
Greenpeace aúlla de felicidad. Ululando como lobo de taiga, la ong envió un e-mail a activistas y simpatizantes en el que da por cerrado el caso Kimberly-Clark Corporation. Así es, el enorme fabricante de productos de papel y marcas como Kleenex, Huggies, Scottex o Cottonelle -objetivo de los ecologistas por su uso de madera virgen- anunció que va a ponerse el cinturón verde. ¿Su compromiso? En el plazo de dos años, el 40 por ciento de la cantidad de fibra utilizada en su división de América del Norte procederá de fuentes recicladas, o de existencias certificadas por el Forest Stewardship Council.
Con el anuncio de este cambio en la procedencia de su papel, Greenpeace pone fin a su larga e intensa campaña en contra de esta compañía, a la que ha denunciado por obtener fibra de los valiosos bosques de Canadá: la taiga o bosque boreal, es un asombroso conjunto de lagos, bosques y ríos, el mayor ecosistema de bosque intacto de América del Norte, que alberga miles de especies de animales y juega un papel fundamental en la regulación del ciclo de carbón a escala mundial.
Pero la victoria se ha hecho esperar. Mientras este gigante del papel ganaba las guerras del pañal y del pañuelo en las estanterías de los supermercados, desde la trastienda, Greenpeace le declaró una en el 2004 de la que no ha podido salir victorioso. Kimberly-Clark hizo oídos sordos año tras año y ahora, así, como de repente, parece muy razonable. Sospechosamente sensato y responsable con el entorno. ¿Qué ha cambiado? Precisamente, el entorno: a fuerza de pequeños hachazos, la presión social ha conseguido tumbar el árbol, hasta que el gigante del papel desechable -el mayor productor de papel higiénico del planeta- ha visto cómo peligra su negocio y anuncia un cambio de política como respuesta al aumento de la demanda de los consumidores de productos ecológicos.
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