
El gobierno de la India acaba de aprobar un programa por valor de 19.000 millones de dólares para estimular tanto la producción como la generación de energía solar. Se trata del primer programa nacional en energía proveniente del sol. El objetivo es alcanzar los 20 gigawatios (GW) de potencia para el año 2020. Por fin India se lanza a aprovechar su enorme potencial en este sector.
El dinero se destinará a subsidiar las empresas encargadas de la manufactura de paneles fotovoltaicos, los distintos proyectos energéticos relacionados con la energía solar, así como la investigación y el desarrollo del sector. Los 20 GW que se quieren alcanzar representan sin duda un objetivo bien ambicioso, sobre todo si se tiene en cuenta que, entre 2001 y 2008, India ha instalado solamente 143 megawatios de sistemas de energía solar.
La iniciativa es similar al proyecto Golden Sun presentado recientemente por China. El gigante asiático pretende alcanzar, para fecha tan cercana como 2010, los 10 gigawatios de generación energética solar. Para lograrlo, el gobierno chino se ha comprometido a costear, por lo menos, la mitad de los costes de instalación de las distintas granjas solares.

Nick Griffin aspira a ser en Gran Bretaña lo que Jörg Haider o Jean Marie Le Pen fueron en Austria o Francia respectivamente, un líder canalizador del descontento (y, añado yo, valiéndose del populismo y la demagogia). Lo cierto es que en los últimos días Griffin y su partido, el polémico BNP, han saltado a la primera línea de la actualidad debido a su polémica aparición en Question Time, el programa de la noche de los jueves de la prestigiosa BBC similar a Tengo una Pregunta para Usted. El primer ministro Brown terció a favor de la presencia de Griffin para que “pudiera exponer ante todo el país sus ideas racistas, cualquiera que lo escuche comprobará que se trata de un mensaje inaceptable”. Buena idea, que sea él mismo quien se retrate, censurarlo es convertirlo en mártir y fortalecer a la formación política de ultraderecha.
El Partido Nacional Británico (BNP), además de ser acusado de xenofobia y de apropiarse de símbolos de las Fuerzas Armadas para sus propios fines políticos, se ha significado por calificar a los homosexuales de “personas repugnantes” y al Holocausto de “mentira rentable”. Sin embargo, lo que causa verdadera repugnancia es la existencia de políticos que piensen así a pesar de que las últimas elecciones europeas obtuvieron casi un millón de votos. En cuestiones medioambientales también nos esperan joyas a la altura de la talla intelectual de esta gente, por ejemplo, cuando vinculan de forma directa e inequívoca la destrucción del medio ambiente con inmigración sin una sola referencia al consumismo excesivo y la explotación desenfrenada de los recursos naturales que sustenta el modo de vida occidental. No, no me lo invento, aquí está un fragmento de su manifiesto de política medioambiental publicado hace unos meses:
A diferencia de los falsos Verdes, que no son más que una fachada de extrema izquierda, somos el único partido que reconoce que la sobrepoblación -cuyo principal motor es la inmigración- es la causa de la destrucción de nuestro medio ambiente (…) Gran Bretaña es uno de los países más densamente poblados del mundo debido a la inmigración, que ejerce presión sobre nuestras infraestructuras como el transporte y suministro de agua (Programa del BNP, Traducción libre)
Continúa la lectura: El partido ultraderechista británico también patina en política medioambiental

El actual alcalde de Nueva York se hizo inmensamente rico trabajando en Wall Street antes de suceder en el cargo al singular Rudy Giuliani, mundialmente famoso desde el 11-S, hace siete años. Ahora Michael Bloomberg (en la imagen tiene a su izquierda al ministro francés de Energía, Ecología y Desarrollo Sostenible), que va por libre desde que abandonó la disciplina republicana en 2007, ha presentado de forma pública PlaNYC, un programa de dos años de duración con metas ambiciosas como la plantación de un millón de árboles, la instalación de turbinas de viento en los rascacielos que han hecho célebre a la ciudad o la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Ésta última medida está ya tramitándose en el Congreso y supone la imposición de topes a cada zona metropolitana.
En la ciudad de Los Cazafantasmas han hecho cuentas y han descubierto que el gasto energético es de miles de millones de euros al año. Esa situación va a ser difícil que cambie, pero no así su origen: Aprovechará su indomable viento mediante la instalación de turbinas eólicas a las que se sumará un proyecto piloto de obtención de energía solar que producirá suficiente para cien hogares durante un año. Hay más, ya están avanzadas las pruebas para que las turbinas del río Hudson (más allá de la isla de Roosevelt) aprovechen las fuertes mareas. Ah, y el tema de la construcción: Nueva York posee el mayor parque de viviendas de todo Estados Unidos por lo que parece necesaria una revisión de sus códigos de construcción y el fomento entre los propietarios de inmuebles de medidas de ahorro de energía e implantación de otras tecnologías respetuosas con el medio ambiente.
Tal y como están las cosas en el mercado laboral decir trece mil nuevos puestos de trabajo es decir mucho. Pues eso es lo que prevé crecer el sector de los denominados empleos verdes en Nueva York durante la próxima década, es decir, duplicará los existentes en la actualidad. Suena bien, pero, ¿en qué consisten realmente estos empleos? Pues se trata de un concepto aún en pleno proceso de definición -incluso para las autoridades- pero lo indudable es que existe y crece. Sin duda ayudará la intención de Bloomberg de dedicar un buen puñado de millones de dólares a la creación de estos puestos de trabajo verdes, inversión no sólo dedicada al reciclaje de profesionales en paro sino también a través de la formación de nuevos valores en eficiencia energética en colaboración con la Universidad de Columbia.
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Si en un post anterior trazábamos la ruta que seguirá la Caravana del Clima por Centro Europa ahora nos vamos a detener en la Copenhague que se van a encontrar las y los expedicionarios y todas aquellas personas que quieran (y puedan, pues la ciudad parece que estará casi en estado de sitio) acercarse durante los días que dure al encuentro alternativo que se desarrollará en paralelo a la cumbre. La intención es que las actividades de Climate Justice Action tengan continuidad en el futuro, constituyéndose como el germen de “una red mundial comprometida a adoptar las medidas urgentes necesarias para evitar un cambio climático que resultaría catastrófico”.
La Cumbre sobre el Clima de Copenhague ha sido calificada como la mayor esperanza para hacer algo en torno al cambio climático” pero quienes programan la Climate Justice Action (CJA) creen que “no va a resolver nada pues se lleva diciendo lo mismo desde hace quince años”. La sensación, pues, es más de impotencia que de esperanza fruto del cocktail tóxico compuesto por la ineficacia de los mandatarios, sus palabras tan bonitas como vacías, unas emisiones que aumentan cada vez más rápido y un comercio de éstas “que permite campar a sus anchas a los criminales del clima”. Las personas y organizaciones que se reunirán en la capital danesa proponen que la ciudadanía grite ¡Basta! y recupere el control de la situación bajo el lema: “Cambiar el sistema para cambiar el clima”.
En Copenhague se encontrarán diferentes movimientos, experiencias y luchas: agricultores, pueblos indígenas, ecologistas, feministas, anticapitalistas o sindicalistas. Este heterogéneo listado siente que “desde nuestras respectivas luchas hemos encontrado un terreno común en la justicia climática y en nuestro deseo de recuperar el poder sobre nuestro propio futuro”. Si hace diez años proclamaban que Otro mundo es posible, hoy se ha sustituido por Otro mundo es necesario, así que frente al boato y opulencia de la cumbre de los mandatarios mundiales, CJA propone un Encuentro de Pueblos para la Justicia Climática donde plantear y discutir soluciones reales:
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La fascinación por la estética de los camioneros que recorren las interminables rutas que cruzan tierras norteamericanas inspiró a Sabino Méndez -compositor de los éxitos de Loquillo y uno de sus Trogloditas- a la hora de componer Yo para ser Feliz quiero un Camión, canción pegadiza que aún pervive en la memoria de muchos (entre los que me cuento). Pero la vida del camionero ha cambiado desde los años ochenta o, al menos, su montura. Y uno de los responsables de ese cambio es The Clean Trucks Program, una iniciativa que apuesta de forma decidida por los camiones limpios –lo de limpios es por comparación con los antiguos- que se ha puesto en marcha en el estado de California.
El programa combina palos (en forma de impuestos a los camiones más antiguos y contaminantes) con zanahorias, es decir, subvenciones a la compra de camiones respetuosos con el medio ambiente. Estas medidas han logrado que un buen puñado de transportistas den el paso y cinco mil quinientos camiones concebidos con los nuevos planteamientos sustituyan a otros tantos en las carreteras californianas. Los primeros resultados no se han hecho esperar y los puertos –lugar de carga y descarga de mercancías por carretera- del Estado han reducido sus emisiones de CO2 en casi un setenta por ciento. Uno de los más importante, el de Los Ángeles, prevé que en el año 2012 habrá reducido sus emisiones en más de tres cuartas partes, dos años antes de lo previsto por el plan.
Cuando el programa entró en vigor en otoño de 2008, se prohibieron de inmediato los camiones fabricados antes de 1989, medida que afectó a unos dos mil camiones (aproximadamente el diez por ciento de la flota californiana). Y el círculo se sigue estrechando: Los camiones adquiridos antes de 1993 estarán prohibidos a partir de enero de 2010 y será en 2012 cuando todos los construidos antes de 1997 quedarán desterrados de las carreteras. El acoso y derribo al transporte contaminante continúa: Desde febrero de 2009 se cobra en los puertos de carga unos treinta euros por cada contenedor a los propietarios de camiones diesel construidos antes de 2007. El dinero recaudado es destinado a un fondo que premia a las compañías que logran sus objetivos medioambientales, algo así como Robin Hood pero institucionalizado.
Continúa la lectura: El Programa Camiones Limpios cambia el aspecto de las carreteras californianas

No falla, cada vez que leo o escucho algo acerca de un Jardín Botánico me pongo a canturrear la canción con la que el grupo Radio Futura alcanzó el éxito en los años ochenta. Me refiero, claro, a La Estatua del Jardín Botánico, en la que Santiago Auserón cantaba versos como “Junto al estanque me atrapó la ilusión / Escuchando el lenguaje de las plantas”. El estanque al que se refiere es el del Jardín Botánico de Madrid, creado allá por el siglo XVIII y dividido en terrazas escalonadas en la que se distribuyen las representantes de hasta cinco mil especies vegetales provenientes de todo el mundo. Las instalaciones se completan con los invernaderos (la Estufa Fría) y un edificio donde se conservan los herbarios de las expediciones científicas de siglos pasados, cuando la dominación española se extendía hasta Filipinas, Guinea o diferentes puntos de Sudamérica.
Esta referencia a la época imperial me recuerda las voces discordantes que suscita la celebración del ya próximo Día de la Hispanidad, planteado como la celebración de los vínculos que unen a los países hispanohablantes a ambos lados del Atlántico. Pero conmemorar lo que nos une lleva consigo recordar la actuación despiadada de todo gran imperio (la dominación española tuvo mucho de genocidio y sometimiento). Para subrayar lo positivo del futuro sobre los negros nubarrones que dominaron el pasado se creó en 2007 VivAmérica, un festival que celebra “la vitalidad del arte, la cultura y el pensamiento iberoamericanos”. En su edición de 2009 las celebraciones se distribuyen entre Madrid, Bogotá, Santo Domingo y Cádiz, cuatro ciudades con una presencia destacada en el devenir de la historia.
La Casa de América de Madrid, principal propulsora del festival, ha visto como con los años el abanico de sedes se ampliaba y como una de ellas el Jardín Botánico de la capital propone, del siete al once de octubre, conocer más a fondo cómo fueron y qué legado dejaron las citadas expediciones botánicas al continente americano a través de un recorrido guiado por las colecciones, invernaderos y monumentos. Un repaso que reúne el espíritu aventurero con el científico, algo muy de la época en la que desarrollaron. Lo más pequeños, además, podrán pasar de la teoría a la práctica en un taller que les convertirá en exploradores que realizan trabajo de campo “recolectando material vegetal, confeccionando un pliego de herbario o el descubriendo una nueva especie” (10 y 11 de octubre las 11:30h).

Barack Obama -tanto cuando era candidato como ahora de presidente- es habitual protagonista de entrevistas políticas televisadas pero también de espacios nocturnos más informales (lo que en España es Buenafuente y en EE.UU. Letterman o Conan O`Brien). Incluso se atrevió a marcarse un baile en el show de Ellen DeGeneres (como para olvidarlo). Pero Barack no es el único componente de la familia Obama que acude a los platós de televisión, Michelle Robinson Obama ha concedido entrevistas, por ejemplo, a Oprah Winfrey, la reina de la televisión norteamericana. Su más reciente aparición llamará la atención a las y los niños pues fue en el mítico programa infantil Sesame Street.
Cierto que estos días la Primera Dama de Estados Unidos está en Copenhague, y no es que haga llegado con mucha anticipación a la Cumbre del Clima sino que está apoyando la candidatura de Chicago como sede de los Juegos Olímpicos de 2016. Pero antes de tener su corazonada a favor de la ciudad donde nació, Michelle grabó un sketch para Sesame Street (Barrio Sésamo en España y Plaza Sésamo en Latinoamérica) acompañada por tres niños de distintos orígenes raciales -como obliga la corrección política-, Elmo y Big Bird (Caponata, Abelardo o Paco Pico, según el país).
Su participación, de apenas tres minutos, mostró una Michelle con buenas dotes para la actuación: Segura, simpática, didáctica,… En fin, esas virtudes que luce desde que hizo su aparición en la vida pública esta abogada y sociología y que tanto parecen molestar a algunos grupúsculos en Estados Unidos, que deben preferir el modelo barbie-amita-de-casa-modosita de presidencias anteriores. La Primera Dama, que deja claro a los chavales que “si tomáis comida sana creceréis fuertes como yo”, charla con los niños y los personajes, incluidas unas verduras que cobran vida cuando la de Illinois las introduce en escena.
Continúa la lectura: Michelle Obama enseña a cuidar un huerto a los peques en Sesame Street

El director norteamericano Mike Judge es protagonista por diversos motivos, unos buenos y otros no tanto: cancelación de sus series de animación, nueva película… Por lo pronto las cadenas de televisión estadounidenses ya han presentado sus programaciones para la nueva temporada y las creaciones de Judge no han encontrado hueco. La de cal es que se acaba de estrenar su nueva película en Estados Unidos (llegará antes de finales de año a los países hispanohablantes). Se titula Extract y retrata con humor la vida de una pequeña factoría desde el punto de vista de su gestor. Un hábitat cerrado con una fauna compuesta por una docena de personas que se interrelacionan más allá de lo laboral y que aún sacan tiempo para dedicarse a la producción de sirope de frutas. Todo se complica sobremanera cuando el dueño recibe una suculenta oferta de una gran compañía por su negocio.
La crítica norteamericana asegura que Extract “captura a la perfección la vida de tipos corrientes y reconocibles que tratan de salir adelante siguiendo su propio camino”. No es la primera película dirigida por Judge, en 2006 estrenó Idiocracy, una comedia -como no- en la que los protagonistas son hibernados y despiertan cinco siglos más tarde en un mundo en el que la selección natural ya no favorece los seres más inteligentes (disgenesia lo llaman). En esa sociedad ignorante y primitiva descubren que son las personas más inteligentes del planeta. Pero la audacia no es premiada en Hollywood y el film se estrenó casi de forma clandestina en todo el mundo. Lo que queda claro es que Judge es especialista en introducir en situaciones disparatadas a gente como tú o como yo.
O como Hank Hill –al que prestaba su voz el propio Judge- y su familia, protagonistas de King of the Hill, cuyo último capítulo fue emitido por la Fox la semana pasada para desgracia de sus seguidores (no muchos en número pero fieles). Esta serie de animación está basada en, llamémosle, la irreverencia reflexiva, lejos del humor alocado de Los Simpsons o de la cínica truculencia de South Park. Su otra creación, The Goode Family, ha tenido una vida más breve en ABC, otra de las grandes cadenas estadounidenses. Las mentes grises de ABC decidieron que su fin coincidiría con el del verano de 2009 tras cuatro meses de emisión y trece capítulos.
Continúa la lectura: Mike Judge, proyectos con un guiño ecologista

Años atrás, la ciudad de Los Angeles, en Estados Unidos, se fijó el objetivo de obtener el 20% de su electricidad de fuentes renovables para 2010. Una de las medidas para lograrlo partió de Los Angeles Department of Water and Power (LADWP), que empezó a implementar un programa que permite a los habitantes de la urbe poder cumplir, en su casa, con ese objetivo o, incluso, superarlo. ¿Cómo? Pagando 3 céntimos extra por cada kilowatio/hora consumido, así se aseguran que el dinero de su factura eléctrica financia energías renovables como la eólica, la solar o la hidroeléctrica en lugar de contaminantes centrales eléctricas que funcionan con carbón o combustibles fósiles.
Resulta muy interesante que el consumidor puede escoger si quiere que las renovables representen sólo una parte, o la totalidad, de su factura eléctrica. Puesto en números para entender de cuánto dinero hablamos en el caso de una hipotética factura mensual de 50 dólares: abonando 3 dólares más se asegura uno que el 20% de su electricidad proviene de fuentes renovables y, pagando 15 dólares más cada mes, el 100%.
¿Cuánta gente se apuntó en Los Angeles a la iniciativa? En su informe anual de 2007, el LADWP certificó que las facturas de electricidad de más de 22.000 hogares reflejaban que por lo menos una parte de su suministro ya provenía de las renovables. Lo cual significaría el 6% del total de electricidad consumida en la ciudad. A falta de conocer los datos de 2008, lo que sí parece claro es que, para lograr el objetivo fijado para 2010 (que el 20% de la electricidad sea renovable), habrá que ponerse a trabajar duro y que mucha más gente se sume al programa de LADWP. Por lo pronto, para hoy, Día de la Tierra, está circulando el vídeo de rsx.responsabilityx.com que encontraréis tras el salto para animar a la gente a unirse a esta iniciativa.