
Existen parásitos u otras criaturas capaces de controlar a las plagas agrícolas, pero debido a la actual falta de normas en el seno de Naciones Unidas sobre acceso y reparto de beneficios de la biodiversidad, estas pequeñas armas biológicas no son compartidas entre los países. Eso podría cambiar ahora, gracias a las nuevas normas que podrían ser acordadas en 2010 en virtud de un tratado de Naciones Unidas para la salvaguardia de la naturaleza.
Ahmed Djoghlaf, jefe del Secretariado de la Convención sobre la Diversidad Biológica de 1992, dijo a Reuters que estaba bastante seguro de que se alcanzará un acuerdo sobre las nuevas normas en una conferencia de Naciones Unidas que se ha programado para octubre. Un acuerdo ayudaría a las compañías farmacéuticas, por ejemplo, al establecer de forma más clara cómo pueden tener acceso a las plantas de la selva amazónica.
También podría ayudar a los pueblos indígenas mediante el establecimiento de directrices para el reparto de los ingresos, por ejemplo, de medicamentos desarrollados a partir de plantas o animales que se encuentren en sus tierras. Hasta ahora, según explica Djoghlaf, el valor de los recursos genéticos se ha visto afectado por los altos costos y el largo tiempo necesario para desarrollar productos, así como por la falta de claridad sobre el acceso y distribución de los beneficios.
Naciones Unidas ha anunciado que realizará una revisión del trabajo que ha estado realizando el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). La labor de este grupo de expertos, referencia clave de las negociaciones durante la COP15, ha estado bajo escrutinio y ha sido objeto de duras críticas en los últimos meses y su presidente, Rajendra Pachauri, carece de credibilidad en muchos círculos.
Nick Nuttall, vocero del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, declaró a la prensa que los detalles de la revisión serán anunciados la semana que viene. El grupo revisor estará compuesto por científicos destacados, cuyos nombres no pudo revelar. El informe de la revisión debería estar listo para agosto, y habrá una asamblea plenaria del IPCC en Corea del Sur en octubre.
Las afirmaciones del IPCC sobre la desaparición de los glaciares del Himalaya, la amenaza que se cierne sobre los bosques tropicales de la Amazonía y otras, han sido desacreditadas. El informe que el Panel presentó previamente a la COP15, que se suponía que era un ejemplo brillante de revisión inter pares de ciencia, citaba docenas de fuentes cuestionables.
Yvo de Boer, secretario ejecutivo de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, expresó hoy sus dudas en Bali, Indonesia, acerca de la posibilidad de que los países industrializados y los países en vías de desarrollo lleguen a un acuerdo vinculante este año 2010 sobre la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Qué bien.
Recordemos que Yvo de Boer anunció hace una semana que renuncia a su cargo en Naciones Unidas. Haciendo honor a la frase “para lo que me queda en el convento, me cago dentro”, dijo que a su entender no hay tiempo suficiente para recuperarse del fiasco que supuso la cumbre de diciembre en Copenhague, de la que comentó lo siguiente:
Creo que lo de Copenhague ha demostrado que a veces si intentas ir demasiado rápido, realmente consegues avanzar menos. (Traducción libre)

Si las tres mil compañías públicas más grandes del mundo estuvieran dispuestas a pagar por el uso y los daños que infligen al medio ambiente -o se las obligase a hacerlo-, tendrían que invertir un tercio de sus ganancias. Así lo revela un estudio aún no publicado de Naciones Unidas, citado por The Guardian.
El estudio ha sido ordenado por la iniciativa Principios para la Inversión Responsable (Principles for Responsible Investment) y el programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Ha sido elaborado por la consultora Trucost y será publicado este verano.
Entre sus resultados destaca el estimado de daños combinados infligido por las compañías al medio ambiente, de 2,2 trillones de dólares en 2008, cifra mayor que la economía nacional de casi todos los países del mundo ese año. Más de la mitad de ese estimado corresponde a las emisiones de gases de efecto invernadero.
Yvo de Boer, secretario ejecutivo de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, anunció hoy que dimitirá de su cargo en julio para trabajar en el sector privado en sostenibilidad medioambiental. De Boer ha supervisado las conversaciones internacionales sobre el clima durante casi cuatro años, trabajando sin éxito para producir un pacto jurídicamente vinculante para reducir las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
Su marcha se produce en medio de la crisis de credibilidad del IPCC y de la incertidumbre sobre el éxito de la próxima reunión de los 193 países miembros de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, que se realizará en México en diciembre.
De Boer fue nombrado máximo representante de Naciones Unidas para asuntos relacionados con el cambio climático en 2006, para guiar el proceso de consecución de un convenio que suceda al Protocolo de Kyoto de 1997, que exigía a los países industrializados a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un promedio de 5%.

Los expertos en clima se han visto obligados a admitir otro error vergonzoso en su informe más reciente sobre la amenaza del cambio climático, justo después de que se montara una buena el mes pasado cuando confesaron que los resultados sobre el derretimiento de los glaciares del Himalaya eran un poco exagerados.
En una nota del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC), publicada el 12 de febrero, se aclara que el informe de 2007 ofrece datos falsos. En concreto, se afirma erróneamente que 55% del territorio de los Países Bajos está peligrosamente por debajo del nivel del mar, cuando en realidad esta cifra es de 26%.
Los números utilizados por el IPCC incluyen todas las áreas del país que son propensas a las inundaciones, como las tierras a lo largo de los ríos. El 29% de los campos holandeses está cerca de ríos, así que el aumento del nivel del agua allí se produce de forma natural.

Cumpliendo con el plazo establecido por aquel famoso Acuerdo Político logrado en la COP15, que establecía el 31 de enero como plazo para que los firmantes entregasen sus metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para 2020, las economías más grandes del mundo han entregado dichas metas a Naciones Unidas.
Maldivas, uno de los territorios más amenazados por el aumento del nivel del mar, ha reiterado su intención de ser completamente independiente de los combustibles fósiles -carbón neutral- para 2020. Canadá y Estados Unidos se han propuesto reducir sus emisiones 17% por debajo de los niveles de 2005. La Unión Europea se ha fijado la meta de 20% -10% menos de lo que había prometido en diciembre- con respecto a las emisiones que se producían en 1990. Como destaca el Financial Times, muchos países presentaron sus metas oficiales en forma de rango que puede variar hasta en 20 puntos, como es el caso de Australia, que se ha comprometido a reducir sus emisiones entre 5% y 25%.
Que sea uno u otro extremo dependerá, como ha sido el caso de las propuestas de otros países -y también de la Unión Europea- de los compromisos que los demás asuman. Esto significa que ahora queda en manos de los negociadores de cada país sacar los compromisos máximos, es decir, el porcentaje de reducciones más alto posible, y aumentar las posibilidades de que en noviembre de este año, durante la conferencia ministerial que se realizará en México, finalmente se firme un acuerdo jurídicamente vinculante sobre el cambio climático.
Hace dos años, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC) previó que los glaciares del Himalaya se derretirían en el 2035, ello basándose, presuntamente, sobre una investigación detallada acerca del impacto del calentamiento global. Ahora, de acuerdo con el diario inglés The Telegraph, el IPCC ha admitido que se basaba en realidad sobre un artículo publicado en la revista científica New Scientist, e incluso el científico citado en el informe, Syed Hasnain, admite que no se basa en hechos.
De acuerdo con The Telegraph, el artículo no está basado sobre un trabajo de investigación sino que se desarrolló a partid de una entrevista telefónica que mantuvo el autor con Hasnain, científico indio de la Universidad Jawaharlal Nehru en Nueva Delhi, quien ha dicho que sus comentarios sobre el derretimiento de los glaciares eran “especulación” y no estaban apoyados sobre ninguna investigación formal.
El apoyo del IPCC en la entrevista hecha a Hasnain ha sido puesto en evidencia por Fred Pearce, el periodista que realizó la entrevista original. Pearce ha dicho que el doctor Hasnain hizo la afirmación acerca de 2035, pero que también admitió que no se trataba de un trabajo académico que hubiera sido revisado por un panel de colegas expertos.
Hoy, Naciones Unidas inaugurará el Año Internacional de la Diversidad Biológica. Ban Ki-moon, secretario general de la organización, basará su discurso sobre un aspecto que alude a todos nosotros: la expansión humana está acabando con las especies a un ritmo unas mil veces más rápido que el natural. La tasa de pérdida de especies lleva a algunos biólogos a decir que estamos en medio de la sexta gran extinción de la Tierra. La diferencia con las cinco anteriores es que ellas fueron provocadas por eventos naturales, como el impacto de los asteroides que acabó con los dinosaurios. Esta extinción, en cambio, la estamos provocando nosotros.
Se espera que el discurso de Ban Ki-moon insista en que el fallo que se ha tenido en la protección de la biodiversidad -2009 ha sido un año fatídico para España en este sentido- debe ser una llamada de atención que conduzca a formas eficaces de protección de los bosques, de las cuencas hidrográficas, los arrecifes de coral y otros ecosistemas que albergan una gran variedad de especies. Si no por respeto y amor a las otras especies con las que compartimos el planeta, por lo menos por interés económico y social, después de todo, como sostiene la ONU, sistemas naturales como bosques y humedales proveen gratuitamente al ser humano de recursos.
La Convención de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica (CBD por sus siglas en inglés) se acordó en la Cumbre de la Tierra de Río de 1992, junto con la Convención sobre el cambio climático. En la Cumbre de Johannesburgo de 2002, los gobiernos acordaron lograr una reducción significativa de la tasa de la diversidad biológica para 2010, así que este es el año de la acción. Esperemos que sea más concreta que la lograda en diciembre con respecto a la convención sobre el clima. India acogerá la próxima cumbre, en 2012.
Naciones Unidas reformará el proceso que se aplica para alcanzar acuerdos, al menos en las negociaciones sobre el cambio climático. Ban Ki-moon, secretario general de la organización, reconoció que se trata de un proceso burocrático y difícil el que se sigue para alcanzar un acuerdo unánime entre 192 países. A principios del año próximo, Ban Ki-moon establecerá un grupo de alto nivel sobre desarrollo y cambio climático específicamente para que estudie cómo agilizar el proceso de negociaciones.
Lo engorroso del proceso de negociación y toma de decisiones unánimes en el seno de Naciones Unidas, generalizado en la organización y puesto en total evidencia durante la COP15, fue motivo de numerosas críticas. El primer ministro del Reino Unido, Gordon Brown, uno de los dirigentes más involucrados en la cumbre, fue uno de los primeros en decir que lo que sucedió en Copenhague fue un proceso de toma de decisiones lleno de defectos.
Representantes como los de Bolivia, Sudán y Venezuela –la representante de este último incluso se autolesionó para dar mayor dramatismo a su discurso- fueron aludidos tácitamente por Brown como culpables de bloquear la adopción formal de un acuerdo, pues hay que recordar que el documento aceptado en la COP15 no sólo no es jurídicamente vinculante sino que tampoco fue aprobado de forma oficial por unanimidad.
Continúa la lectura: Naciones Unidas reformará el proceso de acuerdos sobre cambio climático
Con el fracaso de Copenhague aún sin digerir, la atención se dirige ahora al mismo objetivo con unas nuevas coordenadas: México. La capital mexicana será anfitriona de la próxima conferencia ministerial de Naciones Unidas sobre el cambio climático, que se realizará del 29 de noviembre al 10 de diciembre de 2010. Que el anfitrión sea un país en desarrollo con una de las economías más grandes del mundo podría aliviar los ánimos de quienes achacan la falta de un acuerdo en la COP15 al hecho de que se haya realizado en un país desarrollado.
El documento que se ha adoptado en la COP15 establece que los resultados del trabajo que los comités de Naciones Unidas deben elaborar acerca de las opciones para reducir el calentamiento global, debe ser presentado para su adopción en México. No obstante, deja de lado la principal demanda de los grupos medioambientales y de muchos países en desarrollo: que sea legalmente vinculante.
La mayoría de los países desarrollados han aceptado los objetivos de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero para 2020. El documento de la COP15, conocido como el Acuerdo Copenhague, establece que quienes lo aceptaron deben entregar sus planes de reducción el 31 de enero de 2010 a Naciones Unidas.
El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) ha anunciado que va a ayudar a editar una rara grabación en directo de Bob Dylan interpretando su poema de 1962 A Hard Rain’s Gonna Fall. La canción se convertirá en el himno no oficial de la COP15.
Será incluida en un DVD acompañada de las fotografías de Mark Edwards, y se presentará al público durante la exposición Hard Rain que se inaugura hoy en Copenhague. El DVD está acompañado por The Urgency of Now, un ensayo encargado especialmente al escritor y activista Lloyd Timberlake.
Para Edwards, la canción de Dylan nos permite ilustrar todos nuestros problemas mundiales: la pobreza, la expansión de la población, la contaminación convencional. Pero para otros seguidores del cantante -como el experto en energía y escéptico climático Max Schulz, del Manhattan Institute- Naciones Unidas está explotando una canción maravillosa para sus propios y estrechos propósitos. El arte es libre, dicen. Después del salto os dejo a Dylan interpretando su canción.
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