El cohete Atlas V ha despegado hoy desde Cabo Cañaveral, en Florida, Estados Unidos, con el Solar Dynamics Observatory (SDO, observatorio de dínamica solar). El observatorio está diseñado para obtener imágenes detalladas del sol para explicar la variación en su actividad, y se espera que contribuya a la investigación de la física en el interior, en la superficie y en la atmósfera del sol.
Los instrumentos del SDO enviarán imágenes con una resolución 10 veces mejor que una cámara de alta definición de televisión media, y esas imágenes retornarán a un ritmo acelerado, cada pocos segundos. La misión tratará de desentrañar los factores que impulsan los ciclos de actividad del Sol. Un objetivo fundamental será probar el funcionamiento interno del dínamo solar, la profunda red de corrientes de plasma que genera el algunas veces explosivo campo magnético del Sol.
Un sol activo puede alterar a los satélites, las comunicaciones y los sistemas de energía en la Tierra, especialmente cuando dirige partículas cargadas en nuestra dirección. Los científicos quieren ver si pueden pronósticar mejor este “clima espacial”. Lika Guhathakurta, científico del programa de SDO en la Sede de la NASA, ha dicho que el SDO es una misión de variabilidad solar. Las imágenes del lanzamiento, después del salto.
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De algo –bueno- tenía que servir que la CIA se haya gastado tanta pasta en sistemas de espionaje. Ahora la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos está colaborando con los científicos más prominentes de ese país en la lucha contra el cambio climático. ¿Cómo? Prestándoles sus satélites y sensores, entre otras formas.
Alrededor de 60 científicos trabajan en conjunto con la Agencia. Todos cuentan con acreditación para tener acceso a documentos secretos. Según informa The New York Times, obtienen orientación de la Academia Nacional de Ciencias, un cuerpo de élite que asesora al gobierno federal. La CIA ejecuta el programa y organiza a los científicos para que usen los equipos de vigilancia federal, incluidos los satélites altamente clasificados de la Oficina Nacional de Reconocimiento.
En el último año, como parte del proyecto, los colaboradores han examinado las imágenes del hielo marino en el Ártico tomadas por satélites de reconocimiento, en un esfuerzo por entender asuntos clave como el derretimiento del hielo en verano o las tendencias del clima, y han obtenido imágenes desclasificadas de las placas de hielo que les han permitido acelerar su análisis.
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Cualquier día, las televisiones conectarán en directo con astronautas que estarán pasando una temporadita en Marte, instalados en sus cuevas, compartiendo hábitat con microbios marcianos. No, no me he vuelto loca, esto no es cosa mía, sino de los científicos, que creen que unas cavernas de Marte podrían refugiar a misiones humanas y a cualquier evidencia de vida en el planeta rojo.
Marte va desvelando sus secretos, aunque sigue siendo un planeta rodeado de misterio. En esta ocasión, los científicos están estudiando una apertura a un sistema de cavernas en su subsuelo, unas estructuras que servirían de refugio seguro para los astronautas, y que también son lugares donde preservar la vida marciana. Así es, una serie de depresiones recién descubiertas en la superficie de Marte podrían ser la entrada a unas cuevas del planeta rojo, distintas a las que se descubrieron en el año 2007. En palabras de Glen Cushing, el físico del Servicio Geológico de USA que las halló:
La nueva averiguación es sugerente, pues este sistema subterráneo puede proporcionar refugio a los astronautas que visisten este planeta en el futuro, y constituye un hábitat de protección para potenciales microbios marcianos que hubiera habido en el pasado o que haya en el presente. (Traducción libre)
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Las agencias espaciales y Google están colaborando en un proyecto internacional para controlar los bosques mediante vigilancia por satélite. La NASA de los Estados Unidos, la Agencia Espacial Europea (ESA) y las agencias espaciales nacionales de Japón, Alemania, Italia, India y Brasil, se encuentran entre los participantes de esta iniciativa. Siete países actuarían como proyectos piloto en su primer año de funcionamiento: Australia, Brasil, Camerún, Guyana, Indonesia, México y Tanzania.
La deforestación que azota a los grandes pulmones del planeta es culpable de una quinta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero. La naturaleza nos retribuye el daño que le hacemos, porque mientras las plantas son benévolas en vida gracias a sus propiedades para absorber carbono, del mismo modo liberan este gas contaminante cuando se queman o se pudren.
Según José Achache, director del Group on Earth Observations (GEO), la única manera de medir el tamaño y la densidad de los bosques de forma eficaz es desde el espacio. Para que estas mediciones desde el espacio se realicen, es necesaria la colaboración de los gobiernos y organismos espaciales como la NASA.
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Hablar del festival de Sitges es, desde hace varias décadas, hablar de cine fantástico y de ciencia-ficción. Pero pertenecer a este segundo género no le resta ni un punto de interés y realismo a Moon, que supone el debut en la dirección de Duncan Jones. El cineasta británico no puede ni quiere ocultar algunas de sus referencias fílmicas, es el caso de Stanley Kubrick y una de sus obras maestras: 2001, Una odisea espacial. De Kubrick toma su ritmo pausado, diálogos minimalistas –las experiencias espaciales parece que así lo exigen- y su esfuerzo para dotar de verismo todo lo relacionado con el aspecto técnico y el planteamiento argumental. Y es en ese punto donde vamos a alunizar.
Más allá de las referencias a la robótica que presenta (GERTY es un HAL 9000 de nuevo cuño que transmite su estado de ánimo a través emoticones y de la voz de Kevin Spacey) y las referidas a la clonación que apunta está el retrato de un futuro oscuro. No sólo para el personaje que interpreta Sam Rockwell sino para toda la Humanidad. Este ingeniero especializado en minería llamado Sam Bell ha firmado un contrato de tres años durante los que será el máximo (y único) responsable de una solitaria base lunar durante los que se dedicará a extraer gas y minerales. Pero, ¿se trata de alguna investigación científica quizás?
No, la compañía Lunar Industries Ltd. inicia el expolio de la riqueza mineral de nuestro satélite en un intento por paliar la crisis energética que está sufriendo la Tierra. En la base Selene se obtiene Helio-3, del cual se obtienen tres cuartas partes de la energía consumida por la Tierra. Menuda responsabilidad la que depositan en los hombros de este hombre, en mitad de la nada, como en La Quimera del Oro (el relato de Jack London, no la divertida y libérrima versión de Chaplin). Tampoco quiero destripar nada del argumento, pero la película comienza cuando a Sam sólo le restan dos semanas para dejar la base lunar y volver a casa. ¿Quién será su sustituto? Los planes de Lunar Industries no dejarán frío a ningún espectador. ¿A qué ahora ya no suena tanto a ciencia-ficción?

Kieran Cooke, de la columna Green and Confused del diario inglés The Times, ha recibido una pregunta que a todos debería habernos cruzado la cabeza alguna vez: ¿qué pasa con los satélites que los humanos lanzamos al espacio, una vez que ya no están en uso? Bueno, la buena noticia es que hay pocas posibilidades de que caigan sobre alguno de nosotros. La mala, que se están convirtiendo en un problema medio ambiental. Como que no tenemos suficiente espacio para contaminar aquí abajo, tenemos que ir a contaminar allí arriba.
Con respecto a la buena noticia, si alguno de los satélites fuera de servicio llegase a caer hacia la tierra se incendiaría al entrar en la atmósfera. Sin embargo, la cantidad de basura que hay en el espacio debe ser considerable, aunque la NASA no esté segura de cuánta exactamente se ha acumulado desde que los soviéticos lanzasen el primer satélite en 1957. No sólo hay piezas de satélites y otros aparatos, sino también lo que éstos dejan tras sí, fluidos humanos incluidos.
Naciones Unidas tiene una agencia, la Inter-Agency Debris Coordination Committee, que emplea sofisticados satélites para seguir el rastro de los desperdicios espaciales, y puede detectar objetos hasta del tamaño de una pelota de tenis. Pero los objetos más pequeños no se pueden detectar, y si alguno choca o se rompe, crea aún más basura. El vídeo que os dejo después del salto ilustra claramente la situación del espacio derivada de nuestra manía contaminadora.
Continúa la lectura: ¿Qué pasa con los satélites cuando están fuera de servicio?

Millones de personas disfrutaron de un eclipse total de sol en China, Nepal, Bután, India, Bangladesh, Japón y Myanmar (antigua Birmania). El fenómeno se produce cuando la Luna pasa entre el Sol y la Tierra y sólo es visible en ciertas franjas del planeta. En este caso lo fue en un pasillo de 250 kilómetros de ancho cuya longitud abarcaba parte del continente asiático y del océano Pacífico.
Un eclipse solar total es también una oportunidad única para la comunidad científica pues permite una singular visión de la corona solar y los gases que la forman. La inusual duración de este eclipse supuso una oportunidad única para poner en marcha experimentos cuya complejidad los había hecho imposibles de llevar a cabo en anteriores eclipses totales. En el Instituto de Astrofísica de la India, con sede en Bangalore, no desaprovecharon la ocasión. El lugar donde la fase de totalidad del eclipse fue de mayor duración corresponde a un punto en mitad del Pacífico. La NASA calcula que se prolongó durante casi siete minutos, una marca que no se superará hasta junio de 2132. Serán otras generaciones quienes lo estudien y disfruten.
En China el eclipse siguió el curso del río Yangtse. En la populosa Wuhan, la nubosidad sólo impidió el disfrute de la corona, que es como se conoce el efecto que provoca el sol durante los minutos en los que se produce su ocultación total. Pese a su mala fortuna, millones de personas contemplaron el fenómeno con entusiasmo. Por desgracia, en algunas poblaciones costeras (como Shanghai) nubes de gran espesor impidieron -además de la pertinaz contaminación que sufre el gigante asiático- el seguimiento del eclipse.
Continúa la lectura: El eclipse solar más largo del siglo oscurece parte de Asia

La agencia aeronáutica NASA está aplicando, en su Centro de Investigación Ames de California, un método para producir biofuel a bajo coste a partir de algas. Además, con la ventaja añadida de que, en el proceso, se limpian aguas residuales. La idea es cultivar algas dentro de bolsas en aguas municipales contaminadas. Otra ventaja de este sistema es que las algas también contrubuyen a capturar CO2 durante el proceso.
Así lo resume Jonathan Trent, líder de la investigación:
Las algas son la mejor fuente de biofueles conocida en el planeta. Si al mismo de que producimos biofuel, también podemos limpiar aguas residuales, sería fantástico. (Traducción libre)
El proceso es bien sencillo: se colocan las algas en bolsas semipermeables, muy similares a las que la NASA usa para reciclar los residuos orgánicos de sus austronautas en misiones espaciales. A partir de ahí, las algas se alimentan con los nutrientes que encuentran en las aguas contaminadas, limpiando y purificando el agua durante el proceso. Las algas, con su crecimiento, van produciendo lípidos, unas moléculas grasas solubles, que serán luego usadas como combustible.
Continúa la lectura: NASA investiga con algas para producir biofuel y limpiar aguas residuales

La NASA también tiene sus juegos electrónicos, sólo que más científicamente catastróficos que los de las consolas. Uno de ellos tiene la siguiente premisa: ¿qué habría pasado si, hace ya 22 años, el mundo no hubiera acordado reducir el uso de clorofluorocarbonos, los temibles CFC? Habría pasado que yo no os estaría escribiendo esto ahora, o al menos no con la misma forma física. Para 2065, dos tercios de la capa de ozono habrían desaparecido. Ya nos habríamos cargado un buen trozo y la tierra sería, palabras de un científico, un mundo bizarro.
Como ya ha pasado algún tiempo desde que nos metieron en la cabeza la importancia de proteger la capa de ozono, yo os refresco la memoria. Resulta que los CFC son unos químicos muy potentes, capaces de erosionar la capa que nos protege, entre otras cosas, de que el sol nos achicharre.
Estos químicos están presentes en los aerosoles y los productos refrigerantes y, si hacéis memoria, recordaréis que hace una décadas hubo una campaña muy fuerte en contra de su uso. Pues se ve que ha sido de las campañas más exitosas en materia de ecología, porque hemos evitado que el agujero de la capa de ozono se hiciese aún mayor.
Continúa la lectura: NASA: se ha evitado un desastre en la capa de ozono

La NASA y Cisco Systems Inc. (empresa multinacional estadounidense dedicada a la fabricación, venta, mantenimiento y consultoría de equipos de telecomunicaciones) anunciaron recientemente que pretenden aliarse para crear una plataforma de supervisión global en línea con el fin de registrar, reunir y recabar datos acerca de las condiciones ambientales mundiales y el cambio climático. Llevará por nombre Planterary Skin o Piel Planetaria.
La plataforma contará con sensores instalados en satélites pero también en el mar y en la tierra. Aseguran que toda la información que reúna será accesible para el público en general, y debería ser de gran utilidad para gobiernos y empresas: podrán conocer en tiempo real la situación ambiental mundial además de ayudarles a calibrar el alcance del cambio climático y qué medidas tendrán que tomar para adaptarse a él.
Está previsto que el año próximo empiecen a desarrollarse los diferentes proyectos piloto que formarán la plataforma Planetary Skin. Destacamos Rainforest Skin (algo así como Piel de la Selva), cuyo cometido será el de estudiar la deforestación que sufren las selvas tropicales de todo el mundo. Entre los previsibles hallazgos, no dudamos que se toparán con la ganadería como uno de los mayores problemas de este hábitat.

Una de las noticias del fin de semana: Google y la NASA se alían para ofrecer vía internet mapas mundiales interactivos de las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera. De momento, sólo de EEUU. Se trata de un plug in o aplicación instalable en tu Google Earth. Recibe por nombre Proyecto Vulcan.
Pueden verse los niveles de polución de fábricas, plantas eléctricas, pero también las emisiones de pueblos, ciudades y estados. Y comparar, claro. Lo malo es que se basan en datos antiguos, concretamente de 2002. El proyecto es fruto de la colaboración de investigadores de la Universidad Purdue que, a su vez, se basaron en los datos recogidos por el satélite Landsat 5 de la NASA. También recibieron información de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y el Departamento de Energía norteamericano.
Se da la circunstancia que la semana próxima la NASA lanzará el satélite “Observatorio Orbital de Carbono” (OCO), como ya avanzamos al hablar del GOSAT, cuya misión será la de realizar mediciones precisas sobre las emisinoes de CO2 a nivel global.
Al igual que hicimos cuando salió Google Ocean, celebramos este nuevo invento para poder usar Google Earth en la defensa medioambiental. Para descargaros esta nueva aplicación, seguid este enlace para descubrir el Proyecto Vulcan.
Vía | espanol.news.yahoo.com
Vía | latimesblogs.latimes.com
Fotografía | latimesblogs.latimes.com
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Cultivar plantas de interior nos trae beneficios para la salud, podemos conseguir la depuración del aire que respiramos porque algunas especies pueden absorber sustancias perjudiciales presentes en el ambiente.
Las plantas dan una vida especial a nuestros espacios interiores. Todos sabemos que producen oxígeno y absorben dióxido de carbono, y que juegan un papel muy importante en la regulación de la humedad ambiental, con lo cual mejoran la calidad del aire de nuestros espacios cerrados. Hemos hablado antes de superplantas que reducen la contaminación. Pero ahora también aprendemos que algunas de ellas son muy útiles porque son capaces de retirar del ambiente tóxicos como compuestos orgánicos volátiles (COV) – de los cuales hemos hablado en este post anterior referido a pinturas - y monóxido de carbono, porque para ellas es un nutriente. Estas plantas de interiores tan apañadas son:
Ni que decir tiene que para que cumplan esa función depurativa tienen que estar vivas, cortadas no sirven. Las plantas tomarán las sustancias del aire y las fijarán en sus hojas, tallos y raíces. Así que ya sabéis, una vez finalizada su tarea de limpieza descartad la opción ensalada. La NASA, estudiando cómo controlar la calidad del aire en las estaciones orbitales, llegó a la conclusión de que el uso de plantas sería una muy buena opción. Para las almas científicas y los que queráis hacer vuestro propio laboratorio orbital, podéis ver el informe resultante en este link.
Vía | www.treehugger.com
Fotografía | jervert
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