
La Fiscalía General de Venezuela ha abierto una investigación sobre la muerte de seis miembros de una comunidad de la etnia indígena yanomami, ubicada en la Sierra de Parima, al sur de Venezuela y cerca de la frontera con Brasil. Una de las hipótesis es que cuatro de las seis víctimas murieron por beber agua contaminada con mercurio.
El mercurio es utilizado en la minería ilegal para amalgamar el oro y así separarlo de las rocas. En la Sierra de Parima, ubicada al sur del estado Amazonas, nace el río Orinoco, el tercero más caudaloso del mundo. No es de extrañar que todo ese mercurio utilizado por los mineros ilegales, conocidos en la región como garimpeiros, vaya a parar al cauce del río.
En 2008, el canal de televisión inglés Channel 4 realizó un reportaje sobre la minería ilegal en el Amazonas brasileño. Volando sobre la selva, el equipo de grabación tomó imágenes de una pista de aterrizaje abierta en medio del bosque por los mineros y la desviación del cauce de un río cercano a una aldea yanomami, lo que había generado un brote de malaria.

La UE ya ha comenzado a eliminar las bombillas incandescentes y para el 2012 todas las lámparas tradicionales serán ilegales. Desde hace ya unos meses los consumidores sólo tienen la opción de comprar las bombillas de bajo consumo.
Pero las nuevas lámparas fluorescentes ya tienen sus detractores: han sido criticadas por su tenue luz verde, hay quienes dicen que pueden producir erupciones en la piel o estimular las migrañas. Ninguna de estas críticas tiene mayor fundamento científico, sin embargo la última denuncia contra las eco-bombillas proviene de una investigación hecha por el diario londinense Daily Telegraph que ha comprobado como miles de los bulbos de bajo consumo son desechados en los contenedores en vez de ser reciclados.
Las CFL duran hasta 15 veces más que las bombillas normales, sin embargo tienen un coste para el medio ambiente. Cada bulbo contiene alrededor de 4 mg de mercurio, que ayuda a convertir la corriente eléctrica en luz. Aunque esto es apenas suficiente para cubrir la cabeza de un bolígrafo, podría ser perjudicial una vez que se escapa al medio ambiente porque estos metales pesados se acumulan sin degradarse.
Continúa la lectura: La bombillas de bajo consumo no se reciclan correctamente
Los estadounidenses ya no han de elegir guarnición cuando pidan un plato de pescado en un restaurante porque viene ya incorporado. Puede que pienses que el humor negro no sea la mejor forma de afrontar esta noticia pero otras posibilidades, como la alarma, me seducen menos. Realmente, la actitud tomada por los organismos estadounidenses parece la más sensata: seriedad y transparencia. Lo de transparencia siempre entre comillas en el país de los lobbies, claro, pues este asunto reúne intereses económicos que colisionan con la salud de la población y de la fauna.
Juzga tú mismo, un estudio de la Geological Survey de EE.UU. revela que la presencia de mercurio en los peces de agua dulce del país norteamericano es moneda común. Y no se trata sólo de la simple presencia, sino que una cuarta parte de estos peces contiene mercurio en niveles superiores al máximo permitido. Es decir, la cantidad detectada es peligrosa para el ser humano según los baremos de la Environmental Protection Agency. El equipo de investigación recogió, entre los años 1998 y 2005, muestras en casi trescientos ríos y arroyos de todo EE.UU. Los resultados del análisis fueron contundentes, registrándose los niveles de mercurio más altos en los estados Carolina del Norte y del Sur, Georgia, Florida y Louisiana (frente a zonas menos afectadas como el Noreste y el Medio Oeste del país). Para hacerse una idea de la magnitud del problema no hay más que echar un ojo a las zonas coloreadas del mapa.
En este punto llegamos al meollo del asunto: ¿Qué produce este envenenamiento? Pues el mercurio, que proviene de la propia atmósfera al depositar la sustancia en las corrientes de agua a través de la lluvia. Sí, ¿pero de dónde proviene este mercurio? Todos los dedos apuntan a las centrales térmicas, que son la mayor fuente de emisiones de mercurio en los Estados Unidos. Pero no son las únicas culpables, una quinta parte de los ríos también fueron afectados por la explotación minera. ¿Tomarán medidas las compañías y el gobierno estadounidense? Imagino los menús de directivos y mandatarios –así como de sus familias- incluyen pescado.
Continúa la lectura: El pescado contaminado por mercurio preocupa en EE.UU.

A la hora de elegir una banda sonora que me acompañe mientras tecleo estas líneas lo tengo claro: Marcos Valle. En concreto Escape, su disco de 2001. Y no sólo por que la mezcla de Bossa Nova y ritmos electrónicos es una compañía idónea sino porque había una canción que quería volver a escuchar: O Ìndio é o Brasil (El Indio es el Brasil). El propio Marcos contaba como la compuso “porque creía que los indígenas debían ser una parte importante de Brasil. Ahora viven en zonas concretas a las que hay gente que llega y hace suyas. No se habla suficiente de su situación”. Precisamente para sensibilizar acerca de esa situación de la que habla el veterano cantante carioca nació el Día de los pueblos indígenas, que se celebra el próximo domingo 9 de agosto.
La organización Survival –dedicada a la defensa de los pueblos indígenas desde hace cuarenta años– centra sus esfuerzos en una campaña que intenta que todos los estados ratifiquen la legislación que protege a los indígenas. Una causa que va de la mano de forma indisociable con la protección del medio natural donde viven estos pueblos. El tratado internacional en cuestión es el llamado Convenio 169, un documento promovido por la OIT (Organización Internacional del Trabajo) que reconoce el derecho de propiedad de las tierras que habitan, su igualdad con respecto a cualquier otro ciudadano y su libertad en la toma de decisiones acerca de temas que les afecten.
Los responsables de la campaña de Survival explican como este convenio es más poderoso que la Declaración sobre Pueblos Indígenas de la ONU porque obliga a los gobiernos que lo ratifican a su cumplimiento. Entre los estados que han firmado están la mayor parte de los centroamericanos y sudamericanos así como tres de la Unión Europea (entre ellos, España). Pero aún queda mucho camino por andar: Australia, Canadá o EE.UU. no se han sumado al tratado pese a que sus fronteras acogen pueblos indígenas. Tampoco lo han ratificado países como Gran Bretaña o Francia escudándose en argumentos tan ridículos como que en su territorio no habitan indígenas. Lo ridículo se convierte en actitud hipócrita cuando se descubre que empresas de titularidad estatal de ambos países tienen intereses comerciales en tierras habitadas por pueblos indígenas. Una mente malpensada podría pensar que no quieren atarse las manos ante futuras (o pasadas) tropelías.

Tener una casa ecológica también significa iluminarla bien, con bombillas adecuadas a cada estancia para conseguir un consumo eficiente. Mientras llegan al mercado luces que prometen maravillas, si lo que quieres es ahorrar energía y dinero, descubre con nosotros las ventajas de las bombillas de bajo consumo frente a las convencionales.
Ya se sabe que utilizar las bombillas de bajo consumo es un gesto ecológico. Pero, ¿por qué?. Pues porque con su uso se reducen notablemente el consumo eléctrico y las emisiones de CO2 (5 bombillas disminuyen en 340 kg los gases causantes del efecto invernadero).
En cifras, una de estas ecobombillas ahorra alrededor de 100 euros durante toda su vida útil, ya que chupa un 80% menos de energía. Y esto también se nota en la factura de la luz. Es decir, una lámpara de bajo consumo de 22 watios sustituye a una incandescente que consume 100 watios, y su duración es entre 6 y 8 veces superior a la bombilla convencional. Además, el precio medio de una bombilla de 100 watios es de alrededor de 1 euro, mientras el de una bombilla de bajo consumo de 24 watios (que equivale a una bombilla clásica de 125 watios).
Continúa la lectura: ¿Bombilla tradicional o de bajo consumo?

De acuerdo con el diario inglés Times, un gran número de trabajadores chinos de las fábricas de bombillas compactas fluorescentes se ha envenenado con el mercurio que forma parte de éstas. Tanto los documentos del ministerio de sanidad chino como la propaganda de salud ocupacional describen el envenenamiento por mercurio en las fábricas de bombillas como una preocupación de salud pública en aumento.
La fabricación de estas bombillas requiere que los trabajadores manipulen mercurio en estado sólido o líquido, ya que una cantidad pequeña de este metal es colocada en cada bombilla para que tenga lugar la reacción química que produce la luz.
Times sugiere que el aumento en la demanda exterior de estas bombillas, entre ellas por parte de la Unión Europea, que ha ordenado su uso obligatorio en tres años, ha llevado también a la reapertura de minas de mercurio que han destrozado el medio ambiente.

El calentamiento global y el deshielo no sólo está provocando la transformación del ecosistema ártico, sino que también está teniendo otro tipo de consecuencias negativas para los pueblos que lo habitan: el envenenamiento de sus alimentos. Los niveles de mercurio en focas y ballenas beluga que son consumidas por los inuit en el norte de Canadá han alcanzado niveles que se consideran peligrosos. Ahora salta a la luz pública el descubrimiento del Departamento de Pesca y Océanos en Winnipeg, Manitoba (Canadá), según el cual la carne de foca contiene más mercurio en los años en que hay poco hielo, lo que hace pensar que el problema empeorará con el calentamiento global.
El hallazgo surge tras el análisis comparativo entre focas capturadas en la zona occidental del Ártico canadiense 1973 y 2007. El resultado arroja la evidencia de que los niveles de mercurio encontrado en sus cuerpos eran más altos tras los veranos con menos hielo marino acumulado. El motivo: una hipótesis es que el bacalao del Ártico, una de las fuentes de alimentación de las focas, es más abundante en los años con bajos niveles de hielo. Al encontrarse el bacalao en un nivel superior de la cadena alimentaria que otras especies de las que también se nutren las focas, sus tejidos acumulan más mercurio. Este metal pesado pasa luego, evidentemente, a las focas. Y al final del proceso, a los inuit que las cazan.
Pero no sólo están los inuit expuestos a este tipo de contaminación por metales pesados que les llegan a través de su alimentación tradicional. El derretimiento del hielo ártico también libera emisiones de productos químicos como el DDT y los PCB, hoy prohibidos pero que años atrás eran liberados a la atmósfera y que quedaron atrapados en el hielo y el permafrost. Al fundirse el hielo, estos contaminantes acaban en el medio ambiente.
Continúa la lectura: ¿El deshielo del Ártico está contaminando a los inuit?

En el blog de Umbra Fisk, un lector plantea la siguiente pregunta: ¿es preferible comer atún capturado cuando está plenamente desarrollado y en edad adulta o, por el contrario, es mejor optar por los ejemplares más jóvenes y pequeños? Una u otra opción tienen sus pros y sus contras, pero en realidad lo mejor sería dejar de comer atún. Veamos por qué.
El atún es uno de los peces de mayor tamaño de nuestros océanos. Un ejemplar de atún rojo que tenga la suerte de alcanzar la edad madura puede llegar a pesar la friolera de 450 kilogramos y medir 2,7 metros. Medidas que le hacen comparable al oso polar, pero que no le han servido para ganarse tantas simpatías proteccionistas como éste.
El problema para el consumidor es que estos atunes gigantes, al encontrarse en lo más alto de la cadena alimentaria, han acumulado mucho mercurio en sus cuerpos a lo largo de su vida. Mercurio, huelga decirlo, de origen industrial que acabó contaminando los mares. El mercurio puede tener efectos muy negativos en los sistemas inmunológico y nervioso central de fetos, bebés y niños, habiéndose encontrado, sin ir más lejos, relación entre este metal pesado y la incidencia del autismo.
Continúa la lectura: Problemas medioambientales de la pesca y el consumo de atún

El Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas (PNUMA, en inglés UNEP) reunió ayer en Nairobi a ministros de Medio Ambiente de todo el mundo. El objetivo: proteger a la población mundial del mercurio con medidas firmes y una estrategia clara para su reducción en el futuro. Prescindir de este metal es en ocasiones complicado, pero tras siete años de conversaciones para limitar su uso, se considera llegado el momento de la verdad, de tomar decisiones.
El sistema nervioso, el hígado, la memoria, y la vista, se ven dañados por la contaminación por mercurio. Anualmente, 6.000 toneladas se vierten en el medioambiente, ya sea al mar o a la atmósfera. Ya informamos de denuncias contra las industrias químicas en Galicia, pero el estudio resalta el aumento de su uso en Asia, sobre todo como consecuencia de la combustión de carbón en plantas eléctricas y hogares (lo que colateralmente supone 2.000 toneladas de emisiones de mercurio al año).
Ejemplos de la problemática en diferentes países: en EEUU, una de cada 12 mujeres tienen niveles de mercurio más altos de lo que se considera como seguro (recordemos que la leche materna quedaría igualmente contaminada); el hecho de que 50.000 lagos en Suecia contengan peces en los que se encontrado este metal ha obligado a las autoridades a recomendar a la población de que no los consuma más de una vez por semana y, en el caso de embarazadas, que no los consuma en absoluto; y a nivel global, desde Brasil y Venezuela hasta India, Indonesia, Papúa Nueva Guinea y Zimbabue, unos diez millones de mineros y sus familias estarían, según estimaciones, en peligro por envenenamiento.
Continúa la lectura: Reunión para reducción global del mercurio

Según el grupo ecologista Oceana, la planta química Elnosa, en Galicia, vierte al mar entre 90 y 100 kilos de mercurio al año por culpa de los procesos industriales obsoletos, y prohibidos por la UE desde 2007, que emplea para la producción de cloro. Señalan que, a pesar de la prohibición comunitaria, el Ministerio de Medio Ambiente habría llegado a un acuerdo con Galicia, Aragón, Cantabria, Cataluña y Andalucía para permitír mantener esta tecnología hasta 2020. Oceana lo ha denunciado ante la Comisión Europea.
Desde la Xunta no niegan que se siga utilizando mercurio en la planta de Elnosa, pero minimizan los vertidos y se escudan en interpretaciones de la directiva europea tales como que lo único que prohibe la misma son nuevas inversiones en estas tecnologías contaminantes. Las autoridades gallegas han garanitzado a Elnosa que podrán seguir utlizando mercurio hasta 2011, luego tendrá que decidir si se adapta a nuevas tecnologías o cierra la planta.
Ante la cobertura de la Xunta, entra al trapo la Asociación pola Defensa da Ría de Pontevedra, que ya ganó en 2002 un pleito por delito ecológico a la citada empresa. Aseguran que los números no les cuadran: Elnosa admite comprar cada año 414 toneladas de mercurio, y reconoce verter 23 kilos al mar y 31 a la atmósfera. La pregunta es obvia: ¿qué pasa con los restantes 360 kilos?
Es fácil concluir que, tras realizar estas cuentas, la Asociación pola Defensa da Ría de Pontevedra, y el grupo Oceana (por cierto, noticia hace poco por un informe sobre el comercio de aleta de tiburón), consideran, y denuncian, que algo raro está pasando, que el uso del mercurio por Elnosa se salta las normativas actuales y que, desgraciadamente, “las administraciones están sometidas a los intereses de las empresas”.
Vía | www.elcorreogallego.es
Fotografía | mrhayata
Continúa la lectura: Galicia, denunciada ante la UE por vertidos de mercurio al mar

El Reino Unido en breve empezará a abandonar progresivamente el uso de lámparas incandescentes, las bombillas de toda la vida, en los hogares para conseguir una mayor eficiencia energética. Eso provoca que empiecen a llover críticas a las lámparas fluorescentes compactas (CFLs), que a día de hoy son la alternativa que se perfila.
Ante la proximidad de que la Unión Europea pida a sus estados miembros que legislen en la materia de alumbrado doméstico para introducir ahorro, el actual gobierno británico ha preferido adelantarse. Pero hay quien tiene sus dudas sobre la idoneidad de dejar de usar tan maravilloso invento de Thomas Edison, que de la energía que utiliza hace un 5% luz y un 95% calor.
El primer argumento que se ha escuchado es que las CFL no son capaces de dar brillo suficiente para la lectura. Los agoreros dicen que empezar a usarlas masivamente supondrá una epidemia de mala vista. Incluso la organización que representa a los incapacitados visuales del país ha hecho pública su oposición a la medida. Desde el gobierno se han apresurado a asegurar que hay muchos tipos de CFL con diferentes características lumínicas, y que simplemente es cuestión de informarse en la tienda de qué tipo nos interesa para cada aplicación. Otros críticos han apuntado al contenido de mercurio en estas lámparas como una amenaza medioambiental. Y eso es cierto, en el caso de fluorescentes o CFLs es vital asegurar que acabada su vida útil son enviadas al sitio adecuado. Ahí el gobierno ha sido un poco más condescendiente, y ha apuntado a que otras tecnologías como los LEDs pueden remediar ese inconveniente en un futuro cercano. En Ecologiablog ya hemos hablado de ésta y de otras alternativas de alumbrado eficiente.
Otras críticas son más difíciles de responder, como la de aquellos que dicen que si se cambias las bombillas por CFLs en tu casa pagas más calefacción. Verdad en cierto modo, pero el gobierno les ha asegurado que lo que se ahorren en la factura de la luz compensa. También podrían considerar qué es lo que pasa en verano, si la bombilla es tan práctica entonces. Podríamos seguir así indefinidamente, porque pegas que la gente le saca a las alternativas eficientes a sus queridas bombillas las hay de todos los pelajes. Que si tu casa parece un párquing, que si emiten ruidos agudos, que si los colores son diferentes…las CFLs no son lo que eran hace 10 años, han mejorado mucho. Recomiendo una charla con el ferretero del barrio para que os enseñe un catálogo y veáis qué soluciones hay. Las cuentas están claras, y se ahorra dinero.
Vía | news.bbc.co.uk
Fotografía | ck/ck
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Los casos de autismo no paran de aumentar en los países desarrollados. Es cierto que se detectan más por existir hoy mejores métodos de diagnosis. También lo es que la genética juega un papel importante. Por otro lado, se viene denunciando desde hace tiempo que las vacunas con presencia de mercurio y aluminio pueden provocar regresiones autistas en niños. Pero ahora, la Universidad de California asegura en un estudio que la contaminación del medio ambiente, por pesticidas y otros tóxicos, afectan en este sentido al feto y al recién nacido.
Si 9 críos de cada 10.000 estaban dentro del “espectro autista” en California en 1990, diez años más tarde ya eran 44 por cada 10.000. Similares estadísticas en España: hace 20 años la incidencia oscilaba entre los 10 y 20 casos por cada 10.000 niños, y hoy en día, según algunas estimaciones, se podría haber duplicado, hasta triplicado. Todo parece indicar, así lo indica la sección M.I.N.D (Medical Investigation of Neurodevelopmental Disorders) de la citada universidad, que ello no sólo se explica por contar con diagnosis más afinadas:
Es hora de empezar a buscar los culpables ambientales reponsables del aumento notable del autismo en California. Estamos investigando el posible efecto de metales, pesticidas y agentes infecciosos en el desarrollo neuronal. Ahora mismo, se gasta entre 10 y 20 veces más dinero en investigación sobre las causas genéticas del autismo que en las medioambientales. Tenemos que cambiar la financiación. - Investigador Irva Hertz-Piccoto (traducción libre)
Además de los pesticidas, los investigadores señalan que el uso de ciertos químicos como los presentes en champúes contra pulgas para animales de compañía, productos cosméticos que contengan ftalatos, jabones antibacterianos, muebles y productos electrónicos revestidos con ignífugos, entre otros, podrían afectar tanto el sistema inmunológico, como el cerebro, del feto en formación o del bebé.
Vía | ecolocalizer.com
Vía | ecochildsplay.com
Fotografía | Brooke Anderson