
Si unimos en un mismo local los mejores emplazamientos de la red de Starbucks con el Café del Mar ibicenco o las terrazas del puerto de Valencia puede que el resultado se parezca al nuevo proyecto del arquitecto Michael Jantzen: The Solar Winds Coffee House. El estadounidense apuesta de forma invariable en sus diseños por la sostenibilidad y este local no iba a ser menos. Se trata de una instalación totalmente auto-suficiente gracias a la energía solar y eólica que produce o a la recogida y almacenamiento de agua de lluvia. Jantzen asegura que se puede construir en cualquier punto del planeta pero me da a mí que su amplia terraza al aire libre aconsejan una situación meridional.
La estructura central, de forma cilíndrica y coronada por un platillo volante digno de una peli de los cincuenta, reúne los tragaluces, un sistema de ventilación natural, los paneles solares y las turbinas de viento, que se montarán en la parte superior de la estructura y proporcionará la energía necesaria para la calefacción, la refrigeración,… También es la zona donde se administra el agua. Ni una gota se desperdiciará, toda será reciclada y se sumará a la de lluvia para su uso en los aseos.
La terraza del local es una cubierta de grandes dimensiones que, tal y como precisa Jantzen, ha de situarse con las siete grandes cintas ondulantes (al estilo Frank Gehry) marcando el sur. Todos los diseños de este visionario arquitecto persiguen que sus usuarios los disfruten con los menos artificios posibles, ya sea a través del filtrado u optimización de la luz natural o de la regulación natural de la temperatura a partir de sombras. Y es que Michael Jantzen se parece a Leonardo Da Vinci en que sus visiones se adelantaron a su época y sus diseños parecían irrealizables en el momento en el que fueron engendrados.
Continúa la lectura: El Café de los Vientos Solares, ¿próximo local de moda?

No hace mucho tiempo la infraestructura necesaria para construir y alojar un centro de datos eran bastante sencilla: una sala de aire acondicionado (CRAC), unidades de procesamiento, equipos de acondicionamiento de potencia, sistemas de alimentación ininterrumpida (UPS), electricidad y fontanería. Era, más o menos, la extensión de la infraestructura de climatización de un típico edificio comercial.
Pero eso está cambiando drásticamente por dos razones principales. La primera es que los servidores son cada vez más pequeños y como consecuencia generan más calor. La segunda es que los operadores de centros de datos están empezando a tomar en cuenta, en sus decisiones de compra, la eficiencia energética. La eficacia de uso de energía (PUE) ha entrado en el léxico como un indicador para evaluar cuales son los componente más eficaces.
Por lo tanto, no es especialmente sorprendente que IBM haya anunciado un acuerdo con la Universidad de Syracusa y el estado de Nueva York para construir un nuevo centro de datos en el campus que incorporará la tecnología más avanzada del mundo en ahorro energético. Se espera que el centro use un 50 por ciento menos de energía que un típico centro de datos de hoy, convirtiéndose en uno de los más eficientes.
Continúa la lectura: IBM construirá un novedoso centro de datos energéticamente eficiente

Innovación con respeto al medio ambiente. Este es un buen lema, sin duda, y es el que hace suyo la empresa estadounidense Entropy Solutions, con base en la ciudad de Minneapolis. En su caso, busca soluciones ecológicas no contaminantes a los envíos de bienes perecederos, aquéllos que hace falta conservar en frío o congelados para su transporte, generalmente en avión, de un sitio a otro. En la actualidad, se viene utilizando mayormente el llamado hielo seco, pero está en entredicho justamente por emitir dióxido de carbono. Entropy Solutions aporta una alternativa limpia y reutilizable con PureTemp. También sirve para conservar el calor.
Esta nueva tecnología libre de petróleo asegura temperaturas por debajo de los 40ºC negativos o, si lo que conviene es mantener el calor, hasta 66ºC positivos. La clave está en el material usado para su construcción, el ya registrado y patentado PureTemp, que se basa en material renovable de cambio de fase (PCM). Tiene las particularidades de poder reutilizarse más de 20.000 veces sin que pierda sus propiedades termales, de estar hecho con material 100% renovable, biodegradable y no contaminante.
La compañía también se anota otro tanto, el de la adaptabilidad a cualquier uso y modo de transporte. Así, PureTemp no se limita a ningún tipo de transporte ni uso en particular. De esta forma, puede usarse con una amplia variedad de elementos de carga incluidos los productos farmacéuticos, de plasma, dispositivos clínicos, e incluso alimentos que deben mantenerse congeladas durante todo el envío. Toda estas posibilidades y aplicaciones para el transporte las encontraréis en la rama empresarial, de la misma compañía, llamada GREENBOX Thermal Management System.
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Después del mal ejemplo de algunas de las compañías de hardware informático que quedaron retratadas en la lista de la electrónica verde de Greenpeace, traemos hoy un ordenador portátil o laptop, diseñado por Ed Boaden, que sí es ecofriendly o respetuoso con el medio ambiente. Lleva por nombre Modulus y es definido como la computadora notebook sostenible. Además de precisar de muy poca energía para funcionar, como ahora veremos, su estructura facilita su reciclaje y reparación.
Como su nombre indica, Modulus está construido con una estructura modular. Y no tiene tornillos, con lo que olvídense de la caja de herramientas. Básicamente, gracias a clavijas, se sostiene y mantiene unido el conjunto, de forma que es muy fácil de descomponer, ya sea para reciclar las diferentes partes del portátil, ya sea para acceder fácilmente a las entrañas del mismo para poderlo reparar o sustituir alguna pieza que no funcione. Así que, presumiblemente, este portátil no conllevará los manidos problemas de la basura electrónica ni favorecerá el comercio ilegal de la misma.
No sé si ustedes lo sabían, pero lo que más electricidad consume en cualquier ordenador, no importa si es de sobremesa o portátil, es el sistema de refrigeración del procesador. El ventilador, hablando claro. Aunque los notebooks, que son portátiles más pequeños y menos potentes pensados para navegar por internet, consumen menos, la solución encontrada por el diseñador Ed Boaden me parece igualmente tan sencilla como eficiente: gracias a su estructura modular, el notebook se abre de tal forma que deja correr el aire por debajo, logrando así una refrigeración natural y ecológica de sus componentes.
Modulus, la notebook ecológica




Vía | www.ecofriend.org
Fotografías | www.coroflot.com
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España se ha decidido a dejar de producir y de consumir hidroclorofluorocarbonos (HCFCs), unas sustancias que son muy perjudiciales para la capa de ozono. Lo hace con retraso: fue sólo hace dos días que el Consejo de Ministros llegó a un acuerdo para ponerse al día con los ajustes que a este respecto se hicieron al Protocolo de Montreal en septiembre de 2007. Y lo hace demasiado tibiamente: dejaremos de producir HCFCs en 2020 pero no completamente, puesto que durante diez años podrán seguir siendo usados en pequeñas cantidades.
Los hidroclorofluorocarbonos se utilizan en la mayoría de los sistemas de refrigeración y aire acondicionado. El caso es que ya se dispone en la actualidad de sustancias alternativas a éstas, que son tan nocivas para el medio ambiente. Por ello se hizo la enmienda al Protocolo de Montreal, fijándose la fecha de 2030 para el cese de su explotación en los países en vía de desarrollo y de 2020 para los industrializados.
Por lo que se refiere a la Unión Europea, hay que decir que en este ámbito también es pionera en cuestiones medioambientales a nivel mundial. Así, por lo visto, el calendario europeo para eliminar estas sustancias que agotan la capa de ozono es aún más corto que las introducidas por el Protocolo de Montreal.
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Neveras solares se han inventado otras, pero ninguna tan barata, ni con cero consumo eléctrico, como esta. Ni tampoco, imagino, habrá ninguna ideada por alguien tan joven: la ha inventado Emily Cummins, una chica de 21 años de West Yorkshire, Inglaterra. De tamaño muy reducido, está especialmente pensada para zonas calurosas del Tercer Mundo donde no se dispone de energía eléctrica (o de dinero para comprar una nevera). Es la solución ideal para transportar medicamentos o para conservar leche y carne en muchos rincones de África, sitio en el que la inventora vivió un año (desarrollando diferentes prototipos) y donde todavía la conocen como la “fridge lady” o “señora de la neveras”. Sin aporte eléctrico de ningún tipo, mantiene la temperatura constante a 6 grados centígrados.
Veamos ahora cómo surgió la idea (nacida de la imitación de la naturaleza como tantos otros inventos) y pasemos luego a examinar la construcción concreta de su invento. Según sus palabras (que os traduzco yo), “quería hacerlo realmente simple, así que me puse a investigar cómo refrigerábamos años atrás”. Resultó que “el método más simple de mantener algo fresco podía observarse al fijarse uno en cómo nos refrigeramos biológicamente: a través del sudor o evaporación. Esa idea me llevó al diseño y la nevera vio la luz”.
El así llamado “First Generation Fridge” (Frigorífico Primera Generación) está compuesto por dos cilindros, uno dentro del otro, siendo el interior metálico (en África aprovechaba partes de coches), y pudiendo ser el exterior de plástico o madera. Entre los dos cilindros hay un espacio vacío que se rellena con arena, lana o tierra, y que, para el correcto funcionamiento del aparato, hay que mojar con agua. En entornos calurosos (lástima, si llueve no funciona), la energía del sol provoca la evaporación de ese agua (a través de unos agujeros practicados en el cilindro exterior), refrigerándose así el cilindro interior. Para que siga funcionando, sólo se debe ir empapando de vez en cuando el material del relleno.
Por este, y otros inventos sostenibles y pensados para el Tercer Mundo, Emily Cummins ha recibido diferentes premios, becas e incluso financiación para proyectos similares. ¡Incluso la Reina de Inglaterra la ha recibido! Lo más triste del caso es que, por chorradas académicas, la joven no ha podido entrar en la facultad de ciencias que pretendía… y estudia, en la actualidad, un curso de negocios. Yo, de verdad, qué queréis que os diga, estas cosas no las entiendo.
Vía | www.dailymail.co.uk
Fotografía | www.emmilycummins.co.uk
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