
El reciclaje sistematizado, por acostumbrados que estemos a él en algunas partes del mundo, no es un asunto común. Los contenedores amarillos, verdes y azules no están alineados en todas las calles del planeta, como la mayoría de vosotros seguro supondréis. No está demás, pues, que echemos un repaso a la evolución del proceso de recuperar, clasificar y transformar productos ya usados.
El reciclaje, al menos el moderno, parece haber comenzado por necesidad. Según la historia explicada en How Stuff Works, en la década de 1940, bienes tales como el nylon, el caucho y algunos metales fueron reciclados para ser utilizados en la industria armamentística. De esa época es el cartel que ilustra este post.
A partir de 1960 con el auge del movimiento medioambiental, del que Estados Unidos fue un escenario especialmente importante, el reciclaje tomó un cariz más ético. El Día de la Tierra fue un hito importante que, al parecer, surgió por primera vez en 1969, en una Conferencia de la UNESCO en San Francisco. U Thant, uno de los hombres más admirables entre los que han ocupado el cargo de Secretario General de la ONU, proclamó Día de la Tierra el 21 de marzo.
Los centros de reciclaje comenzaron a proliferar en muchas ciudades del mundo. Y llegó un segundo hito: la generalización del símbolo de reciclaje. Leo en All Recycling Facts que fue diseñado por Gary Anderson en la década de 1960, a propósito de un concurso de arte para llamar la atención sobre la protección del medio ambiente.
Fotografía | Office for Emergency Management, Wikipedia
A las once de la noche, cuando la mayoría de los supermercados y panaderías han cerrado sus puertas, un corto paseo puede revelar una de las peores realidades de las sociedades del llamado primer mundo: contenedores de basura repletos de vegetales, frutas, envasados y pan. Ojalá esas imágenes no lleguen a otras partes del mundo, porque llegan a ser vergonzosas.
Mucho de ese alimento ha sido desechado porque está próximo a caducar o porque su aspecto ya no es atractivo para los clientes. Afortunadamente, en varias ciudades española ya hay quienes se dedican a recuperar lo aprovechable de ese despilfarro. En Australia, FareShare ha ido más allá: con todo el alimento rescatado se cocina para las personas con menos recursos en el estado de Victoria.
La organización sin fines de lucro, sin apoyo del gobierno, lo ha estado haciendo desde 2001. Este año, según informa en su web, ha rescatado 468 toneladas de alimento y ha preparado más de un millón de comidas. Su impacto social ha provocado que los grandes supermercados, las compañías de catering y otras organizaciones les donen directamente la materia prima.
Continúa la lectura: FareShare, la medicina contra el mal del desperdicio de comida
No creo que puedan convertirse en el must-have de la temporada otoño-invierno 2010-2011 (vaya, cuántos guiones tiene la moda), pero las camisetas hechas con hojas diseñadas por Dave Rittinger no son un desperdicio. Sobre todo, porque la inversión que implican consiste en poco más que tiempo y energía para recoger las hojas caídas de los árboles, e ingenio para acomodarlas de forma estética y práctica.
Formado en arquitectura, Rittinger actualmente trabaja con los artistas conceptuales y escultores Dennis Oppenheim y Alice Aycock. Explica en su web que desarrolló una afinidad con la naturaleza al crecer en una zona muy boscosa de Nueva Jersey, Estados Unidos, conocida como Pine Barrens. Autor de innumerables objetos, esculturas y fotografías, sus camisetas diseñadas y fabricadas con hojas conforman una serie llamada Zero Footprint Shirt: Leaf Series.
Se trata de cinco camisetas armadas sólo con hojas recogidas en un parque de Brooklyn y pegamento. Cada prenda está compuesta de hojas de un mismo color: lila, amarillo, verde, rojo y ocre. Cinco colores y formas de cinco especies distintas de árboles. La intensidad de los colores le recuerda a uno lo interesante que es la naturaleza.
Continúa la lectura: Camisetas hechas con hojas, de Dave Rittinger

Hace treinta años, los agricultores israelíes se enfrentaron a un problema natural e inevitable: encontrar una fuente de agua en el desierto lo suficientemente abundante como para sostener sus riegos. La solución fue el reciclaje de aguas residuales. Ahora, con el cambio climático, aquella decisión ha tomado un segundo aire.
La tecnología del reciclaje de aguas residuales se ha convertido en una mina de oro, una industria de más de mil millones de euros. En los setenta esta nación del medio oriente se enfrentó a la escasez de agua de sus fuentes principales: el Mar de Galilea y los acuíferos. La población estaba creciendo y el consumo aumentó exponencialmente.
El problema era claro: no había suficiente agua para la agricultura. Empezaron a regar sus campos con aguas residuales recicladas a partir de los desagües de Tel Aviv. En aquel momento la tecnología del tratamiento de agua no era muy conocida y las autoridades temían que el público rechazaría la idea de usar agua de esta fuente para cultivar sus alimentos. Pero con el cambio de siglo, los habitantes de esta nación han demostrado una gran capacidad de adaptación: Israel sigue siendo el único país en reciclar aguas residuales ampliamente.

El invento parece un sueño hecho realidad, incluso podría ser el principio del fin de la infame basura electrónica. Esta tecnología verde en estado puro se llama Bloom, y no es otra cosa que un ordenador portátil diseñado para poder ser desmontado en menos de dos minutos, facilitando así su reciclaje.
Autodesk Inventor es el software que lo ha hecho realidad, y su reciclaje es tan sencillo e intuitivo como esto: lo consigue en tan sólo diez pasos, en menos de dos minutos y sin herramientas. Sus inventores, estudiantes de diseño industrial de la Universidad de Standford, en Estados Unidos, la han concebido así para facilitar el reciclaje a los consumidores, sin frustrarlos con largos o complejos procedimientos en el desmontaje.
Ello supone un nuevo concepto en el uso de los ordenadores, pues no sólo permite reciclar componentes que en otros ordenadores se encuentran unidos a otras piezas, sino que también alarga la vida del portátil al facilitar las reparaciones y el recambio de sus componentes. “La compra de una computadora ya no será una inversión singular, sino una relación a largo plazo entre el consumidor y el proveedor de servicios” dijo Engel-Hall, uno de los miembros del equipo.
Continúa la lectura: Universitarios diseñan un ordenador portátil desmontable en dos minutos

¿Utilizar bolsas reutilizables como cojines? ¿Y por qué no? En el mundo del reciclaje creativo, casi todo es posible. Mira, mira la foto que ilustra este post, queda de lo más moderno, además de ser una sencillísima forma de reutilización.
Sí, la nueva moda de la bolsa reutilizable es genial para el medio ambiente, pero la tendencia puede acabar llenándonos la casa de decenas de estas bolsas. ¿Qué hacer con ellas? Una ingeniosa solución es convertirlas en cojines. Aprovecha la personalidad de cada bolsa, sus distintos colores, muy combinables precisamente gracias a sus diferentes estampados.
La conversión no tiene complicaciones, sólo hay que introducir un relleno de almohada y utilizarlas directamente como fundas, cortando o escondiendo bien las asas. Luego, cerramos la abertura cosiéndola, colocándole una cremallera o con velcro, sin más.
Continúa la lectura: Transforma tus bolsas reutilizables en almohadones
El problema con los contenedores de reciclaje de residuos orgánicos es que, por el momento, son inútiles. Explico: he hecho un recorrido por cuatro calles adyacentes a la plaza del ayuntamiento de mi barrio, revisando el contenido de los contenedores de tapa marrón. Fruto de esa excursión son las fotos que ilustran este post -que muestran que el contenido incluye materia no orgánica y perfectamente reciclable en otros contenedores- y las siguientes hipótesis:
Nótese que me refiero a algunos de mis vecinos -porque hay quienes usan los contenedores correctamente- y sólo a vecinos inmediatos, es decir, a los residentes en las cuatro calles más cercanas a la mía. No he querido extrapolar los resultados a toda la ciudad porque siempre cabe la posibilidad de que yo haya tenido el tino de mudarme al único barrio en el que la iniciativa de reciclaje orgánico no esté funcionando. Si es así, y en todos los otros barrios el asunto va como la seda, por favor informadnos porque sería un hecho digno de un estudio sociológico.
Continúa la lectura: El problema con los contenedores de reciclaje de residuos orgánicos

Un informe basado sobre un estudio de la organización Amigos de la Tierra, titulado Más empleo, menos residuos -More Jobs, Less Waste-, afirma que la industria del reciclado de basura crearía diez veces más puestos de trabajo por tonelada en Europa de los que crea el envío de basura a los vertederos o la incineradora.
Las cifras publicadas muestran que al menos 500 mil nuevos puestos de trabajo se crearían en Europa si los países reciclaran 70% de sus residuos. Recientemente, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, pidió la creación de tres millones de empleos verdes nuevos para el año 2020 en la Unión. En la actualidad, el objetivo de la UE en materia de reciclaje es de 50% para 2020.
Una investigación anterior realizada por el grupo publicaba cifras que muestran que por los materiales reciclables que la UE actualmente incinera o entierra en los vertederos, se hubieran ahorrado el equivalente de 148 millones de toneladas de emisiones de CO2.
Continúa la lectura: Si Europa reciclase más, se crearían cientos de miles de puestos de trabajo
Leo en El Correo que es en los meses centrales del año cuando más bodas se realizan en España. Y entre tanto consejo sobre coberturas para tartas, conservación de flores, maximización de menús e impresión de invitaciones, me ha parecido oportuno contar la historia de la pareja estadounidense que está intentando reunir el dinero para pagar su boda reciclando latas.
Son 400 mil las latas de aluminio que tendrán que reunir para cumplir su objetivo. Andrea, la novia, calcula que necesitarán siete meses –y un poco de ayuda de los amigos y habitantes de su ciudad, Spokane, en el estado de Washington- para reunir esa cantidad. Irán a por las latas de aluminio no importa en qué parte de la ciudad estén.
Han ido incluso un paso más allá. Quienes no viven en Spokane pero comparten el buen hábito de reciclar, pueden donar parte del dinero que reciban en el centro de reciclaje por sus latas de aluminio a una cuenta que los futuros esposos han abierto en PayPal. Es una idea de lo más ecológica e implica a amigos y familia en la materialización de la boda, que es mucho mejor regalo que la mayoría de los que se hacen por compromiso.
Continúa la lectura: Una pareja estadounidense recicla latas de aluminio para pagar su boda
Se percibe en la Red un interés creciente por los muebles reciclados, ya se trate de muebles que acumulan varios años de existencia pero que aún tienen encanto y capacidad para ser usados, o de muebles fabricados recientemente con materiales reciclados, por ejemplo, madera. Este último es e caso de D-Bodhi, una empresa con sede en Singapur.
D-Bodhi dice que su principal línea de producción son los muebles fabricados con madera de teka -específicamente Tectona Grandis del este de Java- 100% reciclada o regenerada. Madera que una vez formó parte de casas o puentes y que, en vez de ser echada al abandono, es llevada a la empresa para ser transformada.
Creada en 2007, D-Bodhi asegura haber sido la primera compañía en la region Asia Pacífico que obtuvo la certificación del Forest Stewardship Council (FSC) de uso de madera de teka 100% reciclada. Cada pieza es única, pues las piezas de madera son trabajadas por artesanos, sin máquinas involucradas.
Continúa la lectura: D-Bodhi: increíbles muebles de madera reciclada

El Roland Garros, Grand Slam sobre tierra batida, no es la única actividad que organiza estos días la Federación Francesa de Tenis (FFT). Aunque mucho menos popular, pero igual de importante, también ha puesto en marcha un programa de reciclaje de pelotas de tenis para darles una segunda vida.
Además de las muchas que bailarán en el famoso torneo, todavía más pelotas amarillas han comenzado a moverse en territorio galo. Pero esta vez fuera de las pistas. Su destino será transfomarse en moquetas y revestimientos para cubrir los suelos de los gimnasios y otras instalaciones deportivas.
Un dato curioso: una pelota de tenis tarda unos 2.500 años en descomponerse, y tan sólo en Francia se venden alrededor de 14 millones de ellas cada año. Y un dato escandaloso: estas cifras son un auténtico atentado contra la naturaleza, que la TFF pretende suavizar.

Una colilla de un cigarrillo contiene trazos de toxinas como plomo, arsénico y cadmio. De acuerdo con un estudio publicado en la revista de la Sociedad Química Americana, estos y otros extractos químicos contenidos en las colillas pueden ser usados como anticorrosivos en los tubos de acero.
El estudio ha sido realizado por un equipo de científicos chinos de la Universidad Jiaotong y ha sido financiado por la compañía petrolera estatal. Los científicos han aplicado los extractos de nueve químicos encontrados en las colillas a un tipo de acero usado en los tubos de petróleo, conocido como N80. El resultado fue que actuaron como anticorrosivos sobre el metal.
Reparar o reemplazar los tubos de acero cuesta a la industria petrolera millones de dólares al año, así que es una buena noticia para estas grandes y contaminantes corporaciones saber que los 4,5 trillones de colillas de cigarrillo que, según el estudio, terminan en el medio ambiente cada año, pueden prevenir la oxidación del acero.