
En Sudán hay tan poca agua que no se atreven ni a sudar. Chistes malos aparte, cuando falta el agua no puede pasar nada bueno, sobre todo si se precisa para la vida misma. Es lo que está ocurriendo en la terrible sequía que padece el sur de Sudán, donde la ausencia de lluvias está a un paso de provocar una gran hambruna.
El agua es riqueza, ya lo dice la sabiduría popular, pero también es supervivencia. Si no, que se lo digan a los keniatas, o al 1.2 millones de sudaneses que podrían quedar sin nada que llevarse a la boca tras una mala temporada de lluvias, según alerta la ONU.
Lo que sí está lloviendo a mares son los conflictos tribales, que han aumentado junto con la escasez de precipitaciones. Consecuencia de todo ello: según los funcionarios de UNICEF que visitaron la zona, se teme una situación de emergencia debido a no haber llovido en toda la temporada de lluvias, que va de octubre a principios de noviembre.
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