
El Centro de Estudios de Avifauna Ibérica (CEIA) de Portugal intenta preservar el águila perdicera pagando a los propietarios de los lugares donde vuelan y anidan estos pájaros en peligro de extinción.
Poderoso caballero es don dinero, ya lo dice el refrán. Con dinero contante y sonante es mucho más fácil lograr respeto, sea de quien sea. Y esta reina de los cielos lo está logrando a golpe de billetera, un modo poco romántico pero efectivo. Así es, a cambio de una compensación económica que abonan a los propietarios de los lugares que son hábitat de estas rapaces. Como contraprestación, éstos han de dejarlas volar y vivir tranquilas.
Además, el programa de conservación del CEIA para preservar este ave incluye dar lecciones de concienciación ambiental a la ciudadanía, y de forma especial a los cazadores. Unas clases que hablan de biodiversidad y del peligro que atraviesa esta especie, que ha disminuido el 15% de su población desde los años 90.