
La mayor parte de la atención de la COP15 se ha centrado en la cantidad exacta en la que los países se comprometerán a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, algunos científicos, expertos jurídicos y delegados presentes en las negociaciones dicen que la parte más difícil de cualquier acuerdo al que se llegue será asegurar la aplicación y cumplimiento del mismo.
Todd Stern, principal negociador de la delegación de Estados Unidos en la COP15, dice que está presionando para que se cree un sistema que, después de Copenhague, permita a los países controlarse unos a otros. pero, incluso si los gobiernos firman un tratado jurídicamente vinculante –algo que se supone que debería suceder en junio de 2010- no hay consenso entre los países acerca de cómo hacer cumplir cualquier acuerdo.
La falta de cumplimiento ha sido precisamente el sino del Protocolo de Kyoto, pues no implica penalizaciones financieras para aquellos firmantes –entre los que no se encuentra Estados Unidos- que no cumplan con sus metas. De acuerdo con Stephen Porter, abogado del Centro para la Ley Medioambiental Internacional (Center for International Environmental Law), el actual gobierno estadounidense busca una política similar, en la que los países no enfrenten consecuencias serias por no cumplir con sus objetivos de emisiones.
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