
Por desgracia, hasta ahora 2010 ha sido un año propicio para aprender sobre el movimiento de las placas tectónicas, gracias al sismo que se produjo en enero en Haití y al que se produjo ayer en la costa de Chile. Este último, que tuvo una magnitud de 8,8 grados en la escala de Richter, ocurrió a lo largo de una falla en la que la placa tectónica de Nazca -la sección de la corteza terrestre que yace bajo el océano Pacífico oriental- se desliza bajo la placa de Sudamérica.
Los expertos dicen que la tensión generada por la convergencia de ambas placas, que se produce a un ritmo de cerca de ocho centímetros al año, llevó a la ruptura que se produjo el sábado a lo largo de lo que se estima en unos 600 kilómetros de la zona, a una profundidad de cerca de 35 kilómetros en el fondo del mar.
Este terremoto aparentemente no tiene conexión con el sismo de 6,9 grados que se produjo la costa sur de Japón el viernes, así como tampoco la tiene con el terremoto que se produjo en Haití. El sismo en Chile ha sido entre 250 y 350 veces más fuerte que el de Haití, pero los destrozos que ha causado han sido menores entre otras cosas porque se produjo lejos de la costa.

Un estudio realizado por la Universidad de Cambridge y que ha sido publicado en la revista Latin American Antiquity, sugiere una teoría sobre la relación que nuestros antepasados tenían con el medio ambiente: la civilización Nazca, que se desarrolló en la costa Sur de Perú y cuyos dibujos a gran escala hechos sobre el desierto son mundialmente conocidos, pudo haber desaparecido en parte porque infligió un gran daño al ecosistema en el que se desarrolló.
Un grupo de arqueólogos que ha estado estudiando los restos de esta civilización han establecido una secuencia de eventos inducidos por el hombre que podrían haber conducido al colapso de dicha civilización alrededor del año 500 antes de Cristo. Los Nazca deforestaron áreas cubiertas por bosques de árbol de huarango durante varias generaciones para cultivar maíz y algodón.
El árbol, no obstante, tenía un papel crucial en la supervivencia del ecosistema del desierto, pues aumentaba la fertilidad y humedad del suelo. A la larga, los Nazca talaron tantos árboles que el ecosistema ya no pudo recuperarse de su aridez. Fue entonces cuando se produjeron inundaciones similares a las que causa El Niño y, al no haber bosque que frenara el agua, las consecuencias fueron catastróficas.