
Algunos científicos predicen que con el aumento de las temperaturas en el Ártico, la tundra de Alaska tal y como es actualmente podría desaparecer antes de finales de siglo. Dicha desaparición podría tener un profundo impacto en las criaturas que viven y crían en Alaska, entre ellos los osos pardos, lobos, zorros, y muchas especies de aves acuáticas y aves migratorias. Pero quizá el animal más afectado por este cambio sería el caribú, que dependen en gran medida de los líquenes como fuente de alimento.
La tundra, un ecosistema frío, seco y sin árboles, caracterizado una temporada de florecimiento de la vegetación extremadamente corta, está compuesta por capas subyacentes del suelo congelado -conocidas como permafrost- y pastos, juncos, musgos, líquenes, bayas y plantas. De mantenerse el deshielo, y de continuar produciéndose incendios de gran magnitud como los que se han producido recientemente, todo esta vegetación sería sustituida por tierras de arbustos e incluso por bosques boreales.
El aumento de la quema y el deshielo de la tundra también podría tener un impacto general en el planeta, pues podría contribuir al aumento del calentamiento global. Los científicos señalan que enormes cantidades de carbono y, sobre todo, de metano, un gas de efecto invernadero aún más potente que el CO2, están almacenadas en el permafrost subyacente en la mayor parte de la tundra ártica. Si el permafrost se derrite, estos gases serían liberados.

Muchos ojos vigilan de cerca los cambios que se producen en el Ártico de un año para otro. El último efecto que se ha registrado es que la tundra se vuelve cada vez más cálida y húmeda debido al aumento de las temperaturas a nivel planetario. Pues bien, este hecho provoca que la emisión de dióxido de carbono de la tundra aumente. Eso no significa que la tundra pase a ser enemigo declarado del planeta. Se trata, más bien, de un círculo vicioso: el calentamiento global hace aumentar la temperatura de la tundra y ésta, a su vez, impulsa el calentamiento global que hace que la tundra se caliente aún más… Podría pasarme así todo el día.
Estas novedosas conclusiones se han expuesto en la reunión anual de la Ecological Society of America, que este año se celebra en Albuquerque (EE.UU.) Dos investigadores de la Universidad Estatal de San Diego, Walter Oechel y Donatella Zona, presentaron los resultados fruto de un complejo experimento que forma parte de The Barrow Environmental Observatory, una serie de estudios en la región de North Slope (Alaska, EE.UU.). El equipo dirigido por Oechel y Zona eligió para el experimento un área de 1200 metros en un lago de la región, a unos diez kilómetros de la ciudad costera de Barrow.
Los anteriores experimentos desarrollados en esta materia habían sido de una escala mucho menor, muestras de suelo tratadas en laboratorio o pequeños estudios de campo. Esta investigación es la más ambiciosa realizada hasta la fecha y ha permitido manipular a voluntad una zona de tundra situada en Alaska. La tarea no era sencilla: A través de diques de plástico, los investigadores dividieron el lago en tres segmentos. Bombearon agua entre las zonas de forma que dejaron una zona de tundra más empapada, seca la parte central y la restante tal y como se la encontraron. En cada una de las divisiones del lago colocaron aparatos de medición que fueron los que reunieron datos sobre las emisiones de gases como el metano y el CO2. Los datos fueron concluyentes: la zona más húmeda desprendía CO2 a diferencia de las zonas de drenaje y control.
Continúa la lectura: La tundra acelera el cambio climático (pero no es su culpa)

Un vertido de petróleo se ha producido en el campo petrolífero de Kuparuk, en Alaska, al romperse una tubería corroída se han derramado unos 360 metros cúbicos de agua salada mezclada con petróleo. Según afirma el Alaska Department of Environmental Conservation (DEC) se trata del mayor vertido de este tipo de residuo en el Ártico Norteamericano. Hace aproximadamente un año ocurrió un accidente similar en la misma instalación.
Conocco Philips, la empresa que opera el yacimiento, no ha querido comentar todavía sobre lo sucedido, de hecho en su web no hay mención del suceso mientras redacto este post. Pero desde el DEC informan que se ha limpiado el vertido retirando la nieve contaminada. Indican que la contaminación no ha afectado a la tundra, de ser así la limpieza y los efectos serían mayores. El pozo de petróleo se ha puesto fuera de servicio.
Kuparuk es el segundo mayor yacimiento petrolífero en Norteamérica, y es operado por ConoccoPhilips. La propiedad se reparte entre ésta, BP, Exxon Mobil y Chevron. De poco sirve que estas empresas petroleras se gasten el dinero en campañas de publicidad para decirnos lo verdes que son y lo que se preocupan por el futuro, ( lo que se conoce como “greenwash”), o peor aún manipulando la opinión pública, si el mantenimiento de sus instalaciones en lugares de gran sensibilidad ecológica, como las tundras árticas, es deficiente y están constantemente provocando accidentes.
Este episodio se suma al vertido de 1.000 metros cúbicos de petróleo sobre la tundra en el pozo de extracción de Prudhoe Bay, perteneciente a BP. Mientras la petrolera británica insiste en sus campañas de publicidad “Beyond Petroleum” (más allá del petróleo), en USA este episodio le costó duras críticas y mucho dinero. Más le cuestan al planeta estos accidentes que lo que dejan de ganar estas empresas.
Vía | www.reuters.com
Fotografía | The Wilderness Society