
Denunció hoy lunes la ONG Survival International que una empresa de ganaderos brasileños, Yaguarete Pore S.A., está arrasando una reserva de la UNESCO habitada por una tribu indígena sin contacto previo con el mundo exterior. ¿Dónde? En la región del Chaco de Paraguay.
En concreto, se trata del único pueblo indígena no amazónico que todavía no ha sido contactado en Suramérica: son los Ayoreo-Totobiegosode. El director de Survival International, Stephen Corry, dijo lo siguiente:
La tierra de los totobiegosode está siendo destruida en este preciso momento en el que hablamos. Teniendo en cuenta que su terreno está dentro de una Reserva de la Biosfera de la UNESCO, esperamos que la UNESCO puede desempeñar un papel en detener esta destrucción y hacer presión para el reconocimiento de sus derechos a la tierra. (Traducción libre)

Sting sigue felizmente obsesionado en su defensa de la selva amazónica, cosa que me alegra. Esta vez, pide al gobierno de Brasil que escuche a los indios nativos antes de decidir sobre la construcción de la controvertida represa de Belo Monte.
Por supuesto, Sting pide una escucha activa y, si puede ser de color verde, mucho mejor. Que no se haga oídos sordos, por ejemplo, a los daños que representaría su construcción, pues el proyecto de Belo Monte ha recibido duras críticas debido a su alto costo y el potencial de daños ambientales en la cuenca del Amazonas.En palabras del jefe Raoni Txucarramae, del pueblo kayapó, en el norte de Brasil:
El gobierno quiere construir esta gran presa de Belo Monte y esto me preocupa. Esta presa puede afectar a mi pueblo, a la tierra de mi gente, la pesca, la caza y la inundación de parte del Parque Indígena del Xingu. Estoy muy preocupado por el futuro de mis nietos, mis bisnietos, es por eso que lucho para mantener la tierra, el río Xingu, en la forma en la que está ahora. (Traducción libre)
Continúa la lectura: Sting e indígenas se oponen a la construcción de una presa amazónica

Si en un post anterior trazábamos la ruta que seguirá la Caravana del Clima por Centro Europa ahora nos vamos a detener en la Copenhague que se van a encontrar las y los expedicionarios y todas aquellas personas que quieran (y puedan, pues la ciudad parece que estará casi en estado de sitio) acercarse durante los días que dure al encuentro alternativo que se desarrollará en paralelo a la cumbre. La intención es que las actividades de Climate Justice Action tengan continuidad en el futuro, constituyéndose como el germen de “una red mundial comprometida a adoptar las medidas urgentes necesarias para evitar un cambio climático que resultaría catastrófico”.
La Cumbre sobre el Clima de Copenhague ha sido calificada como la mayor esperanza para hacer algo en torno al cambio climático” pero quienes programan la Climate Justice Action (CJA) creen que “no va a resolver nada pues se lleva diciendo lo mismo desde hace quince años”. La sensación, pues, es más de impotencia que de esperanza fruto del cocktail tóxico compuesto por la ineficacia de los mandatarios, sus palabras tan bonitas como vacías, unas emisiones que aumentan cada vez más rápido y un comercio de éstas “que permite campar a sus anchas a los criminales del clima”. Las personas y organizaciones que se reunirán en la capital danesa proponen que la ciudadanía grite ¡Basta! y recupere el control de la situación bajo el lema: “Cambiar el sistema para cambiar el clima”.
En Copenhague se encontrarán diferentes movimientos, experiencias y luchas: agricultores, pueblos indígenas, ecologistas, feministas, anticapitalistas o sindicalistas. Este heterogéneo listado siente que “desde nuestras respectivas luchas hemos encontrado un terreno común en la justicia climática y en nuestro deseo de recuperar el poder sobre nuestro propio futuro”. Si hace diez años proclamaban que Otro mundo es posible, hoy se ha sustituido por Otro mundo es necesario, así que frente al boato y opulencia de la cumbre de los mandatarios mundiales, CJA propone un Encuentro de Pueblos para la Justicia Climática donde plantear y discutir soluciones reales:
Continúa la lectura: Contra-Cumbre del Clima (II): Ideario y guía de supervivencia

Hace unos días comentábamos como las autoridades británicas impedían al activista Chris Kitchen viajar a Copenhague para unirse a las acciones de presión que se celebrarán en paralelo a la Cumbre del Clima de Naciones Unidas. Mike Childs, director de Friends of the Earth, aseguró al enterarse que “resultaba escandaloso que negaran el derecho a viajar a cualquier persona por el simple hecho de que pretende protestar contra el cambio climático”. En cualquier caso, Childs no va a estar solo por mucho que blinden la capital danesa como demuestra la convocatoria Climate Justice Action.
Entre las iniciativas previas a la cumbre puestas en marcha por Climate Justice Action quiero destacar La Caravana del Clima, que reunirá a movimientos populares de todo el mundo durante varias e intensas jornadas. Delegados y delegadas de pueblos indígenas, asociaciones de agricultores, sindicatos, organizaciones ecologistas, feministas o anticapitalistas se han citado el próximo tres de diciembre en Ginebra para dar inicio a la caravana que tiene Copenhague como meta. ¿Y por qué en la ciudad suiza? Allí se celebrará en esa fecha una reunión ministerial de la Organización Mundial del Comercio y, en paralelo, cinco días de acciones de protesta (incluyendo una gran manifestación el sábado 28 de noviembre) ante una de las instituciones más duramente criticadas por el movimiento alterglobalización.
En Ginebra la caravana se dividirá en dos, uno de los grupos planea realizar un trayecto con escalas en París, poblaciones del norte de Francia y Bruselas, mientras que el otro grupo pasará por Friburgo, Frankfurt y Berlín. Ambas expediciones se encontrarán en la ciudad alemana de Hamburgo y, desde allí, realizarán juntas la última etapa hasta una Copenhague que promete bullir con motivo de la Cumbre del Clima. La llegada está programada para el nueve de diciembre pero antes hay un doble periplo de cinco días a través de centro Europa en el que pretenden no pasar inadvertidos y desplegar toda una serie de actividades que capten el interés de sus ciudadanos hacia lo que sucederá pocos días después en la capital danesa:
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“Salvemos al planeta”, es el lema central de la Minga o Movilización Global por la Madre Tierra impulsada por los movimientos indígenas de todo el mundo. Planteada por los movimientos indígenas durante el Foro Social Mundial en Belem do Pará, Brasil, en febrero del 2009, y ratificada en mayo, durante la IV Cumbre Continental de Pueblos y Nacionalidades Indígenas del Abya Yala que se realizó en Puno, Perú, tendrá lugar del 12 al 16 de octubre del 2009.
¿Qué hay detrás de esta movilización? La lucha contra la mercantilización de la vida (alimentos, agua, biodiversidad, bienes naturales); contaminación y depredación (por la minería, hidrocarburos, hidroeléctricas, forestales, ganadería, agrocombustibles, transgénicos); consumismo y criminalización de las luchas sociales; y por la construcción del Tribunal de Justicia Climática.
La idea es que durante esa semana de lucha, en cada rincón del planeta (aunque especialmente en América Latina), todos aquellos que quieran evitar que los elementos básicos indispensables de la vida sean mercantilizados y privatizados, se unan para reclamar otros mundos posibles. A la cabeza, los pueblos indígenas u originarios, cuyas formas de vida tradicionales han estado desde tiempos ancestrales en equilibrio con la naturaleza, y cuyos recursos han sido sistemáticamente saqueados.
Continúa la lectura: Del 12 al 16 de octubre, Movilización Global por la Madre Tierra

Si Elton John adaptó la letra de una canción (dedicada originalmente a Marilyn Monroe) para interpretarla en el funeral de Lady Di el ex-componente de The Police no iba a ser menos, sólo esperemos que este no sea el entierro de las selvas sino el principio de su protección efectiva. Lo cierto es que Sting se ha atrevido a hacer casi de todo durante su carrera, desde actor en películas de ciencia-ficción a grabar un disco en el que musicaba poemas de origen medieval.
No olvidamos, claro, la defensa del cantante inglés de los pueblos indígenas del Amazonas. Durante un tiempo no había manera de encontrar una fotografía suya en la que no estuviera a su lado aquel mandatario indígena que había sometido a su labio inferior a la tradicional ampliación tribal. Llama la atención que Sting apoye una campaña de una fundación que cuenta con dos años de andadura cuando él creó -allá por 1987- la suya, Rainforest Foundation. Igual se entiende mejor si aclaramos que la fundación que está dando sus primeros pasos cuanta con un patrón reconocido: Carlos de Inglaterra.
El tiempo ha pasado pero Gordon M. T. Sumner -alias Sting- sigue en sus trece, embarcado en la defensa de la selva. En este caso, el cantante se une a la campaña promovida por Prince’s Rainforests Project, pero no es la única cara popular que el príncipe Carlos ha reclutado, pues cuenta con la complicidad de los actores Robin Williams, Daniel Craig (alias 007), Harrison Ford o Stephen Fry, deportistas como Pelé, empresarios Richard Branson (dueño del imperio Virgin), el cantante Rod Stewart o David Attenborough, naturalista y protagonista de gran cantidad de documentales. Todos ellos lanzan su mensaje de S.O.S. por los verdaderos pulmones del planeta Tierra acompañados por la mascota de la campaña, una rana animada por ordenador.

De acuerdo con Torben Rick, arqueólogo de la Smithsonian Institution de Washington, la noción de nuestros antepasados como recolectores y cazadores que vivían en perfecta armonía con la naturaleza está siguiendo el camino del Dodo, un animal que se extinguió debido a la acción de los humanos hace mucho. En otras palabras, que no seamos románticos, que los pueblos indígenas incluso alteraron líneas de costa en América hace miles de años. Por no mencionar a los mastodontes cazados hasta la extinción por turbas de humanos hambrientos.
Los aborígenes en Australia, por ejemplo, quemaban enormes extensiones de tierra para alterar el paisaje de forma que les fuese más fácil cazar a los animales. Y Rick tiene hasta ejemplos prácticos: una concha de oreja de mar de 6.500 años de antiguedad, una especie de mejillón del tamaño de una mano que era consumida por los habitantes de las islas de California, quienes las tiraban al mar después de comerse su interior, lo que a larga resultó en la creación de enormes dunas.
Y también ha habido cambios intencionales, como los provocados por los habitantes de Pacífico Noroccidental, quienes construían paredes de roca en el mar, creando detrás de ellas un área de substrato arenoso especialmente bueno para la reproducción de las almejas. Rick también ha encontrado capas de huesos de nutrias marinas de miles de años de antigüedad en las islas del Canal de California, las cuales cree que surgieron después de que los humanos matasen a estos animales porque comían demasiados peces.

Morales, primer presidente boliviano de origen indígena, prometió durante la campaña electoral nacionalizar algunas empresas claves. Y cumplió. Hace tres años retomó el control de YPFB y ahora está luchando por hacerla viable. Dentro de ese plan de reflotación se contemplan una serie de perforaciones en busca de petróleo en la selva amazónica. Pero como a nadie le gusta que conviertan las tierras donde vive en un queso gruyere los indígenas de la zona están protestando.
La oposición a la búsqueda y extracción de petróleo en la selva del Amazonas está complicando los esfuerzos de exploración conjunta por parte de la citada YPFB y PDVSA, su homóloga venezolana controlada por un aliado político de Morales, Hugo Chaves. Y es que el asunto, por desgracia, tiene una clara vertiente política. La motivación del presidente de la etnia aymara para perforar en busca de petróleo en el norte de Bolivia no es otra que contrarrestar el poder económico que poseen las regiones del sureste con sus yacimientos de gas natural. Estas provincias son un bastión de la oposición y andan exigiendo mayor autonomía del poder central. La justicia social y el medio ambiente quedan en un segundo plano en este caso.
Pero cada uno es esclavo de sus palabras y Evo Morales tomó como bandera la defensa de los derechos de la mayoría indígena y desfavorecida que, hasta ahora, había apoyado de forma abrumadora su campaña –casi una cruzada- para aumentar el control estatal sobre los recursos naturales. Pero el fin de la luna de miel ha terminado y el choque está siendo amargo. Morales no ha dudado en criticar a los líderes indígenas de la remota región norteña por oponerse a las perforaciones: “Desafortunadamente algunos de mis hermanos… de nuestros hermanos, están utilizando cualquier pretexto para causar daño a la nación”.

A la hora de elegir una banda sonora que me acompañe mientras tecleo estas líneas lo tengo claro: Marcos Valle. En concreto Escape, su disco de 2001. Y no sólo por que la mezcla de Bossa Nova y ritmos electrónicos es una compañía idónea sino porque había una canción que quería volver a escuchar: O Ìndio é o Brasil (El Indio es el Brasil). El propio Marcos contaba como la compuso “porque creía que los indígenas debían ser una parte importante de Brasil. Ahora viven en zonas concretas a las que hay gente que llega y hace suyas. No se habla suficiente de su situación”. Precisamente para sensibilizar acerca de esa situación de la que habla el veterano cantante carioca nació el Día de los pueblos indígenas, que se celebra el próximo domingo 9 de agosto.
La organización Survival –dedicada a la defensa de los pueblos indígenas desde hace cuarenta años– centra sus esfuerzos en una campaña que intenta que todos los estados ratifiquen la legislación que protege a los indígenas. Una causa que va de la mano de forma indisociable con la protección del medio natural donde viven estos pueblos. El tratado internacional en cuestión es el llamado Convenio 169, un documento promovido por la OIT (Organización Internacional del Trabajo) que reconoce el derecho de propiedad de las tierras que habitan, su igualdad con respecto a cualquier otro ciudadano y su libertad en la toma de decisiones acerca de temas que les afecten.
Los responsables de la campaña de Survival explican como este convenio es más poderoso que la Declaración sobre Pueblos Indígenas de la ONU porque obliga a los gobiernos que lo ratifican a su cumplimiento. Entre los estados que han firmado están la mayor parte de los centroamericanos y sudamericanos así como tres de la Unión Europea (entre ellos, España). Pero aún queda mucho camino por andar: Australia, Canadá o EE.UU. no se han sumado al tratado pese a que sus fronteras acogen pueblos indígenas. Tampoco lo han ratificado países como Gran Bretaña o Francia escudándose en argumentos tan ridículos como que en su territorio no habitan indígenas. Lo ridículo se convierte en actitud hipócrita cuando se descubre que empresas de titularidad estatal de ambos países tienen intereses comerciales en tierras habitadas por pueblos indígenas. Una mente malpensada podría pensar que no quieren atarse las manos ante futuras (o pasadas) tropelías.

La deforestación, entre otros cambios medioambientales provocados por las actividades humanas, está haciendo que el Amazonas sea cada vez más seco y caliente. La vida de los seres vivos que habitan esta región de la tierra, incluyendo a los seres humanos, se ve inexorablemente afectada por estas alteraciones en las características normales de su hábitat. La tribu de los Kamayurá, que habita en el Amazonas brasileño (en la foto la tribu kalapalo, con quienes comparten el río Xingu), son un ejemplo de ello. Los ríos y lagos de su territorio se están secando, y con ello están desapareciendo los peces, principal sustento de estos indígenas.
En lugares en los que los peces solían abundar, ahora los Kamayurá pueden pasar toda la noche intentando pescar un pez, sin suerte alguna. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, establecido bajo el seno del Programa Medioambiental de Naciones Unidas y la Organización Meteorológica Mundial, sostiene que 30% de las plantas y animales terrestres enfrentan un serio peligro de extinción si la temperatura global aumenta dos grados Celsius.
Los antropólogos temen que los pequeños grupos indígenas de la selva desaparezcan junto con su hábitat. En el caso particular de los Kamayurá, dependen en gran medida de los peces para su supervivencia. Algunas veces comen monos, pero dicen necesitar al menos 30 de estos animales para satisfacer el apetito. Pero los grupos indígena cuya cultura está siendo amenazada por el cambio climático se pueden encontrar en todo el mundo.
Continúa la lectura: El cambio climático amenaza el futuro de los grupos indígenas del Amazonas

Alberto Pizango, líder de la campaña en contra de los proyectos de explotación petrolera y minera que se quieren llevar a cabo en la selva peruana, ha pedido asilo en la embajada nicaragüense de Lima después de que se hiciera pública una orden de arresto en su contra. En un post anterior os habíamos contado la lucha del grupo de indígenas liderado por Pizango.
Mientras tanto, cientos de indígenas awajun y wambi se mantienen en la selva, escondidos de las fuerzas de seguridad de Estado peruano que han retomado el control de varias de las zonas declaradas en desobediencia, luego de una jornada extremadamente violenta que ha dejado un saldo de docenas de muertos. El momento más crítico se produjo el viernes pasado, cuando la policía disparó contra los indígenas que protestaban de forma pacífica en una carretera a 1400 kilómetros al norte de Lima.
Entre las víctimas están al menos 40 indígenas que participaban en las protestas -niños incluidos- según han dicho los líderes indígenas, quienes también sostienen que las fuerzas de seguridad han enterrado a otras víctimas en fosas comunes o en os ríos, para que no transcienda la verdadera magnitud de lo que está sucediendo.
Continúa la lectura: Perú: líder indígena pide asilo político a Nicaragua

Las comunidades indígenas del Abya Yala o América defienden el concepto de el buen vivir, en oposición al “vivir mejor”, como un modelo de vida o de desarrollo más justo, más sostenible o sustentable, más ecológico. Se abre con especial fuerza en América Latina, hasta el punto que, recientemente, Ecuador y Bolivia han incluido el buen vivir en sus respectivas constituciones como el objetivo social a ser perseguido por el Estado y por toda la sociedad.
En oposición al vivir mejor occidental, al siempre vivir mejor de la lógica neoliberal, el buen vivir propone un modelo de vida mucho más justo para todos. Para que unos pocos vivan mejor, que es lo que sucede ahora en el Primer Mundo, para asegurar esas desmedidas demandas de consumo y despilfarro, tiene que existir un Tercer Mundo que provea de materias primas y mano de obra baratas. Muchos, en definitiva, tienen que “vivir mal” para que unos pocos “vivan bien”.
El buen vivir es, en cambio, muchísimo más equitativo. En vez de propugnar el crecimiento contínuo, busca lograr un sistema que esté en equilibrio. En lugar de atenerse casi exclusivamente en datos referentes al Producto Interior Bruto u otros indicadores económicos, el buen vivir se guía por conseguir y asegurar los mínimos indispensables, lo suficiente, para que la población pueda llevar una vida simple y modesta, pero digna y feliz.