
Ylang Ylang es una flor exótica que enternece con tan sólo escuchar su nombre (se pronuncia con la i muy larga). Pero demos un pasito más, porque para pasar de la ternura a la sensualidad basta con hacer algo tan sencillo como aspirar el aroma de esta flor amarilla de olor dulce …y con gran fama de tener propiedades afrodisíacas.
Sí, baby, su exótica fragancia oriental, que recuerda a la del jazmín, se utiliza con frecuencia en aromaterapia por sus cualidades afrodisíacas y desestresantes. Algunas culturas de la Cuenca del Pacífico, donde se encuentra su árbol (el canagium), asocian el perfume que emana de esta flor con las bodas y las lunas de miel, pero de estas costumbres sólo has de saber una cosa si lo que pretendes es seducir sin rituales de por medio: unas cuantas gotas de Ylang Ylang son casi mágicas para llenar de sensualidad la atmósfera.
Esta propiedad, y su dulce aroma, explican la popularidad del Ylang Ylang en las fórmulas de muchos perfumes, que se venden como infalibles para atraer al sexo opuesto. Pero, ¿y tú, qué puedes hacer además de ponerte un perfume para que el aceite esencial de Ylang Ylang mejore tus experiencias sensuales y tu vida sexual?
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¿Recordáis la cama de la pequeña Heidi, allá en las montañas? Era de mullido heno, y aquella adorable niña pedía deseos a las estrellas tan, pero que tan felizmente tumbada sobre ella…. No sé a vosotros, pero a mí estas cosas me ponen ojitos nostálgicos. Pues bien, igualito, igualito a este bucólico camastro, hasta con ventanucos, es el alojamiento en un pajar que propone un curioso hotel alemán.
El huehotel (hue significa heno en alemán) Zum Alten Marstall, se encuentra a los pies del castillo de Guttenberg, del siglo XI, y está ambientado en plan medieval. Podríamos decir que es un regreso a otros tiempos, menos trillados (por eso del mayor beneficio que da lo inesperado), más austeros (por esto de la crisis) y más ecológicos (por aquello de la contaminación planetaria). Un punto y final a lo que ya conocemos y una oferta turística de bajo impacto medioambiental muy aplaudida por ecoturistas y amantes de la naturaleza en general.
Su punto fuerte, como el de cualquier hotel que se precie, es la cama, y en este inusual hotel germano dan el campanazo: dormir en una cama de heno recién rastrillada es posible por tan sólo ocho euros por persona. Un precio que atrae a mochileros, parejas, familias y grupos numerosos de viajeros, que pueden dormir en un gran granero o en habitaciones privadas. Ahora, eso sí, mejor olvidar el servicio de habitaciones y, huelga decirlo, está prohibidísimo para los alérgicos.
Zum Alten Marstall, hotel con camas de heno
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