
En apenas un par de noches cuatro granjas peleteras han recreado aquella película de los sesenta titulada La Gran Evasión que era un canto a la resistencia. Pero, en este caso, quienes huían de sus captores no eran Steve McQueen, James Coburn, Richard Attenborough o Charles Bronson sino miles de visones. Lo cierto es que la industria peletera española –y su clientela- es responsable de la muerte de más de cuatrocientos mil de estos mamíferos cada año. Tras una existencia confinados en jaulas (cubos de unos 50×50x50 centímetros) son ejecutados con una técnica grotesca: Asfixiados con los gases del tubo de escape de un tractor.
Las hembras sobreviven hasta tres años pues son utilizadas como reproductoras aunque sus crías les son arrebatadas a las pocas semanas. El resto de la historia lo imaginas, son despellejados y utilizados en la industria textil. Ese guión ha cambiado para los miles de visones liberados en las últimas madrugadas en granjas peleteras de Soria y A Coruña. La última ha sucedido en Lubia e, inmediatamente, varias cuadrillas del Servicio Territorial de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León han sido movilizadas para su captura y devolución a su celda que, en un mes, se convertirá en tortura y muerte siguiendo los pasos explicados.
La noche anterior la actividad de los anónimos libertadores se coordinó para que su acción provocara la atención de los medios de comunicación y, por tanto, un debate público. Las granjas –campos de concentración y exterminio animal, si se prefiere- elegidos fueron los situados en Abegondo, Montouto y Bisoño. Sin embargo, el enfoque de la mayoría de medios de comunicación, lejos de explicar como es la existencia y la muerte de los visones se ha centrado únicamente en los aspectos negativos, que los hay (atropellos, desequilibrio de ecosistemas). ¿Lo han hecho por desidia? ¿Por falta de tiempo para elaborar las informaciones? ¿Por presión de empresarios y autoridades? ¿Por decisión puramente profesional? ¿Por convencimiento personal?
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Hasta ahora el lignito había ocupado un puesto secundario entre los recursos minerales por tratarse de un tipo de carbón (de un reconocible color pardo) con un alto grado de humedad, bastante inflamable y un bajo rendimiento energético. Su papel quedaba reducido al de consumo interno en aquellas zonas donde abundaba pues sus características desalentaban a cualquiera a la hora de convertirlo en producto para la exportación. Pero la crisis energética y los adelantos técnicos como el secado o la gasificación han logrado que el hasta ahora relegado lignito se convierta en un negocio rentable por su potencial como combustible o fertilizante.
Los defensores de esta versión dos punto cero del lignito aseguran que con los nuevos tratamientos a los que es sometido su grado de humedad se reduce considerablemente así como sus emisiones de CO2 al quemarse, que disminuyen en una tercera parte. Todas estas novedades han hecho que las minas del estado de Victoria (sureste de Australia) cobren una nueva dimensión. Por lo pronto, los expertos calculan que con el lignito localizado hasta la fecha la región tiene, con su nivel de consumo actual, para cinco siglos. Y, aún así, hay trece mil millones de toneladas disponibles para otros usos. Así que lo que antes era un simple dato geológico ahora se ha convertido en una oportunidad de negocio demasiado suculenta como para dejarla pasar.
La mayor parte de estos millones de toneladas potencialmente disponibles para la exportación se concentran en valle de Latrobe, tal y como recoge el documento interno que maneja el gobernador del estado de Victoria y que los medios australianos se han encargado de hacer público calificándolo de “secreto sucio”. El documento reconoce que la apuesta por la exportación de lignito disparará las preocupaciones de la comunidad pues supone multiplicar los gases de efecto invernadero en comparación con el gas o el carbón. El gobernador Brumby ha respondido a las críticas con un argumento simplista: “No veo ninguna razón por la que no se pueda exportar lignito, Australia exporta petróleo, gas, carbón y uranio, ¿por qué este caso es distinto?”.
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Hay una máxima empresarial que dice que sólo es posible la supervivencia de un negocio si éste no para de crecer. Como ejemplo paradigmático se podría poner el de la compañía de software medioambiental Village Green Global Technology. Sus comienzos nos llevan a la ciudad de Melbourne, fue allí donde en 2002 dio sus primeros pasos como empresa de consultoría medioambiental. Cuando Australia se les quedó pequeña comenzaron a ampliar su radio de acción: Malasia, varios países de Oriente Medio y, el desembarco en Europa, a través de Irlanda.
El mercado en el cual han puesto ahora sus ojos muestra la ambición de la compañía, se trata de Estados Unidos, donde el estímulo público al sector de las tecnologías limpias es de varios miles de millones de dólares. Una tarta realmente apetitosa a la que Village Green quiere hincarle el diente. Y no hablamos de una porción. La compañía tiene previsto convertirse en el líder del mercado estadounidense en cinco años (es decir, hacerse con el cuarenta por ciento del total). Por ahora ya tiene sede, una oficina en Palo Alto (California) y está en pleno proceso de selección de una plantilla de doscientas cincuenta personas.
Te preguntarás: Vale, ¿dónde está la trampa? ¿Cuál es el conejo en la chistera de Village Green? Pues acertaste, pero no es un conejo sino un elefante llamado Microsoft. La todopoderosa compañía de Bill Gates es la socia de los australianos para asaltar el atractivo sector medioambiental. Baste con este dato, las última estimaciones aseguran que serán casi setenta mil los puestos de trabajo que se crearán para auditores ambientales contratados por el sector público en Estados Unidos.

Lo que en muchos lugares de Occidente es un gesto cargado de simbolismo, una iniciativa bienintencionada, un experimento que apunta hacia el futuro o un gesto tomado por extravagante en las zonas rurales de Bangladesh sólo tiene una lectura: Una gran noticia. Me refiero a la instalación de paneles solares en los hogares. Y es que la situación del país asiático respecto al suministro eléctrico es muy distinta a la que disfrutamos por estos lares.
Sólo el cuarenta por ciento de sus ciento cincuenta millones de habitantes tienen acceso a la electricidad y la mayoría con cortes y exclusivamente unas horas cada jornada. En otras zonas, la corriente eléctrica se cae durante días, dificultando la actividad cotidiana y deteniendo el trabajo de fábricas y oficinas o, por ejemplo, las bombas de riego en el sector agrícola. En esta situación, ¿qué empresario apostaría su capital poniendo en marcha un proyecto industrial?
Eso los que tienen suerte. Pero, ¿los otros ochenta millones de bangladesíes? La mayoría viven en zonas rurales y en este punto es donde hace su aparición la energía solar. Grameen Shakti, una organización sin ánimo de lucro vinculada al Premio Nobel de Muhammad Yunus (sí, el de los microcréditos), ofrece a la población la instalación de paneles solares en sus casas. Dipal Chandra Barua, uno de los responsables del proyecto, planea llegar a diez millones de personas a finales de 2012. Por ahora la cifra habla de más de dos millones de beneficiarios. Es decir, un cuarto de millón de hogares y pequeños negocios.
GreenOrder es una firma de consultoría de estrategia y gerencia que se especializa en energía y medio ambiente. Su fundador y presidente, Andrew Shapiro, ha explicado a CNN cómo hacer de todo trabajo un trabajo ecológico. La clave no está -sólamente- en crear más negocios enfocados a la ecología y el medio ambiente, sino en adaptar el mercado laboral actual a dos prioridades públicas: la creación inmediata de puestos de trabajo y la transformación de la economía para que sea sostenible y próspera a la vez.
Para Shapiro, no sólo importa la creación de puestos de trabajo en nuevas industrias verdes sino también la creación de nuevos empleos en industrias tradicionales de manera que esas industrias se hagan más ecológicas. Y pone un ejemplo: la industria inmobiliaria. La adaptación a la eficiencia energética de edificios y hogares tiene el potencial de generar tanto ahorro de energía como empleos para ingenieros, electricistas y otros perfiles que normalmente no se consideran ecológicos.
De hecho, sostiene Shapiro, incluso la inversión en sectores que se reconocen como ecológicos verdes pueden tener otros impactos económicos positivos directa e indirectamente. Una inversión energía eólica, por ejemplo, redundará en creación de empleos en empresas de fabricación de turbinas de viento, de componentes para las plantas,
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Si hay algún observatorio privilegiado desde donde tomar el pulso del bautizado por los romanos como Mare Nostrum esa es Malta, única isla mediterránea –junto a la conflictiva Chipre- que constituye por sí misma un estado independiente. Desde allí nos llega el alarmante aviso de la ONG medioambiental Nature Trust: Más de una tercera parte de las especies de tiburones del Mar Mediterráneo se enfrenta a la extinción. El responsable es el finning, una técnica que consiste en amputar las aletas de los tiburones y lanzar el resto del animal al mar.
Esta práctica habitual de la industria pesquera provoca que setenta y cinco millones de tiburones de diferentes especies sean sacrificados cada año para la amputación del cinco por ciento de su cuerpo exclusivamente. Sí, has leído bien la cifra: 75 millones de ejemplares. El destino de esta mutilación en masa no es otro que el plato de cualquier comensal de un restaurante que pida sopa de aleta de tiburón. Y no es un negocio menor sino un mercado que mueve cientos de millones de euros.
A los tiburones que son pescados se les corta la aleta y son devueltos al agua cuando con frecuencia, aún están vivos. No por mucho tiempo, los escualos sufren una lenta agonía hasta morir. Una muerte que es fiel reflejo de como el ser humano esquilma la riqueza natural sin más miramientos que su propio beneficio inmediato. Y es que se sacrifica a un animal en peligro de extinción para recolectar únicamente una pequeña parte. El resto del animal, pese a que también sería aprovechable, ni se embarca ni se aprovecha pues el beneficio que produce con su venta es menor. Es decir, en las bodegas de los barcos no se almacena todo el animal porque de esta forma se gana espacio para acumular más cantidad de aletas.
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El Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña ha realizado un informe por el que ha analizado los niveles en sangre de 19 compuestos orgánicos persistentes (COP), que son sustancias químicas tóxicas que se acumulan en el organismo y que se transmiten de madres a hijos, en una muestra realizada a 919 personas. Resultado: todas están contaminadas por al menos 3 de esos 19 compuestos analizados.
Este estudio es especialmente relevante porque se trata del primero de este tipo realizado en España. Se sospecha que casi toda la población mundial están contaminadas por sustancias como el DDT o las dioxinas, pero muy pocos países han realizado estudios en profundidad para conocer su incidencia real en la salud de sus ciudadanos.
Los 19 compuestos analizados fueron elegidos por su uso continuado a lo largo de décadas en la agricultura y la industria. Entre ellos, el plaguicida DDT y su compuesto de degradación DDE, el pesticida HCB o hexaclorobenceno, y cuatro policlorobifenilos (PCB 118, 138, 153 y 180), que se usan como aislantes eléctricos. Las sustancias presentes en todas las muestras de sangre son el DDE y el PCB 180. Por otro lado, ocho compuestos se detectaron en el 85% de las muestras.

La famosa cadena Starbucks junto con la organización sin fines de lucro Conservation International están buscando atenuar los problemas de la industria del café creando una suerte de manual de buenas prácticas, lo han bautizado como C.A.F.E. Practices, acrónimo en ingles de Coffee and Farmer Equity Practices. La colaboración se tradujo en un conjunto de directrices medioambientales, económicas y sociales a considerar a la hora de comerciar con el apreciado grano.
En el 2008, Starbucks compró el 77 por ciento de su café con estas directrices y su meta es lograr que el 100 por ciento de sus compras se ajusten a este reglamento para el año 2015. En el mercado mundial Starbucks es un operador relativamente pequeño, con alrededor de 1 por ciento, sin embargo, ha encontrado una forma de aprovechar su poderío e influencia.
Las tiendas de café consumen grandes cantidades de combustibles fósiles y recursos naturales en sus operaciones. La mayoría de las tiendas de Starbucks están ubicadas en zonas en las que el café no se cultiva, por lo tanto, debe ser transportado miles de kilómetros. Y con más de 4.500 tiendas de Starbucks en 47 países, gran cantidad de los recursos deben ser utilizados para construir tiendas que se ajusten climáticamente a la conservación del café.

Cerca de un tercio de la industria mundial del cemento se ha unido en una estrategia para reducir los gases de efecto invernadero, sin que ello implique un obstáculo para el desarrollo inmobiliario en los países más pobres. El sector del cemento contribuye con cerca del 5% de las emisiones globales de CO2, capacidad que podría duplicarse para 2030 debido al crecimiento urbano en los países en desarrollo.
La iniciativa se llama Cement Sustainability Initiative –iniciativa de cemento sostenible-, y sus 18 miembros producen cerca del 30% del cemento mundial. Incluye la construcción de un sistema para monitorear, reportar y verificar CO2, así como compartir tecnología y buenas prácticas para reducir las emisiones.
De acuerdo con el director de la iniciativa, las emisiones de CO2 podrían reducirse hasta 25%, en comparación con una situación actual en la que no existen compromisos sobre estas reducciones en los países más pobres.
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El abuso de antibióticos por la industria porcina comercial para tratar y sobre todo para prevenir enfermedades ha dado lugar a la aparición de múltiples bacterias y virus que, tras mutar, se han vuelto resistentes a los antibióticos. Ahora, con una pandemia inminente por el H1N1 o gripe porcina, se hace más evidente que nunca que nuestro modelo de explotaciones industriales de cerdos y otros animales a gran escala y bajo la divisa de producir al menor precio posible, pone irresponsablemente en peligro la salud humana.
Uno de los ejemplos más claros y conocidos de bacteria que se ha vuelto resistente a los antibióticos es el Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (SARM). Descubierto originalmente en el Reino Unido en 1961, está actualmente muy propagado y causa graves complicaciones de salud en humanos. Para que hacerse una idea: un estudio holandés descubrió que granjeros de cría de cerdo tenían 760 veces más probabilidades de portar la SARM; Scientific American informa de que esta cepa se encuentra en el 12% de las muestras de carne de cerdo holandés; según un estudio realizado por la Universidad de Iowa, el 45% de los productores de porcino y el 49% de los cerdos exhaminados son portadores del SARM.
El problema del virus H1N1 o fiebre porcina tiene el mismo origen: la producción industrial e intensiva de animales en recintos dónde éstos viven hacinados y en malas condiciones higiénicas. Como cualquier infección en esas condiciones se extendería como la pólvora, la industria mete bombas de fármacos y antibióticos en los organismos de animales perfectamente sanos como medida de precaución. De esta forma, se tienen todos los números para favorecer la mutación de bacterias y virus para convetirse en resistentes a los antibióticos. Así, las instalaciones intensivas de porcino, aves, o lo que fuere, se convierten en incubadoras de agentes tan virulentos como la gripe aviar o la que ahora nos trae de cabeza, la porcina.
Continúa la lectura: El abuso de antibióticos en la industria agropecuaria, origen de pandemias

Durante más de una década, la Global Climate Coalition, grupo que representaba a los grandes de la industria americana ligada a los combustibles fósiles (Chevron, Chrysler, Exxon, Ford, General Motors, Mobil, la National Coal Association, la Western Fuel Association…), hizo lobbying y propaganda contra la idea de que los gases de efecto invernadero eran la causa del cambio climático. Ya a principios de los ‘90 emitían comunicados “científicos” asegurando que “el papel de los gases de efecto invernadero no se comprende bien” y que “los científicos difieren”. Pero ahora se ha hecho público un documento de sus propios científicos y técnicos en el que se dice que no puede negarse la relación entre las actividades humanas y el cambio climático. Mentían a sabiendas.
El fragmento, redactado por los mismos expertos de la Global Climate Coalition (GCC), decía tal que así en un documento con fecha de 1995:
Las bases científicas sobre el efecto invernadero y el impacto potencial de las emisiones humanas de gases de efecto invernadero como el CO2 en el clima está bien establecido y no puede negarse. (Traducción libre)
La GCC, que se describía a sí misma como “una voz del mundo de los negocios en el debate sobre el calentamiento global”, llevó a cabo las campañas de publicidad más agresivas en torno a las dudas e incertidumbres sobre el calentamiento global, y minó pues de esta forma la comprensión de la opinión pública del impacto humano sobre el cambio climático y sobre sus peligros. Y, claro está, bloqueó con su intoxicación mediática cualquier medida para limitar las emisiones de dióxido de carbono. Por ejemplo, que Estados Unidos, el mayor contaminante del planeta, se adhiriera al Protocolo de Kyoto en 1997.
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Este invento se merecería un premio en el Greener Gadgets Competition, de haber participado. Se trata de la Bottle Light, una luz de emergencia o linterna que no precisa de electricidad externa o de batería de ningún tipo. ¿Cómo funciona? ¡Con aire comprimido! Y no, no hacen falta ni complicadas bombas compresoras ni mucho espacio para que se haga la luz. No, el diseño de Jia Peng, Cheng Peng y Wang Dong Dong sólo requiere que recicles una botella de plástico y le añadas el dispositivo de la Bottle Light, que viene con su tecnología LED incorporada.
Hemos hablado repetidamente de coches, motocicletas y bicicletas eléctricas. También de sistemas para cargar con energía renovable las baterías de los gadgets que pueblan nuestra vida, ya sea por movimiento, por efecto termoeléctrico, por el sol, etc.
Pero todos estos inventos o supuestos avances tienen, por lo menos, dos inconvenientes en común: el principal, que una vez desechadas, las baterías liberan las sustancias tóxicas que contienen en el medio ambiente; el menos evidente, que cada vez somos más dependientes del litio, el mineral que está en la base de toda la tecnología actual de baterías y que, concentrado en Bolivia, empieza a ser ambicionado por diferentes países e industrias.
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