
Centenares de activistas de Greenpeace participaron en una manifestación este fin de semana en el centro de Jakarta, capital de Indonesia, contra el proceso de deforestación masiva que está viviendo este país del sureste asiático y en apoyo del Presidente Susilo Bambang Yudhoyono, que se ha comprometido a detener las emisiones de gases de efecto invernadero resultantes de la tala. Debido a este proceso de deforestación, Indonesia es el tercer mayor emisor de CO2 del mundo.
Algunos de los lemas que podían leerse en las pancartas y escucharse en los gritos de los manifestantes fueron “Basta, paren de destruir nuestros bosques” y “Dejen de hablar, empiecen a actuar”. Estos mensajes iban claramente dirigidos a la clase política indonesia, y en especial al Presidente. En referencia a él, Yuyun Indradi, activista involucrado en la campaña de bosques de Greenpeace para el Sureste Asiático, dijo lo siguiente:
Urgimos a Susilo Bambang Yudhoyono a mantener su promesa de reducir las emisiones, especialmente de la deforestación. Prometió reducir las emisiones en un 41%. (Traducción libre)
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En la isla de Borneo, Indonesia, el avance de la frontera agrícola está drenando vastas zonas pantanosas, dejando al descubierto turba acumulada durante milenios, un combustible fósil formado de residuos vegetales que contiene mucho dióxido de carbono (CO2). Las turberas, por lo general, se queman, dando lugar a incendios que tardan semanas en apagarse y que liberan a la atmósfera grandes cantidades de CO2.
Seguramente se trate de una de las mayores y más olvidadas causas del cambio climático: las turberas, formados durante miles de años a partir de árboles, pasto y maleza en descomposición, ha convertido a Indonesia en el tercer emisor de gases de efecto invernadero del mundo, sólo detrás de China y de los Estados Unidos.
La destrucción de los pantanos para su uso agrícola (al igual que tantos otros ecosistemas) es sin duda un negocio rentable. La gran pregunta es cómo hacer que la preservación de la naturaleza sea algo lucrativo, también. El comercio de carbono fue ideado para justamente eso, al permitir que los países en desarrollo redujeran sus emisiones al vender créditos de carbono. Pero este, y otros incentivos puestos en marcha desde la conferencia de Naciones Unidas de Kioto en 1997, no han servido para proteger las turberas de Indonesia. Además, varios grupos ecologistas, como Greenpeace, lo critican.