
Según un análisis realizado por la Asociación Europea de Energía Eólica (European Wind Energy Association, EWEA), la Unión Europea superará el objetivo de producir el 20% de su energía de fuentes renovables para 2020. El análisis, que evalúa todas las formas de energía renovable, señala que 13 de los 27 Estados miembros de la UE pueden cumplir sus objetivos nacionales de capacidad de energía renovable, y otros ocho superarán dichos objetivos.
En enero de este año, Reuters publicó extractos de un documento oficioso de la Comisión Europea en el que se señalaba que las condiciones de la Unión Europea para avanzar hacia una reducción de 30% de sus emisiones de dióxido de carbono durante la próxima década no se habían cumplido. Poco tiempo después se hizo oficial que el bloque se establecería como meta la reducción de emisiones de dióxido de carbono en 20% por debajo de los niveles de 1990 para la próxima década, es decir, 10% menos de lo anunciado previamente.
España y Alemania lideran el camino europeo hacia una energía renovable, y el gobierno español anunció que está en camino de generar 22,7% de su energía de fuentes renovables para 2020, casi tres puntos porcentuales por encima de su objetivo de 20%. Del mismo modo, Alemania espera estar 0,7 puntos porcentuales por encima de su meta de 18%, mientras que Estonia, Grecia, Irlanda, Polonia, Eslovaquia y Suecia, han dicho que también esperan superar sus objetivos.
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La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha elaborado un documento con recomendaciones sobre políticas públicas, con el objetivo de que sea tomado en cuenta en la COP15. En él hace un llamado a abordar conjuntamente la seguridad alimentaria y el cambio climático, ya que la agricultura es a la vez víctima y causante del problema: es responsable de 14% de las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo.
De acuerdo con el documento, los países en desarrollo tienen cerca de 70% del potencial para reducir las emisiones, a través de prácticas agrícolas que capturan carbono y lo retienen en el suelo, incluyendo aquellas utilizadas por la agricultura orgánica y de conservación. Sin embargo, ha sido excluida de los principales mecanismos de financiación que se han creado para combatir el cambio climático.
De allí que el documento de la FAO señale la importancia de que parte de la financiación que se destine a combatir el cambio climático vaya dirigida a fortalecer la seguridad alimentaria, sobre todo en los países más vulnerables. Las predicciones de la FAO apuntan a que la producción alimentaria deberá incrementarse 70% para 2050, para cubrir la demanda de la población mundial.
El Instituto de Medio Ambiente de Estocolmo, a petición de la organización Friends of the Earth Europe, ha elaborado un estudio que pone en evidencia lo fácil que sería para cada habitante de este pequeño continente llamado Europa reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que contaminantes nuestro hábitat. Por ejemplo, invirtiendo dos euros al día. “Eso está hecho, decidme dónde deposito esos dos euros”, pensaréis vosotros. Pues el asunto no es tan fácil: esos dos euros resultan de cambiar nuestra forma de vida.
Para empezar, habría que reducir 60% el consumo de carne –sabéis ya que las vacas eructan CO2- y los viajes en avión para distancias menores a mil kilómetros en 10% (para 2020, eso sí). Y las calles tendrían que verse siempre como en la foto, es decir, con pocos coches. Si todos hiciésemos todo esto (que no implica grandes sacrificios, al precio al que están la ternera y los billetes de avión), para la próxima década Europa tal vez podría reducir sus emisiones de CO2 y otros gases en 40% por debajo de los niveles de 1990.
Los países más pobres dicen que las naciones industrializadas son la causa del problema climático –han estado contaminando desde la revolución industrial- y deberían reducir sus emisiones 40% con respecto a las emisiones que se producían en 1990. Hacerlo le costaría a Europa dos trillones de euros, o cerca de 2% del producto interno bruto acumulativo. Es decir, dos euros por europeo al día.
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El gobierno de China, principal emisor mundial de gases de efecto invernadero procedentes de la actividad humana, ha anunciado su compromiso de reducir la cantidad de dióxido de carbono emitido por cada unidad de PIB entre 40% y 45% para 2020, con respecto a las emisiones de 2005. El objetivo está en consonancia con lo que los expertos calculaban.
Recientemente, el gobierno de Estados Unidos también anunció su objetivo de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero: 17% por debajo de los niveles de 2005 para el año 2020 (3% por debajo menos que el año 1990 de referencia utilizadas en los tratados de Naciones Unidas).
La diferencia entre ambas propuestas tiene parte de trasfondo político: el equipo chino encargado de preparar la posición de su país en la COP15 no tiene que exponer sus objetivos ante un Congreso que le es en parte hostil, que es el caso del equipo estadounidense. El Partido Comunista ya ha acordado su plan de acción.
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A menos de un mes de la cumbre de Naciones Unidas sobre el clima en Copenhague, India, uno de los mayores emisores de gases de efecto invernadero del mundo, endurece sus leyes de calidad del aire. Básicamente, los Revised National Ambient Air Quality Standards aprobados ayer establecen un único estándar de polución común para las zonas residenciales y para las industriales (estas últimas, más permisivas hasta la fecha).
Una cosa que me ha sorprendido de la noticia es que, supuestamente, estos nuevos estándares conllevaran el uso de “combustible limpio” para reducir las emisiones. Imagino que se referirán a que el combustible que se usará de ahora en adelante será más refinado y menos contaminante, ya que las palabras combustible, y limpio, son en sí una contradicción.
La presentación de los Revised National Ambient Air Quality Standards la hizo Jairam Ramesh , Ministro de Medio Ambiente y Bosques. Éstas fueron sus palabras para explicar la importancia de eliminar la distinción entre zonas residenciales e industriales:
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Utilizar cosméticos verdes o productos orgánicos para el aseo personal es todo un gesto medioambiental, del que también se beneficia tu bolsillo y tu salud. Pero de poco vale este activismo si en el momento del aseo carecemos de una actitud respetuosa con el planeta.
Peinarse, lavarse y arreglarse sin perder la compostura ecológica es tarea fácil, siempre y cuando se sigan unas pautas básicas. Porque, en este caso, cuidar el entorno no acaba en seguir las tres erres (reducir, reciclar y reutilizar), sino que también se necesita una actitud bio para preservar el planeta.
Una primera sugerencia, muy repetida, precisamente por su importancia: prefiere la ducha al baño, dejando éste para momentos de estrés, cansancio o frío intenso. Así ahorrarás agua ya en tu primer gesto de aseo personal. Una vez fuera de la ducha, cuando vayas a ponerte tus cosméticos faciales, utiliza una pequeña espátula, bien limpia, para dosificar el producto. Además de evitar bacterias, ahorrarás producto. O, como alternativa, adquiere tus cosméticos en botellitas o tubos antes que en tarros.
Ahorrar agua en el baño, probablemente el sitio del hogar en el que más la desperdiciamos. Empecemos con lo más básico, lo más cercano al sentido común: no abrir el grifo al lavarse los dientes, sino usar un vaso de agua. Así se puede ahorrar hasta un galón de agua por minuto.
Los inodoros son responsables de cerca de 30% de toda el agua utilizada en el hogar estadounidense promedio, y quizá podamos extrapolar esta cifra a España. Los inodoros convencionales pueden utilizar entre 3,5 a 7 galones de agua en una tirada de la cadena, mientras que los eficientes sólo 1,3 galones.
Si no se puede costear este gasto, hay soluciones en cualquier ferretería. Por ejemplo, colocar una represa de inodoro o incluso una botella de refresco llena de agua en la cisterna para reducir la cantidad de agua en cada descarga. Las fugas de agua silenciosas pueden implicar una pérdida de hasta 200 galones por día. Para identificarlas, basta con poner un poco de colorante de alimentos en el tanque y esperar 15 minutos. Si el color se ve en la taza del inodoro, hay una fuga.

La ciudad de Lieja fue la capital industrial de Valonia durante años, pero con el final de la década de los sesenta llegó su lenta decadencia. En los últimos tiempos, y en una transformación que recuerda en parte a la de Bilbao, Lieja renace como población moderna en el término positivo del término, con construcciones como su nueva estación de tren: un símbolo del nuevo espíritu y, ante todo, de utilidad para sus habitantes. La estación, obra de Santiago Calatrava, ha sido bautizada por unos como la Catedral de la Luz (por su iluminación natural y sus ladrillos de vidrio) y por otros como Motor del Renacimiento de la ciudad (lema escogido por las autoridades en su presentación oficial). Pero todo motor necesita de otras piezas para funcionar y una de ellas será Médiacité.
Por lo pronto, este centro comercial y de ocio está situado en las cercanías de la EuroLiege TGV, la flamante estación, lo cual supone un gran reto porque exige estar a la altura o, al menos, no desentonar. A Médiacité, que será inaugurada a finales de octubre coincidiendo con el pistoletazo de salida de la temible campaña navideña, se le aplican calificativos como sostenible, eficiente en lo energético,… Decirlo es fácil pero demostrarlo no tanto, así que vamos allá. Primer dato en su haber: su situación (serpentea por el centro urbano) y accesos permite a los clientes a llegar a pie, en bicicleta o utilizando las numerosas líneas de autobuses que pasan por las cercanías.
Una vez en el interior, quienes ya lo han visitado aseguran que llama la atención como maximiza la luz natural –un bien escaso en CentroEuropa- durante todo el día a través de numerosas cristaleras y claraboyas. Otras estrategias para lograr el ahorro energético son más radicales, por ejemplo, las tiendas tienen limitado el uso de electricidad para reducir su consumo. A estas medidas se suman las calderas de condensación de gas de alta eficiencia y la presencia de un material semi-reflectante usado como cubierta que colabora en la regulación de la temperatura. En cuanto a la calidad del aire, esta será gestionada a través de estaciones autónomas de tratamiento repartidas por los techos.
Médiacité, un centro comercial sostenible en Lieja




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Es una estrategia que toma en cuenta las condiciones de los hogares en el Reino Unido, pero puede extrapolarse a España: cero residuos. ¿Cómo lograríamos tal cosa? Individualmente está claro: las familias, tal y como se espera que hagan las británicas, tendrán que separar todo lo que puede ser reciclado y reutilizar todo lo reutilizable. Pero en el ámbito administrativo, ¿cómo organizarían los ayuntamiento la separación de basura para reducir la cantidad de residuos destinados a los vertederos?
Estamos acostumbrados a reciclar el plástico, el papel y el vidrio. Alguno de vosotros habrá visto con decepción como, después de tanto trabajo separando cosas, los operarios vacían los tres contenedores en el mismo camión. Calma, esto es así porque puede ser más fácil separarlos en la planta de reciclaje. En algunos casos, el vidrio sí que es mantenido aparte, pues tiene mayor valor.
Los residuos orgánicos van al contenedor marrón que, por desgracia, no abunda en todas las ciudades españolas. En Barcelona, concretamente, el ayuntamiento ha prometido que un modelo nuevo de contenedores para residuos orgánicos será instalado en todos los barrios de la ciudad a partir de noviembre. Por ahora, existe uno neumático en la Plaza Lesseps.
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La compañía ferroviaria española Renfe ha anunciado que reducirá las emisiones de CO2 por viajero en un 57% respecto a las de 1990 para el año 2020. Ha informado de ello Francisco Celso González, director general Económico-Financiero de Renfe. El objetivo para 2020 es que las emisiones de CO2 por viajero se sitúen por debajo de los 20 gramos (en la actualidad la cifra es de 24,41 gramos, en 1990 era de 46,5 gramos).
A pesar de que a menudo nos hacemos eco de novedades acerca de coches y motos eléctricas, lo cierto es que en Ecologiablog apostamos por el transporte público. ¿Por qué? Un dato lo explica todo: los coches privados emiten seis veces más gases de efecto invernadero por viajero que los trenes, por ejemplo. Y a pesar de que la Comisión Europea está planteando objetivos muy ambiciosos de reducción de emisiones (pasar de los 160 gramos de CO2 por pasajero del año 2008 a 95 gramos para 2020), lo cierto es que el tren seguirá siendo el rey.
¿Cómo se piensan lograr tales metas desde Renfe? Mejorando la eficiencia energética de la tracción de sus locomotoras (algo que ya ha sido mejorado en un 18% desde el año 1990), apostando todavía más por la electricidad frente al diésel como fuente de energía de propulsión, y renovando los trenes por otros más eficientes.
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El Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ordenó ayer lunes al gobierno federal, al igual que a todas las agencias federales del país, que dieran ejemplo en la lucha contra el cambio climático y que, en consecuencia, asumieran, en el lapso de 90 días, algunos objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para 2020.
No sólo eso. Obama también mandó a las diferentes agencias incrementar la eficiencia energética, cortar el consumo de gasolina de los coches oficiales, ahorrar agua y reducir la cantidad de basura producida. Todo ello, dijo, con el fin de ahorrar dinero y echarle una manita al medio ambiente.
Como mayor consumidor de energía de la economía de los Estados Unidos, el gobierno federal puede y debe liderar con el ejemplo. (Traducción libre)
¿Recordáis que los británicos serán multados si no reciclan las sobras de la comida? El asunto ha debido causar tal conmoción que el periódico inglés The Guardian está pidiendo a sus lectores que compartan sus consejos para evitar el desperdicio de comida. Si ánimos de ser pretenciosa, he de decir que, comparada con The Guardian, soy una pionera en estas lides, porque hace tiempo que ya compartí con vosotros algunos tips para reducir al mínimo los desechos orgánicos.
He decidido mencionar algunas de las sugerencias de los ingleses porque, con multa o no de por medio, todos deberíamos usar conscientemente nuestros recursos alimenticios. Tomad nota. ¿Sabíais que la mayoría de los productos de origen animal son altamente perecederos, en contraste con los alimentos secos? No es extraño que muchos lectores hayan recomendado el vegetarianismo, veganismo o, al menos, la disminución del consumo de carne, partiendo de la premisa de que esta práctica es en sí misma una forma de desperdicio.
La ganadería en el mundo consume 1,2 billones de toneladas de cereales y legumbres. Dos tercios de lo que consumen lo devuelven en forma de heces, calor y tejido no comestible. Muchos comentarios llaman la atención sobre el hecho de que la solución para evitar los residuos de alimentos comienza incluso antes de llegar a las tiendas. De media, los hogares del Reino Unido desechan 25% de la comida que compran. La solución es tan simple que parece que haya gato encerrado: ¿por qué no compramos sólo aquello que vamos a consumir?
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