales, algo así como Robin Hood pero institucionalizado.
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Por fin uno de los grandes de Europa se atreve a implantar un impuesto verde. Ha tenido que ser el correoso Nicolas Sarkozy el que hiciera ayer el anuncio por el que, a partir de 2010, en Francia se gravará con 17 euros cada tonelada de CO2 emitida por el uso de petróleo, gas o carbón.
El impuesto se aplicará a empresas y a particulares. A estos últimos, no obstante, se les compensará con una reducción en su impuesto sobre la renta (en el caso de no pagar este impuesto verde al no emitir CO2 proveniente de petróleo, gas o carbón) o con un “cheque verde” compensatorio (en el caso en que la familia en cuestión sí haga uso de estos hidrocarburos).
A nivel de dinero, ¿de cuánto estamos hablando? Partiendo del precio medio de la tonelada de CO2 en los últimos dos años, 17 euros, el nuevo gravámen representará un aumento de 4,5 céntimos por litro en el precio del litro de fuel, 4 céntimos por litro en el caso de la gasolina y 0,4 céntimos por kilovatio por hora para el gas. La electricidad está exenta porque prácticamente toda proviene del nuclear, en Francia.

El ministro de Industria, Miguel Sebastián, trabaja sobre el primer borrador de la Ley de Eficiencia Energética y Energías Renovables, que debería presentarse antes del verano. Se prepara, según informaciones reveladas por elEconomista, un paquete de medidas fiscales para impulsar y promover los vehículos eléctricos y aquéllos que funcionen con, al menos, un 20% de agrocombustibles.
Esta ley se enmarca dentro del objetivo que se ha marcado España de cumplir con la directiva europea al respecto de aclanzar un 5,83% de utilización de este tipo de carburantes para el año 2010. Esta ley tal vez llegue tarde, o tal vez se espere que estimule de forma extraordinaria el mercado de los vehículos ecológicos, pero lo cierto es que, teniendo en cuenta que en la actualidad en nuestro país los agrocombustibles, biocombustibles, biocarburantes, llámenles como quieran, sólo representan el 2% del total consumido, pues la verdad, no sé yo si es muy realista un objetivo tan ambicioso.
Por otro lado, para evitar la evasión de impuestos y el fraude fiscal, el nuevo texto normativo obligará a que todas las mezclas se realicen en fábricas e instalaciones de la Compañía Logística de Hidrocarburos (CLH), y no directamente en los establecimientos de venta, como ahora.

Hace un tiempo vi un documental sobre las iniciativas ecológicas que Richard Daley, alcalde de Chicago, estaba poniendo en práctica en la ciudad de los vientos. Entre ellas, el haber sembrado césped y otras plantas en el techo del ayuntamiento. El documental lo narraba Brad Pitt y todo. Muchas eran los promesas verdes que el alcalde hizo, pero parece que pocas son las que se han cumplido. Por ejemplo, casi toda la energía que alimenta esta metrópolis continúa proviniendo de fuentes convencionales.
La promesa de Daley fue que Chicago compraría 20% de su energía de fuentes limpias, como la eólica. El plazo que se propuso para lograrlo venció hace dos años, pero la ciudad sigue comprando casi toda su energía a plantas de carbón, gas natural o energía nuclear.
En el ayuntamiento dicen que la promesa del alcalde se ha cumplido indirectamente, pues se han comprado créditos de carbono pagando a productores de energía verde, una forma muy extendida, y también muy controvertida, de compensar las emisiones de carbono.
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